Ese golpe contra mi cráneo me envió a una pesadilla de la cual desperté para encontrar una realidad infinitamente peor. No podía recordar los detalles, pero sabía que el saqueo de Elgin y el sacrificio en el páramo de Garnish estaban incluidos, aunque palidecieron hasta ser completamente insignificantes cuando recobré la consciencia. Al principio no sabía en dónde estaba o qué estaba haciendo y supe que las cosas andaban mal, pero de a poco lo entendí y casi grito por el miedo. Estaba colgado de cabeza, encadenado en los tobillos y muñecas en una oscuridad infernal, y rodeado de extraños susurros. —¿En dónde estoy?— Pregunté, intentando enderezarme contra el agarre del hierro. —De vuelta en casa, Ill Will—. La voz era dulce como la miel cayendo de los colmillos de una víbora, excepto

