PREFACIO
En el pasado no era consciente de las descarrilladas emociones que me llevaban a impulsos desenfrenados. Sin embargo, en el presente no podía guiarme de ellas para liderar un movimiento tan importante, que merecía total cuidado y clara disposición. Era impensable actuar con tanta ligereza, ya no tenía dieciséis ni era una novata en el tema. Mi edad y mis responsabilidades habían aumentado, y más allá de mis quejas silenciosas en medio de la noche, no refunfuñaba de ellas como hace dos años –y un poco más- solía hacerlo.
Frente a la primera línea, solo podía pensar en una sola cosa que cruzaba conciso y constante, recordándome a cada segundo lo valioso que era no perder el autocontrol para mí. Mis ojos se fijaban recorriendo el paso de nieve blanca y sin profanar, a unos metros donde los pies oscuros y las presencias enemigas se clavaban en el suelo. E ignorando cada rostro oculto bajo las tenebrosas tinieblas de muerte, puse total atención en los dos rostros perturbados y magullados, diferentes al resto y pertenecientes a los nuestros.
No soy buena con las dedicatorias. Por la cabeza siempre se me ocurren mil nombres y mil palabras para decir, pero mayormente quedan flotando solas en la deriva de mi mente. Así que solo diré que va dedicados a todos los que han leído hasta aquí.
Segundo libro de Revelaciones: Luna creciente.