¿Me enamoré del hombre equivocado?
Todos en mi familia piden su deseo navideño cada año, ¡todos! Y curiosamente siempre reciben lo que pidieron y viven felices sus sueños entre guirnaldas y muérdago.
Todos son felices en las fiestas navideñas. Todos …Excepto una…Yo.
He pedido el mismo deseo por cinco años, el mismo deseo una y otra vez. Creo que allá arriba deben estar cansados de escucharme repetir la misma petición año tras año.
En esos cuatro años vi casarse a mi hermana menor, a mi hermana mayor, a mi prima, y a mi mejor amiga. En dos de esas bodas fui la madrina o en las otras dos la dama de honor.
En cada una de las bodas yo quería ser quién se quedara con el ramo de la novia, así que me las ingeniaba para quitar la competencia, pero aun así era otra quien se quedaba con el ramo de la novia.
Pero en la boda de mi mejor amiga se dió el milagro, por fin el ramon era mío, aunque para conseguirlo me lesioné la muñeca derecha al caer al piso sobre una de las madrinas de la boda, ante la mirada de todos los invitados.
Hice el ridículo lo sé, pero por fin el ramo de la novia era mío.
¿Y qué conseguí con eso? Les diré… Conseguí una cena romántica en un lindo restaurante y un anillo de compromiso.
Se podría decir que mi sueño de convertirme en esposa estaba a la vuelta de la esquina….
Sí; eso me dije a mí misma por tres largos años, hasta que mi hermano menor se casó con su novia de preparatoria antes de irse a la universidad en Pensilvania.
Esa fue la gota que derramó el vaso se mi paciencia, o debería decir, mi impaciencia.
La cuestión fue qué harta de escuchar a Rick decirme: Tranquila nena, vamos a casarnos un día te lo prometo… Nuestra relación está bien como está, solo relájate y disfruta lo que tenemos cariño…
¿Relajarme? ¿Qué le pasa a Rick? Nos conocemos hace ocho años, salimos cómo amigos con derecho por un año, después nos hicimos novios oficiales, luego de mis constantes indirectas, que no eran tan indirectas por cierto…
¡Por fin se dió cuenta que yo quería llevar nuestra relación al siguiente nivel! Y después de hacer el ridículo cayendo al piso con el ramo de novia de mi prima en las manos, él me pidió matrimonio.
¡Estaba tan feliz, que se lo conté a todos mis seguidores de las r************* ! Pensé en que en un par de meses como lo hicieron mis hermanas, yo estaría desfilando hasta el altar con un precioso vestido de novia, tan blanco que las mismas nubes se sentirían celosas.
Pero los días pasaron, las semanas también y los meses se fueron acumulando en mi calendario de espera.
Y cada vez que discutía con Rick, volvíamos al mismo restaurante y me hacía la misma promesa…Una promesa sin fecha de expiración.
Y me cansé de esperar … Me cansé de ser la eterna prometida y nunca la esposa, así que rompí con Rick el 24 de diciembre y como regalo de navidad el 25 de diciembre decidí volar a Nápoles.
Y aunque no me lo crean lo que voy a decirles, no volé sola, conseguí a un chico muy guapo en una página de citas por internet, quería que Rick me dejara en paz y le hice creer que lo había dejado por el sexi italiano de nombre, Paolo.
La verdad era qué ni siquiera conocía personalmente a ese tal Paolo. Él trabajaba ofreciendo sus servicios como acompañante, sin sexo sin nada, algo aburrido dirán, y tal vez así lo era, pero yo no quería un romance, solo algo de tranquilidad y diversión.
Quería olvidar a Rick y todas sus promesas.
Yo contraté a Paolo como mi guía por Nápoles durante cinco días, con el dinero que yo le pagaría, Paolo lo usaría para irse con su novia a Sicilia, para pasar el fin e inicio de año con la familia de Paolo.
Y yo recibiría el año 2025 en una hermosa villa napolitana. Sola…
Al menos ese era mi plan original. Pero algo cambió… Déjenme contarles lo que pasó.
El 24 de diciembre yo me puse un abrigo de lana, ¡uno horrible por cierto! Rick tenía un pésimo gusto para la ropa.
Yo siempre era la que elegía su guardarropa, si elogiaban lo que Rick traía puesto, era por mí gusto por el buen vestir.
Siempre odié que nunca me diera el crédito por cómo lucía, que hiciera alguna mención sobre cómo le elegí su corbata, pero Rick solo se pavoneaba ante sus compañeros de trabajo sintiéndose un galán de cine, mientras yo caminaba detrás de él como una tonta, sonriendo y siendo ignorada por él.
Durante años me quedé callada, Rick era mi jefe y vivíamos juntos, pensé que eso era suficiente, él me había escogido a mí por encima de las otras mujeres que le coqueteaban, pensé que era muy afortunada.
Pero después de años de esperar a que un día fijara la fecha de nuestra boda, me dí cuenta de qué lo que sentía por él se estaba apagando.
Rick le había echado hielo al fuego de mi amor por él, la pasión que nos había unido se volvió tibia, y aveces fría como la nieve que caía fuera de nuestro apartamento.
Un día que él miraba la televisión y maldecía a los jugadores de su equipo por perder la temporada, caminé hasta nuestra habitación y me mire al espejo y me dije a mí misma: Adele; ¡Te estás haciendo vieja!
¡Mírate! Te ves cansada y has subido de peso. Tus hermanas tienen maridos e hijos… ¿Y tú qué tienes?
Esa pregunta me laceró la mente y el corazón. Yo solo tenía una promesa que con el paso de los años ya no tenía el mismo valor ni el mismo significado.
Rick me era fiel, al menos con su cuerpo, porque no podía decir lo mismo de sus ojos.
Creo que soportar su desfachatez y callar mis celos y disgustos fue desgastando mis sentimientos por Rick, empecé a reprocharme no haber escuchado a mi hermana mayor cuando me dijo: Adele… No te mudes con Rick…
Me tomó de la mano y se sentó a mi lado en la cama y me dijo seriamente: Adele, una vez que Rick. te tenga bajo su techo perderá el interés de poseerte y se enfriará sus sentimientos por ti o los tuyos por él…
Además Adele, él es tu jefe y si eso ya es algo complicado para su relación, el hecho de pasar las 24 horas del día juntos sin estar casados puede complicar más las cosas entre ustedes…
Deja que Rick desespere un poco, que sienta la necesidad de tenerte en su vida… ¡No le pongas las cosas tan fáciles!
Si yo hubiera tenido más sentido común la habría escuchado y seguido el consejo de mi hermana mayor, pero … No solo le puse las cosas fáciles a Rick sino que acepté irme a vivir con él la primera vez que me lo pidió.
Rick no tuvo que rogarme, suplicarme o perseguirme para que aceptara estar con él, yo fui una presa fácil para él.
Creo que ese fue mi primer error. Porque hubieron más.
Al ser mi jefe Rick no tomaba muy en serio mis propuestas para mejorar la publicidad de la compañía, cada vez que yo planteaba unan idea el decía: Claro cariño…
Luego se volvía hacía otro de los publicistas y le daba un par de instrucciones y después que terminaba le decía: Ah, y Adele va a ayudarte en la campaña…
¡Las ideas eran mías! Yo debía estar al frente de la campaña, pero Rick le daba mis ideas al otro publicista como si fueran suyas y yo me quedaba atrás, como ayudante.
Luego para calmar mi enojo me regalaba dulces y me llevaba a cenar. Al principio aquello fue bonito, y tontamente empecé a desaparecer detrás de otros publicistas.
Yo era la genio, escondida en una lámpara.
Durante años otros ganaron reconocimientos con mis ideas y yo solo recibía un beso de mi jefe, nunca un… ¡Gracias por tus ideas maravillosas Adele, por tus ideas ganamos mucho dinero!
Los aplausos eran para otros, no para mí.
Un día Rick tuvo que hacer un viaje a casa de su abuelo que estaba muy delicado de salud, yo lo vi tan angustiado por su abuelo que al llegar al departamento preparé su maleta y la mía, pensando que me llevaría con él para darle aliento.
Pero, al ver mi maleta preparada me dijo: Iré solo cariño, es mi abuelo y me necesita a mí, tú solo me distraerías…
Luego supe que llevó con él a uno de sus amigos, lo llevó a él mientras que a mí solo me dió un beso en la frente y me dejó una tarjeta de crédito.
¿Saben que fue lo que hice? ¡Me fui de compras! Gasté cada centavo de esa tarjeta y un poco más.
Fue en esa semana donde conocí a una mujer dueña de un bello restaurante que se veía preocupada por que las ventas habían bajado, no llegaban muchos clientes a pesar de que su comida era muy buena.
Así que le dí una asesoría gratuita. Esa tarde me gané una amiga, ella me recomendó a un amigo suyo y ese amigo a otro y ese otro a otro y en secreto inicié mi propio negocio.
Yo brindaba mis servicios profesionales por Internet, y mi querido prometido que pasaba ocupado en sus asuntos ni siquiera se daba cuenta de qué mi cuenta bancaria iba creciendo generosamente.
Creo que ese fue el principio del declive en nuestra relación. Rick seguía usando mis ideas sin darme crédito, pero ya no me molestaba que lo hiciera.
Eso hizo pensar a Rick que yo dependía de él por completo, era mi jefe, por ende yo vivía de lo que él me pagaba.
Vivía en su departamento y él pagaba todos los gastos de la casa, y la gasolina de mi vehículo. Él era mi centro.
Yo creí lo mismo por mucho tiempo, lo que decía Rick eso era una ley para mí, él creía que yo era demasiado predecible y trasparente.
Sin secretos… Al menos eso creía él.
¿Saben lo difícil que puede ser guardar un secreto de la persona que vive bajo tu mismo techo? Pues… ¡Es agotador! Pero divertido.
Yo tenía reconocimiento y halagos de desconocidos, mientras que mi prometido se sentía superior cómodo en su posición de sentirme segura y sumisa a él.
Ese es un terrible error. Nunca debes sentirte seguro por completo de algo, y menos de alguien, porque podría sorprenderte.
Yo amaba mucho Rick, o talvez eso creía, llevábamos años juntos, la costumbre de noches de pasión y películas de horror que yo detestaba pero Rick amaba, se fueron volviendo sosas.
Ya no me asustaban las películas de horror, ya no me apetecían las palomitas ni el helado, el departamento se estaba volviendo más pequeño cada vez en mi imaginación.
Así que pensé: Es hora de mudarnos, pero no como amantes, quiero ser la esposa de Rick…
Y esa noche me vestí super sensual y espere a mi prometido con la intención de seducirlo y conseguir la fecha de la boda.
Pero esa noche no llego a dormir sino hasta las dos de la mañana, se había quedado en la oficina haciendo el inventario y sacando cuentas con el contador de la empresa.
Llego muerto del cansancio quedándose dormido en el sofá de la sala. Yo me quedé con ganas y con una terrible desilusión.
Me senté a contemplarlo dormir, preguntándome: ¿Esto es lo que quiero vivir el resto de mi vida?
Rick ama su trabajo, su pasión es su empresa, su vida gira alrededor de su empresa… ¿Y dónde quedo yo en su vida?
Lo miré roncar y sentí que no tenía lugar en su vida, y que a pesar de que lo quería, él ya no era mi sol, ni mi centro. Rick ya no significaba lo mismo para mí.