Dos días después de reencontrarse en Florencia y de quedarse en un hermoso resort en la Toscana, era momento de regresar a la realidad. Esa no era la vida que tendrían. No huirían de sus problemas, ni se esfumarían por obviarlos. Por eso esa mañana, mientras desayunaban en la terraza que daba justo a las colinas, Adkik miró lo perfecta que era Shaindel. A pesar de ser una mujer que lucía como una muñeca, era una diosa en la cama. Shaindel comía la fruta mientras veía afuera, sin percatarse que Adkik la miraba con un vaso de jugo acercándose a sus labios. Shaindel masticó el kiwi y lo miró de soslayo. Adkik era extraño, muchísimo, pero fue la persona que ella eligió para quedarse a su lado en la guerra. Adkik era inteligente, apuesto, sexy y más persuasivo que sus hermanos. En su historia

