—Mamá, de verdad, estoy bien.—resopló Jordan, mientras su madre le acomodaba la almohada por detrás de la espalda como si él no pudiera hacerlo por si solo. Le dio un casto beso en la frente y le sonrió, risueña. —Sólo procuro que te sientas cómodo, hijo. —Lo estoy, mamá.— dijo él, con voz somnolienta y tratando de ser convincente para que lo dejara en paz. Marina se apartó y suspiró, aliviada. —Creo que ustedes dos tienen que decirme qué pasó allá afuera.—les dijo ella, mirando primero a Alma y luego a su hijo. Alma se removió incomoda en el lugar, mordiendo su labio inferior. —Es un tema personal de nosotros, Marina.—decidió responder Alma, viendo que Jordan no iba a contestarle. Ella se llevó una mano al pecho, y abrió la boca, pensando de golpe. —¿Ustedes dos están de novios?

