- Pero bueno chama, ni lavas ni prestas la batea – me dice Adriana y me rio – no te lo quieres comer pero tampoco quieres dejar que nos lo comamos nosotras. - ¡Chacha golosa! – Le replico y Blanca se ríe – no es eso Adri, en serio, entiéndeme. Santiago es mi jefe y me está ayudando, no me voy a prestar para esas cosas. Para empezar ustedes saben que yo nunca he sido así, y para terminar, no… eso me da pena. En ese justo momento alguien abre la puerta y entonces veo a Alberto entrar a la casa. Él me ve sorprendido porque no le dije que regresaba hoy. De hecho no le dije a nadie. Entonces corro a abrazarlo muy feliz y luego de un minuto abrazados me vuelvo y beso sus labios algo desesperada. Hacía mucho que no lo veía. Estar en sus brazos se sentía exactamente como estar en casa. Después

