En esencia, después de aquella noche, el príncipe partió a la zona norte, a la ciudad Chemin. Seis días de viaje a caballo llevaban al núcleo urbano de exportación más grande del país de Eclantan. Sin despedirse de su hermano, el segundo al trono observo desde la distancia la salida de su familiar. Junto a él, la hermosa mujer de tierras extranjeras anhelo y deseo en su corazón el buen viaje y pronto regreso del hombre de cabello azabache.
En su marcha salieron a su encuentro el grupo de soldados reales que lo acompañarían en la misión, también algunos funcionarios del gobierno que seguían de su parte fueron a despedirlo. Con un cuerpo selecto de treinta caballeros, además de Alexander el consejero real de estrategia militar y su confidente y guardaespaldas personal Ray lo siguieron.
El grupo de campaña se decidió a escogerse pequeño para no despertar, ni llamar demasiado la atención de los ciudadanos y los bandidos. Además, el rey mismo prohibió la salida de demasiados soldados de la capital con la excusa que esto debilitaría las fuerzas de defensa y las dejaría atenuadas para cualquier emergencia que pudiera ocurrir.
En el carruaje, de aspecto poco atrayente, un joven apuesto dormía plácidamente, manteniendo una postura noble y erguida, solo su cabeza se observaba levemente inclinada hacia al lado derecho. Manteniendo la dignidad del príncipe heredero no roncaba y aunque dormía, su cuerpo parecía estar siempre alerta, pues ante el menor de los sacudonazos y del más pequeño de los ruidos, sus claras pestañas se levantaban en vigilancia. Era la noche oscura y profunda del primer día de viaje. Dentro del vehículo Alexander y Ray lo acompañaban. Y por cada lado, además de frente y a espaldas, el grupo de guardias los custodiaban.
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Día de la llegada a ciudad Chemin.
Al cabo de diez días el grupo de excursión llego finalmente a la ciudad. El viaje que supondría aproximadamente una semana se extendió cuatro veces más, esto debido al mal estado de las carreteras. Conforme atravesaban el duro camino que requirió muchas veces que todos se bajaran, guiaran y empujaran las bestias, Richard fue testigo en piel propia del terrible y descuidado estado de las vías. Elemento que en los informes de los funcionarios jamás había sido mencionado.
Tal era la gravedad de la calzada que infirió que debía haber estado así por años. Pero que los nobles y distinguidos no podían conocer, ya que con frecuencia estos mandaban a sus sirvientes a la zona norte a realizar sus mandados, otros tal vez descubrieron el estado terrible, pero decidieron ocultarlo y mantenerlo en secreto para solo mencionarlo cuando estuviera completamente destrozado y de esta manera escatimar esfuerzos. Y es que esta situación no supondría ningún riesgo o percance más que para los ciudadanos de la zona norte. Porque en cuanto a la exportación, los comerciantes nacionales e internacionales tenían otra ruta especial para cargas pesadas.
—Jamás imaginé que ingresar a la ciudad sería ya un paso difícil.
Manifiesto el futuro monarca, mientras observaba por la ventana del carruaje el letrero de bienvenida que colgaba de dos altos y gruesos muros en forma de arco.
Alexander rio gozoso;
—Pff jajajá. Mi señor, cada vez que se ingresa a una ciudad, se entra a un nuevo mundo, a una nueva realidad. Aunque estas pertenecen a un mismo país y este sea exteriormente rico y majestuoso por fuera, todo cambia cuando tú mismo te sumerges en el escenario que solo conociste a través de historias o que solo visitaste una vez de lejos
Richard entendió perfectamente la indirecta que el asesor arrojo, Pero era por la misma personalidad descarada y sincera que valoraba a este sujeto y por el cual trato hacerlo parte de sus aliados, aún desconocía si este hombre sentando a su lado pertenecía completamente a su bando, pero tenía la seguridad de que una vez fuera capaz de convencerlo en plenitud, sería no solo uno más de sus aliados, sino que ganaría a alguien verdaderamente leal y con él a toda su poderosa familia.
Un grupo de hombres completamente embarrados en lodo con sus carruajes y bestias y un enorme equipaje ingreso a la ciudad, a primera vista parecían forasteros que venían de alguna ciudad o pueblo aledaño. Las miradas de los ciudadanos era hostil y desfavorable, y esto lo percibieron desde los soldados hasta los tres hombres que se hallaban dentro del vehículo.
Atravesando la calle principal y avanzando un poco más llegaron a una de las mansiones más grandes y lujosas de la ciudad, el lugar que los recibiría y sería su hospedaje durante su estancia en la conocida zona norte.
Una enorme puerta de metal se abrió tan pronto como el grupo de excursión se posicionó en la residencia. Primeramente, ingreso la calesa del príncipe heredero, detrás de ellos fueron entrando los demás acompañantes.
Una alfombra roja se arrojó, el próximo soberano que estaba bajando se impresionó y le pareció tal situación exagerada, las botas enlodadas en barro espeso se hicieron sonar al pisar la suave tela. Ray quien también consideraba esta acción un poco fuera de lugar, aunque quisieran mostrar respeto, frunció su seño, pero no dijo nada, por último salió el asesor militar suspirando, pues conocía de quién venían tales acciones.
Dos sujetos de buen aspecto y alegres salieron de la mansión y dieron la bienvenida entusiasmados.
—Le damos la bienvenida, su majestad, el príncipe heredero, a esta humilde morada
Exclamo uno de los individuos mientras el otro muchacho que lo seguían los criados y mayordomos expuso.
—¿Deberíamos celebrar un banquete o tal vez una fiesta estaría bien? Queremos festejar vuestra agradable visita a la ciudad.
Alexander rascándose bruscamente la cabeza grito
—¡Callaos de una vez! ¿Diez días de viaje, cansancio y un aspecto terrible y ustedes consideran que estamos en óptimas condiciones para celebrar? ¿Creen que el príncipe ha sido enviado a este lugar a jugar con ustedes? ¡Sinvergüenzas!
Alexander, militar activo de elite, asesor militar de la nación de eclantant, con fuerte influencia y poder en la nación, de cincuenta años, de aspecto corpulento, musculoso y con una orgullosa barba blanca, tenía dos hijos mellizos. Sus mayores dolores de cabeza siempre estaban relacionados con estos dos que, aunque se ocupaban de cargos de administración y supervisión de los bienes y finanzas municipales de la ciudad de Chemin, son conocidos en la metrópolis por su estilo de vida lleno de libertinaje, bares, fiestas, mujeres, son los fuertes imanes de estos muchachos que rondan los treinta años.
Hasta el día de hoy, el militar se arrepiente de no haber pasado tiempo suficiente en casa para educar a estos bribones que desde niños fueron todo un problema para su difunta madre.
… Continuara…