PARTE UNO
Thomas
Estoy dispuesto a arriesgarlo todo por ella. Porque para mí los “aunque” no tienen significado. Amar nunca se trató de esperar algo a cambio, y la amaré con todo lo que soy.
LA VERDAD QUE VEIAMOS
—Has sanado increíblemente rápido. Mañana ya la herida habrá cerrado por completo. —Me dijo Delsy, anotando en una vieja libreta de cuero.
Me abroché los botones de la camisa negra con lentitud. No era que me doliera el esfuerzo, pero estaba tan agotado físicamente que los ojos se me entrecerraban del sueño y mis músculos apenas si podían corresponderme. Mi cansancio era notorio y Delsy, el médico –aunque el prefiera decirse a sí mismo, experto medicinal-, que me atendía a mí y a Linn, me echo una penetrante mirada, analizándome cuidadosamente. Le correspondí la atención al instante que coloco sus ojerosos y arrugados ojos en mí, y deje caer sin fuerza mis manos a los lados de la cama.
—Ella despertara pronto. —Me dijo tras el largo silencio.
Corrí la mirada cuando sostenerla se me hizo doloroso. Tuve un tirón en el pecho y la garganta se me cerró en un doble nudo. Ella llevaba inconsciente dos semanas, su herida seguía abierta y su estado muy delicado, tan solo unos cinco días atrás, su corazón fallo y casi no logran traerla devuelta. Delsy y un grupo de médicos especiales eran los encargados de su bienestar y progreso, pero hasta su limpio y perfecto historial que los volvía reconocidos por su excelencia, había titubeado a la hora de velar por la salud de Linn. Ella no mostraba mejorías.
Mis dedos rozaron la marca de mi muñeca izquierda, aun sentía el eco del pinchazo que me recorrió al segundo que Linn clavo sus colmillos en mi piel. La punzada me seguía desde que había despertado luego de dos días de inconciencia, y se volvía insoportable en puntos específicos. Aquel día donde casi perdemos a Linn, fue como fuego derritiendo mi carne. A partir de esa instancia, pude sospechar que el origen del dolor venia por mi conexión con ella y que de alguna forma, dolía por su lucha, porque estaba intentando volver.
El sueño se me escapo, las noches se volvían interminablemente largas y agobiantes. Con esa teoría, mi preocupación había subido a su punto más alto y con solo un ligero toque de dolor en la marca, corría hacia el lugar donde la tenían para ver si estaba bien. No importaba la hora, ni lo que estuviera haciendo, la ansiedad me carcomía y me había arrebatado la paz mental a tal punto que la paranoia y la angustia hacían de mi un aliado de la locura.
—No está mejorando. —Fríamente solté lo que me venía resguardando desde hace días. La esperanza y los ánimos para mí ya no eran consuelos, ansiaba ver resultados positivos.
—El lazo que tienes con ella te ha vuelto muy inestable. Pero deben tratar de entender que lo que sienten es más pesado por su vínculo. —Oí sus pasos arrastrándose, aproximándose a mí. — No deben desesperarse, el estar unidos a Linn causa estragos físicos y mentales en este momento, no pueden sucumbir a ellos.
—Usted sabe mejor que nadie que ella no ha hecho más que empeorar. No trate de consolarme con explicaciones que no se relacionan con su salud. —Le enfrenté con dureza. Delsy titubeó pero se sentó a mi lado y no temió ante la ferocidad que desprendía. —Puede hacerlo con Peter, pero no conmigo.
—Solo trato de animarte Thomas. Ya tienes suficiente con cargar con emociones que no te corresponden. Linn está en alguna parte y tú lo sientes, ella lo sabe. Esos sentimientos de angustia, pérdida, pánico, no todas provienen de ti, sino de ella. —Presionó mi hombro con suavidad. —Peter es muy joven aun, no puedo angustiarlo con la verdad, solo puedo decirle que su negatividad es conformada por su lazo con Linn, y tú deberías de tratar convencerte de lo mismo.
Así que lo sabía.
Delsy mentía diciendo que lo que Peter y yo veíamos era un velo creado por la poca coherencia de nosotros mismos y los desbalances emocionales que la marca nos dejaba. Le quería hacer creer al chico que su visión de lo que sucedía con Linn era una mancha borrosa por su depresión y por lo tanto su desesperanza era debido a ello. Quiso intentarlo conmigo, pero no pudo alargarla al ser yo ya una persona mucho mayor.
Pero la realidad que veíamos era la verdad pura, no era falta de fe o el producto de nuestra poca alineación con el mundo real, sino lo que verdaderamente sucedía con Linn. Ella no podía mantenerse, estaba muriendo, no mejoraría y solo nosotros tres éramos conscientes de ello.
— ¿Por qué les miente entonces? ¿Por qué crear falsas ilusiones? —Apreté los puños y el cansancio se me esfumo. —Su familia esta aferrada a la idea de que despertara.
Delsy se levantó y yo hice lo mismo.
—Nunca he fallado Thomas, ni una vez. —De pronto su voz se tornó seria, sin ninguna pizca de flexibilidad. —Ella no es una simple loba. —Me tense. — ¿Sabes lo caótico que sería para el mundo si ella muere justo ahora? Linn les ha declarado la guerra a cualquier vampiro que ose pisar sus tierras. Su muerte solo dejara libre las puertas para la tragedia más grande de los tiempos.
— ¿Y qué piensa hacer? Ambos sabemos que va a morir.
—Bueno muchacho… ¿Cuánto piensas arriesgar tu por traerla devuelta?
Me cruce de brazos, alzando la ceja derecha con una inminente intriga.
—Todo. —Agravé mi voz y Delsy asintió complacido con mi respuesta.
—Ven a la reunión hoy a las cinco en casa de Frederic. —Volvió a arrastrarse hacia mí y extendió una sonrisa de lado. De su bolsillo saco un frasco con hierbas secas y me tomo de la mano para posar el pequeño frasco de vidrio en mi palma. Lo miré interrogante y el aroma de su contenido logro relajar mis músculos, sorprendiéndome en el acto. —Bébelo como si fuera un té, una noche más sin dormir te volverá loco.
Por esas cosas es que Delsy no se consideraba un médico corriente, se lanzaba más al prototipo de viejo curandero, aunque tampoco podríamos decirle de esa forma, pues su trabajo de mezclaba entre antañas medicinas de origen natural, la magia que poseía para curar y la ciencia. Si bien tenía un equipo, solo había sido una excepción por Linn. Delsy trabajaba solo, no había tocado un hospital hace años, eso es lo que me había dicho.
Unos toques suaves en la puerta interrumpieron la pregunta que estaba a punto de soltarse, giré la cabeza y vi tímidamente una cabeza azabache y rizada asomarse por el umbral. Atisbe el sonrojo en sus mejillas cuando me vio junto a Delsy, y corrí la mirada. Según sabia –que era muy poco- era una de las enfermeras que trabajaba dentro del equipo de Delsy, una muchacha quizás unos dos o tres años mayor que yo, de presencia tímida y un rostro dulce.
—Lo siento, no quería interrumpirlos. —Habló suave. —Le traigo los exámenes del día de la paciente.
Eso atrajo mi atención y volví a mirarla, para desviar en un segundo mi interés al folio que llevaba entre los brazos.
— ¡Oh! Pasa, adelante. Thomas ya se iba. —La muchacha entró a pasos cortos y le extendió los análisis.
Sobraba en esa habitación, así que carraspeé, atrayendo la mirada avergonzada de la mujer y la atención de Delsy.
—Volveré mañana. —Le dije, buscando entre palabras mezcladas algo más que decir para cortarle a mi distante posición. —Que tengan un buen día.
Supongo que incluirlos a ambos hizo que la mujer volviera a adquirir ese carmín en las mejillas, ella esbozo una pequeña sonrisa y la incomodidad me llegó como una bofetada. Ella no se parecía en ningún sentido a Linn, era demasiado retraída y la dulzura que trasmitía no se comparaba a la seductora e intimidante energía que Linn demostraba sin mover un dedo. Suspiré mientras avanzaba a la puerta, era un idiota por compararlas, y aún más idiota por detenerme en pensar en las ventajas y desventajas de una mujer desconocida que no me movía en lo más mínimo.
— ¡Thomas! —Me volteé, cuando al salir del edificio del hospital de Sawel, Peter me llamó. — ¿Cómo estás?
Aminoró sus pasos. Su cuerpo escuálido y pálido me genero un sentimiento de fuerte empatía, por inercia me observe en la ventana del vehículo estacionado a mi lado, y me vi en las misma situación que el chico. No estaba tan delgado, pero había perdido el color de mi piel y cabello, me sentía gris. Volví a Peter con un amargo sentimiento revolviéndose en mis ojos.
—Mañana me sacaran la venda. ¿Cómo estás tú? —Peter agachó la mirada con una lastimera sonrisa de lado y no pude pedirle que me responda. — ¿Te apetece un paseo?
Peter asintió, aliviado de haber sido considerado con él. No podía pedirle mucho cuando yo estaba en las mismas, ambos en este momento, éramos los únicos que nos entendíamos.
— ¿A dónde vamos? —Me preguntó cuándo se abrochó el cinturón. Deje de mirar la carretera para dirigirle una mirada.
— ¿A dónde quieres ir?
—No lo sé…
Palmeé su hombro y volví al volante.
—No te preocupes, pensare en algo.
Nos movemos por la serpenteante carretera de regreso al centro del pueblo de Sawel, donde a muy duras penas, hemos conocido algo. Puedo asegurar por mí mismo que lo único que conozco de ahí, es el autoservicio, donde he pasado un par de veces a comprar algunas cervezas. Tengo la firmeza de que Peter tampoco conoce mucho, ha estado pegado a Linn desde nuestra movilización en conjunto a Sawel, cuando nuestros esfuerzos resultaban inútiles para mantenerla con vida. Frederic y su manada aparecieron a unos días de lo sucedido, con calma le explicaron todo a Sam y a la familia Olson y los más importantes marchamos junto a ella cuando nos dijeron que tenía más posibilidades de vivir si estaban bajo su cuidado. Sawel era un pueblo rustico, pero lejos del aburrimiento y la monotonía, la gente era alegre, vivaz y se movían de un lado a otro todo los días. No había hora donde no los vieras hacer algo. No era moderno, al menos no estructuralmente hablando, no existían los edificios ni las grandes construcciones más que el hospital y las escuelas. Pero tenían una tecnología de locos, Sawel era un pueblo mágico así que tenía sus secretos bajo la manga. Por debajo de la superficie había un mundo de túneles e impresionantes edificaciones que le daban energía a la barrera, así como la formación de los nuevos lobos con el uso de su magia, y el desarrollo medicinal. La economía y sociedad de Sawel era prospera, podríamos decirle, casi una utopía.
No había escuchado de ellos más que en historias que mi padre me contaba de niño, y verlo tan claramente era sin duda una sorpresa. Pero éramos conocedores de que había más como nosotros, más allá de las diferencias que nos separaran, teníamos la similitud de ser el mismo animal.
Cuando doblamos, vi un museo ubicado al centro de la cuadra, donde niños y jóvenes entraban en filas. Al parecer era una excursión.
—Mira, un museo. No hay de esos en Jennings. —Dijo Peter con un entusiasmo que me hizo sonreír. El chico había estado muy apagado, era agradable volver a sentir esa característica emoción que rodeaba su persona.
— ¿Damos un recorrido?
— ¿De verdad?
Giré a la derecha, donde los vehículos se estacionaban y vi de reojo la minúscula sonrisa del muchacho. Me produjo una sensación cálida, como dije, ahora mismos solo nosotros nos entendíamos.
Bajamos del coche al mismo tiempo, Peter corrió para llegar a mi lado y juntos nos encaminamos a la entrada. El museo tenía una pinta de lo más antigua, tan propio de Sawel que no te sorprendía, pues arriba, donde nadie veía, no era más que un pueblito de antiguas costumbres que se reflejaban en sus edificaciones, platillos y –hasta algunos- en la vestimenta.
Un hombre nos cobró las entradas con una expresión de sincera alegría, tuve que reprimir la incomodidad que mi estado de ánimo y el suyo me generaban al ser tan contradictorios. Cuando pagué, Peter ya estaba escudriñando con la mirada el ancho pasillo que nos daba la bienvenida con enormes pinturas y estatuas de hombres y mujeres. Cuando me acerque, pude ver que se trataba de personajes que habían marcado la historia.
— ¡Thomas mira! —Más adelante, Peter me gritó, señalando con su dedo índice una figura enorme, que se alzaba en la pared contraria donde el pasillo finalizaba y se dividía en dos, al oeste y al este.
Era un lobo de delicados rasgos, y una melena llamativa. Sus ojos eran lo único que destacaba en la estatua de piedra, pintados por un rojo fresco. Mi asombro hizo caer mi mandíbula, y arrastrando mis pies termine al lado de Peter. La placa de plata bajo el gran animal, dictaba un nombre.
“Eliza, la gran loba roja” Dictaba.
— ¿Linn estuvo aquí? —El muchacho estaba aún más sorprendido que yo.
Esto explicaba la inesperada aparición de los Sawelitas y su determinación a salvar a Linn.
—Parece que si…
—Nos lo ocultaron. —Sentenció.
Me volteé a verle, de pronto muy abrumado. Peter fruncía el ceño y tensaba los puños. Vacilé en acompañar su emoción, así que apoyé mi mano en su espalda y trate de tranquilizarlo.
—Habrán tenido sus motivos.
— ¿Cuáles?—Me enfrentó. — Tuvimos que traerla aquí porque no había opción, pero si ella es importante para los Sawelitas, ¿Por qué no los han dicho? ¿Y si la buscan para que haga algo que sabe que no permitiremos?
La preocupación del chico vino como un tsunami a destruir su enojo, y por ende, el mío también. Lo sujeté por los hombros y nos dimos la vuelta de regreso por donde habíamos venido. Peter se quejó por unos segundos, pero cuando sintió –o quería creer- la intensidad de los ojos que nos vigilaban, cerró la boca y continúo el camino al coche en silencio.
— ¿Qué ha sido eso? —Preguntó notoriamente nervioso.
—Vamos a ver a Frederic, nos debe respuestas. —Mascullé, saliendo del estacionamiento con un fuerte rechinido de ruedas.
Avancé a toda furia por la carretera. Veía a Peter morder sus uñas con nervios y yo apretaba más el volante para desviar mi manojo de enojos. No comprendía la mentira, ¿Podía ser cierta la sospecha de Peter? De ser así… ¿Qué haríamos luego?
—Mierda. —Musité con bronca y pegue un frenazo que hizo a Peter impulsarse peligrosamente hacia delante.
—Mierda. —Repitió el chico.
Frente a nosotros, dos figuras imponentes tapaban el camino. Gruñí por lo bajo, no contento con su intromisión.
Frederic Dagger y Anthony Black nos esperaban.