XXX

654 Palabras

Dilruba: No había dudado ni un solo segundo sobre lo que haría, sin importarme nada, me había interpuesto entre la espada y Arsen, el dolor había sido agudo, incluso había sentido como entraba y traspasaba mi pecho, y como si no fuese yo, había tardado en comprender lo que había ocurrido. Había caído hacia adelante, él me había sostenido suave, ya no sentía la espada, podía verlo llorar, negaba, no quería verlo así. - ¿Por qué? –pregunta con desesperación mientras acaricia mi rostro, intenta cerrar mi herida, pero si lo que había oído era cierto, sólo un Dios podía matar a otro Dios, y no había marcha atrás. - Te amo Ar –mi voz temblaba, las lágrimas salían sin parar–, y esta era la única manera –sentía mis ojos pesados–, lamento romper mi promesa –comenzaba a sentir mucho frío, alzo m

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