—Tampoco tú—, le respondí. Podía sentir la combinación de las fuerzas elementales fluyendo en mi interior pero también estaba consciente de la respuesta de Alistair. La lujuria, la avaricia, la ira, el odio y los celos lo atravesaban. Sabía que habíamos llegado a un callejón sin salida; no podía haber un vencedor y este combate constante era más apropiado para la maldad que para la bondad. —Podemos pelear por siempre—, dije y lo ataqué mientras pensaba en una respuesta. —Fergus—, la voz infantil sonaba diminuta y cansada, como si estuviese sufriendo mucho dolor. —No puedes pelear por siempre. No te beneficiará nada; pregúntale lo que más desea. Fergus—No puedes pelear por siempre. No te beneficiará nada; pregúntale lo que más desea.—¿Por qué?— Dije esa frase en voz alta y Alistair rió.

