Capítulo 11. Peque.

1000 Palabras
ASTERIA RENDOR GLESH Hubo un silencio en el transcurso del camino, después de aquella conversación. No había vuelto a mirar a mi padre fijamente, solo a la mitad, no obstante, algo muy dentro de mí me decía que este estaba sumamente perdido en sus pensamientos, tanto que aquello que rodeaba su presencia era inexistente, solo se dedicaba a observar aquel camino solitario y vacío, era así cómo si reflejaba lo que sentía su corazón, entonces voltee, ahora sí a observarlo tan fijo y no de reojo, pero antes de que yo pudiera dedicarle unas palabras musito con su bella voz la llegada a nuestro destino. —Llegamos. —Dijo, sin quitar la vista del camino. Rápidamente direccioné la vista hacia delante y pude divisar aquella hermosa entrada de la mansión Alarcón; un gran portón n***o en forma de enredaderas, una fuente de cascada al centro, colocado especialmente frente a la puerta principal, el suelo cubierto de azulejos estilo Modular Deck Tile y la puerta principal lucia como dicha frase "encanto del vidrio" compuesta por planos acristalados de aspecto ligero y vanguardista acompañado de una puerta negra que la hacía lucir. Papá bajó del vehículo y se dirigió a abrirme la puerta, de ese modo me tomó de la mano y enseguida cuando nos acercamos a la entrada se encamino un sirviente de la familia Alarcón a recibirnos; este de inmediato nos dirigió a la sala principal donde ya se encontraba la señora Rousse. —Bienvenido Joseph —Recibió la Señora Rousse con amabilidad y añadió—, no sabía que traerías una hermosa acompañante. —Hola Señora Rousse —Salude con total calidez—, es un gusto volver a verla. —Ay Dios mío eres una ternura —Musito la Sra. Rousse sin poder contenerse, pues esta de inmediato puso sus manos para estrujar con suavidad mis pómulos y de ese modo al instante los soltó—, bueno creo que me toca cuidarte. —Hace una pausa y dirige su mirada a mi padre— Mi esposo te espera en el estudio sabes el camino, ¿verdad? —Por supuesto —Le contestó y enseguida menciono para mí—, estaré ocupado por un largo rato, no le causes problemas a la señora Rousse, ella cuidara bien de ti. —Sí papá. Papá de inmediato se dirigió a paso rápido al estudio del Sr. Santher, dejándome atrás con la Sra. Rousse, mientras que ella me llevaba de la mano hacia su hermoso jardín. Aquel Jardín de aspecto inglés rodeada de rosales de diversos colores, flores como buganvilla, hortensias, claveles, margaritas, entre otras. —Dime Asteria ¿por qué no vino tu madre? —Al parecer está cansada, por eso no pudo venir —Contesté algo deprimida y continue mirando hacia sus rosas—, señora Rousse qué hermoso jardín tiene, está lleno de flores y rosas de muchos colores y su aroma es muy agradable. — ¡Claro! es cierto, ¿te gusta alguna en particular? Al no recibir una respuesta rápida me observó, pues me encontraba perdida en la naturaleza; esta ante mis ojos relucía como el paraíso, era evidente mi fascinación por lo natural y los aromas que procedían de este lugar tan fresco. —Me gustan las rosas rojas, son mis favoritas. —Bueno, entonces cuando se retiren te regalare algunas. —Comento y enseguida preguntó— ¿Ya has comido? —No, aún no. —Bueno vamos al comedor, —La Sra. Rousse tomo de mi mano y me encaminó hacia allá— ¿qué te gustaría comer? —Lo que usted guste señora Rousse. —Si no me equivoco, te gustan mucho los mariscos ¿cierto? — ¿Cómo sabe usted eso? —Conteste sorprendida. —Es un secreto, pero te lo contaré porque está persona me perdonará si lo delató. Me lo dijo Haku, al parecer sabe demasiado de ti. —No me lo esperaba. —Contesté con confusión. —Mmm tal vez es porque siempre se la pasa cuidándote a ti y a Daren en las reuniones. —Ya veo. —Reaccioné algo anonadada. —Llegamos, toma asiento, voy a pedir que hagan la comida. —Menciono la Sra. Rousse mientras me ayudaba a sentarme. Enseguida Rousse ve a su sirviente de nombre Jonás de toda su confianza, ya era una persona que se me hacía muy familiar por estos rumbos, así que le da unas cuantas indicaciones, las cuales demandan que vaya por Haku a su habitación. HAKU ALARCÓN STONE Puedo distinguir el sonido de unos pasos por el pasillo, sé que es Jonás, al mirar que deje la puerta de la habitación abierta me observa, sabe que esta interrumpiendo mi hora de estudio, sin embargo, eso no lo detiene para desconcentrarme, así que toca la puerta para captar mi entera atención. —Joven, su madre pide su asistencia en el comedor, debido a que hay visitas. —Entiendo, ya bajo. Cuando me direcciono hacia el comedor en donde se encuentra mi madre sentada sola, disntigo un plato más en la mesa. —Te tardaste en bajar, toma asiento. — ¿Y papá y el Señor Joseph? ¿No comerán? —Ellos comerán después, por el momento solo comeremos Asteria, tú y yo. —A- asteria, —Tartamudee sorprendido y confuso— ¿y dónde está? —Fue a lavarse las manos, no debe tardar. Enseguida llega Asteria y mira a su alrededor, entonces logra divisarme en su radar, la peque se me acerca y saluda hermosamente. Es la niña más adorable que he tratado, pero también la más complicada para mi etapa. — Hola Haku. Me levanto de mi asiento y le sonrió regalándole una palmadita tenue en su pequeña cabecita, me acerco a su oído y le saludo en un susurro. — Hola peque. Enseguida la ayudo a acomodarse en su asiento, una vez acomodada tomo asiento justamente a su lado; un lado que debo ocupar en el futuro. —Perdonen por la tardanza. — No fue nada.
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