VI La familia Lennox daba la bienvenida al segundo heredero, que al igual que su hermosa madre tenía la cabecita llena de rizos negros. Sus ojos por ahora grises, se veían enojados y lloraba a más no poder, haciendo que enfermeras y doctores se enternecieran con la criatura. Para el hermano mayor era solo una cosa parecida a un juguete, pero con que el irónicamente no se podía jugar. La familia estaba feliz y completa, pero a los 6 meses que ese nene llegara al mundo, el candor de una madre se perdía para siempre. Ella, la de ojos de selva, se iba de repente de un paro al corazón que nadie vio venir, ni siquiera sospechar. El bebé se quedó con el padre y el hermano, y fue criado por las nanas que, aunque lo intentaron todo, no pudieron reemplazar a su joven ama. El pequeñito al que su ma

