—Te noto distraída ¿estás intentando que te echen de la escuela? Porque si continuas así, lo vas a lograr. Te saltas las clases e incluso faltas. Debes parar con esa actitud, Alma.—la regañó Valeria, mientras tomaba su jugo de limón en el recreo. —No me he sentido muy bien en estos días.—confesó, mientras miraba su bolsa de patatas fritas y se llevaba un par a la boca. —Lo he notado. Estás distante, fría y ya no reconozco a mi mejor amiga. Las palabras de Valeria la hicieron sentir culpable y triste. —Perdóname. Val le sonrió con melancolía y la abrazó colocando un brazo por detrás de sus hombros. —¡Hey, Matias está moliendo a golpes a Lucas en clase de gimnasia!—gritó un chico en el medio del patio. Alma y Valeria saltaron del banco y corrieron en dirección al gran campo en donde r

