IX

1209 Palabras
Dilruba: Tras regalar el desayuno a unas personas de la calle, procedo a volver al despacho y explicar lo que ocurrió, ellos me permiten ir a mi casa para poder cambiarme, al inicio se habían asustado al ver la sangre en mi falda, y aún más cuando les dije que era de Luu. Muchos de ellos pidieron permiso para llamar a su esposo y preguntar por su estado, el jefe nos dio una hora más de receso, así que iba de vuelta tras llamarle a mi madre y explicarle la situación, no quería que pensara que la sangre era mía y le diera un ataque. Cuando llegue a casa, me esperaba un baño caliente, ropa limpia, mi pequeño encima como todo buen gato travieso y un pequeño desayuno. Tras bañarme, jugar un rato con Kerar y vestirme, bajo a desayunar. Kerar bajaba las escaleras arrastrándose, parecía divertirse mucho, aunque a mí me preocupaba que no pudiese caminar bien y que se lastimara, ¿podría curarle? Esa pregunta asalta mi mente mientras comía, en la tarde cuando volviese, lo intentaría, quizás también funcionaba en animales. Tras terminar de desayunar, guardo mi comida para la tarde, me despido de mi madre con un beso en la mejilla, y beso la cabeza de Kerar, el cual se queja por rascarle la panza; y salgo. Me monto en el primer bus que pasa y suspiro, sí que había sido un día movidito. Mientras miro por la ventana, la imagen del chico del restaurante me invade, por alguna razón, ese color se me hacía conocido, era una sensación extraña, lo había sentido dos veces. El autobús frena de golpe lanzándome hacia adelante, chillo por la sorpresa y me quejo por el golpe que me he dado contra la ventana. Abro un poco la ventana y veo que hay varios autos chocados, entonces escucho los gritos de ayuda, y también los pensamientos, esos eran más claros, como si estuviesen en mi cabeza. Era una mujer mayor, pedía ayuda para sus nietos, unos gemelos de no más de un año, estaban atrapados en la parte de atrás, entre una camioneta y un camión de mudanza, la mujer suplicaba, rogaba y gritaba por ayuda, incluso no se alejaba del lugar, algo que podría ser peligroso. Me levanto del asiento y me bajo con rapidez, no sabía si hacer las cosas así me expondría de algún modo pero, no podía permitir que dos vidas fueran arrancadas de esa manera. Me abro paso entre los policías que acordonan el lugar, entonces lo siento y lo veo, como mi cuerpo atraviesa el metal, sólo el ruido exterior me hace darme cuenta que no es un sueño. Llego a los pequeños, estaban inconscientes pero sus manos estaban entrelazadas. - Tranquilos pequeños, todo va a estar bien –susurro mientras los abrazo, por la abuela sabía que habían perdido a su madre tras nacer, su padre les había abandonado y eran todo lo que le quedaba en este mundo a esa mujer, por eso no podía dejarles ahí. ¿La persona que me ayudó habría pensado lo mismo de mí madre? Escucho otro impacto y más gritos, escucho órdenes de alejarse de ahí y entonces, algo explota con fuerza. Por los gritos sé que el camión de mudanza traía un pequeño tanque de gasolina, ¿por qué traerían algo tan peligroso? Los gritos se vuelven insoportables, me concentro en sanar a los pequeños y protegerlos de todo daño, al abrazarlos me sentía en paz, podía escuchar el latir suave de sus corazones, a pesar de todo el desastre, sonrío. No sé cuánto tiempo pasa hasta que escucho la sirena de una ambulancia y agua que salpica por todos lados. - Ya casi, de prisa –escucho gritar a un hombre, puedo oír como cortan e intentan quitar los metales. - Aquí están –escucho que grita otro hombre–. Por los Dioses –dice al ver que los pequeños están en perfecto estado–, paramédicos, rápido –grita, dejo de abrazarlos y me muevo para que puedan tomarlos, podía ver la cara de sorpresa al ver que estaban ilesos. - Gracias Dios, gracias –podía escuchar a la mujer decir entre lágrimas. - De verdad creo que ha sido un Dios que los ha cuidado y protegido –comienzo a alejarme, podía sentir la paz invadirme y una especie de felicidad al saber que había ayudado a dos pequeñas vidas, además de no dejar a una abuela sin su razón de ser. El inconveniente ahora, será explicarle a mi jefe porque llego tarde, y que no crea que soy un imán para los accidentes, aunque quizás es que debía estar en esos lugares, ¿podría ser que, de ahora en adelante me encuentre con situaciones similares? A ver si no terminaban por despedirme. Arsen: - Mi señor –escucho decir a Nasuh mientras reviso algunos archivos nuevos. - ¿Qué ocurre?, ¿hay algún problema con las almas que fuiste a recolectar? –frunzo el ceño, hacía poco había ocurrido, una pequeña con cáncer terminal, en su archivo venía la fecha y hora de muerte, pero había cambiado un día antes, ahora marcaba que moriría ochenta años después. - Sí mi señor, no había almas, cuando llegue, los pequeños estaban a salvo y, en su expediente aparece que vivirán otros sesenta o setenta años más –eso me hace girar para verlo. - ¿Qué demonios pasa?, ¡¿quién demonios está jugando así conmigo?! –grito exasperado–. ¿Acaso eres tú, Atum? –pregunto frunciendo el ceño. - ¿Quiere que investigue si algún Dios está inmiscuido, mi señor? –me mira preocupado, lo de la niña podría haber pasado como algo extraño, pero en esta ocasión, no, algo estaba ocurriendo y debía saber que ocurría. - Sí, mantenme informado de cualquier cosa –digo serio–, adelante –suspiro y la puerta se abre. - Mi señor –dice un recolector, traía en la mano un pergamino, me pongo derecho, desde mi posición podía ver el sello que portaba–. Nuestro gran creador, Atum, le envía esto, me ha pedido que se tome la molestia de asistir esta vez, y que no envíe al señor Nasuh en su lugar –dice en tono cortes, ruedo los ojos y sonrío, al menos lo había intentado. - Gracias –se acerca y lo tomo con cuidado–, ¿ya es temporada de cambio? –pregunto extrañado, tras lo ocurrido con Scarlett, el tiempo me había parecido de lo más lento. - Así es mi señor –dice el recolector antes de irse, suspiro y abro el pergamino, comienzo a leer. Queridos dioses y diosas, es grato comunicarme con ustedes a través de... comienzo a pasar rápido la información, y casi siempre era lo mismo, una atenta invitación y palabras adornadas para motivarnos a asistir... Es un placer anunciarles la integración de un nuevo Dios, espero puedan asistir para presentarla de manera correcta. Queda de ustedes, Atum. Eso último me toma por sorpresa, ¿un Dios nuevo?, ¿podría ser el causante de la pérdida de las almas? Bien, esta vez asistiría, dicen que la curiosidad mató al gato, veamos que tanto daño puede hacerme.
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