CAPÍTULO 23

844 Palabras

Alma bajó por las escaleras, con paso firme y con una mirada seria, que transmitía seguridad y arrogancia a la vez. Vio a Tom y a su madre, sentados y charlando en susurros. Ella se aclaró la garganta para que se percataran de su presencia. Les sonrió amable, pero esa sonrisa se desvaneció rápidamente, ya que era falsa. —Thomas, aléjate de ella.—carraspeó la chica, al final de las escaleras. Él la miró con el entrecejo fruncido, algo atónito. —¿No te parece extraño que ella tenga treinta y ocho años? Es decir, ella murió el mismo día que Alia y tendría que tener la edad de Alma si mis cálculos no fallan. Tom se levantó de un salto, dándole la razón a ella al instante con esa reacción suya. La mujer sonrió detrás de su taza de café, como si todo aquello le resultara chistoso. —¿De qué

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