1

2822 Palabras
  CAPITULO 1 —¡Nos están disparando! —gritó Yeison, mi mano derecha corriendo a toda velocidad, se lanzó a los armarios que teníamos a buscar las armas. —¡Sal de una vez o nos matan! —me gritó, yo me mantuve quieta en mi lugar mientras observaba como él estaba ansioso y no podía llenar el cartucho de una arma, sus manos temblaban. —¡Haz algo de una puta vez y vete! —No me iré de acá —le dije con lentitud, él me miró como si estuviera loca y me agarró con fuerza del brazo acercándome a su rostro. —Pero que putas estás diciendo, ¿Te quieres morir, es eso? —rodé mis ojos fastidiada y lo alejé de un manotazo. —¡Estamos rodeados por esos hijos de puta! Nos dejarán como un maldito colador y tú no harás nada para evitarlo. Yeison estaba furioso y no me sorprendía, él siempre había sido una persona muy ansiosa, si nada salía como él lo había planeado, se desesperaba hasta parecer un demente. Además, sabía que hace poco había estado inhalando cocaína, no estaba en sus cinco sentidos y estar drogado lo hacía un poco más idiota. —Este es mi hogar y lo defenderé a capa y espada, de acá no me saca nadie —Yeison se pasó una de sus manos por su cabeza tapada,  donde se podía observar un tatuaje en forma de serpiente. —¡Estás loca! —exclamó asomándose por la ventana, una bala rompió el vidrio y por poco le da en su cara —¡¿Lo ves?! No tenemos gente, todos huyeron, ¿En qué putas pensabas cuando te metiste con ese hombre?! Rodé mis ojos cruzándome de brazos. —Mantén la calma —pedí sacando del cajón un fajo de billetes —Toma, esto te alcanzará por un tiempo, sal de este infierno y búscate una buena vida —lo tomé del rostro y lo obligué a mirarme fijamente —Ve a crear tu música, sé que dónde quiera que yo esté, seré tu mayor fan. —Sofí —, susurró con lágrimas en los ojos —No me pidas que me vaya y te deje, eso no lo haré, le prometí a tu hermano que te cuidaría. —Y lo has hecho muy bien todos estos años, pero ya es momento de que yo asuma mis responsabilidades —me estremecí un poco cuando comenzaron a sonar muchos disparos más, esto era una locura, nunca había presenciado una cosa así, parecía una puta guerra final —Vete Yei, ellos vienen por mi, tu puedes ser libre. —Vida hijueputa, ¿Porqué tenías que meter las narices donde no te llamaron? —preguntó con ira y lágrimas mojando sus mejillas —Si tú te quedas, yo también lo haré y no hay marcha atrás. Es mi decisión. Lleve mis manos temblorosas a mi cabello, sintiendo lo corto que era, mis labios comenzaron a temblar al recordar cómo mierda había llegado a esta situación, lo que sí sabía era que yo lo mataría, si él me había quitado mi vida, yo le quitaría la suya. —Yei, te amo —tomé su rostro aún más fuerte fijando sus ojos en los míos —Siempre te voy a amar y esta es mi guerra, fue un placer haberte conocido, llenaste mi vida de color, pero no puedo permitir que me siga arrebatando lo que amo y lo único que me queda eres tu. —No te despidas aún, Ana Sofía Bracamontes —pidió pegándome a su cuerpo —No me importaría morir por ti. —Sé que no te importaría, pero a mí sí —chasquee mis dedos llamando a los guardias que tenía afuera de mi puerta, ellos eran el último filtro antes de que llegaron por mi —Quiero que lo saquen de este lugar… —¡No, que mierda te pasa por la cabeza! —los hombres lo agarraron, uno de cada brazo, Yeison comenzó a retorcerse —¡SOFÍA NO ME HAGAS ESTO! —Pónganlo a salvo —les pedí, miré quizás por última vez a mi mejor amigo, mi compinche, mi alma gemela, mi polo a tierra, unas cuantas lágrimas rodaron por mis mejillas —Te amo. —¡NOOOOOO, SUELTENME HIJOS DE LA GRAN PUTA! —cubrí mis oídos para no escuchar más los alaridos de él. Me di unos momentos para llorar por la pérdida de mi mejor amigo, no tenía esperanzas de salir viva de este lugar, por lo que quizás esa había sido mis últimas palabras a él; me limpié las lágrimas y tomé mis armas, la dorada y la que tenía mi nombre, las miré a ambas. —Bueno chicas, hora de matar al hijo de puta mayor.   ━━━━━━✧♛✧━━━━━━   —Y está ficha se mueve en L, cuidando a los reyes—me explicó mi hermano mientras me indicaba como debían ser los movimientos en L, suspiré. —No entiendo nada —le dije, él soltó una carcajada y despeino mi cabello, bufé, odiaba que hiciera eso —Para, no me gusta que toques mi cabello —Eres una bebé, ya va siendo hora de que cortes un poco tu cabello o parecerás Rapunzel con todas esas largas greñas amarillas. —Tengo diez años, ya soy muy mayor, no una bebé y amo mi cabello largo, no podría cortarlo nunca. —Aun te orinas en la cama y seguramente te cagas el pelo cuando vas al baño —abrí mi boca sorprendida. —¡Eso no es cierto! —exclamé con las mejillas muy rojas. Traté de que nadie se diera cuenta de lo que había pasado, pero es que me había dormido sin ir al baño y fue un accidente, pero como siempre, mi hermano siempre se enteraba de todo. Lo segundo nunca había pasado. —A mi no me puedes ocultar nada, enana —me dijo besando con ternura mi coronilla —Algún día, dejaras de ser una cochina y te convertirás en la reina de todo esto. Señaló el barrio que teníamos a la vista, nos hallábamos en una terraza, desde este lugar podíamos ver cada cuadra del barrio y a la gente de este, un barrio maravilloso de la ciudad de Medellín, aunque habían una que otra señora chismosa, tenía a muchos amigos y acá nada malo pasaba, mi hermano y sus amigos eran los que se encargaban de la seguridad del lugar, algún día, yo también lo haría. —¿Y podré ver lo que hacen en ese taller abandonado? —le pregunté, me miró asustado. —¡¿Me seguiste?! —me encogí un poco ante su reclamo —Ana Sofía, eso no se hace. Tú no puedes ver lo que hay allí ni siquiera cuando seas grande. —¡Pero quiero hacerlo! —dije enfadada —Si seré la reina del lugar, tengo que conocer todo, sé que me ocultas cosas, pero no será por mucho tiempo. —Eres una chismosa —pasó una mano por mis hombros y me atrajo a su pecho —pero mientras yo viva, seré el que cuide de ese lugar, solo te puedo decir que es allí en donde ocurre la magia y por eso solo tan conocidos, todos saben que pronto habrá una reina. —¿De verdad? —él asintió con una pequeña sonrisa. Me gustaba vivir por acá, mi futuro ya estaba más que escrito, mi hermano me había dicho que así había pasado con él, a mis padres los habían matado y desde pequeño él tuvo que trabajar para ayudarme a mi, nos cuidamos solos y aún cuando yo sigo pequeña, soy muy independiente y nada me da miedo. —Bro, te estaba buscando —, Caliche, uno de los amigos de mi hermano llegó, se saludaron de un abrazo —¿Cómo va todo por acá, princesa? —Jugábamos ajedrez, pero no entiendo nada —respondí encogiéndome de hombros. —Asco de juego —respondió haciendo una mueca reí —Yeison te estaba buscando, pregunta si quieres jugar con él. —¡Claro! —respondí mirando hacia todos lados hasta que vi al niño gordito escondido tras un muro, suspiré yendo hacia él. —No se alejen mucho y regresa a casa temprano que tienes tareas pendientes. —Escuché que decía a lo lejos mi hermano. —Bueno, señor. —me crucé de brazos y le sonreí a Yeison —¿Por qué te escondes? —No me escondo —respondió a la defensiva. —Lo haces, pero bueno. Vamos a jugar —él asintió y me siguió, me caía bien porque sabía mantenerse callado cuando yo no quería hablar sino simplemente jugar, no como varias niñas del colegio que solo hablaban y hablaban y lo peor, era que hablaban de hombres ¡Que asco! Yo solo quería jugar y por eso mi único amigo era Yeison. —Escuché que mi hermano dijo que está noche hacían una entrega muy importante. —comentó pateando unas pequeñas piedras que había colocado ordenadamente en el suelo. —¿Entrega de qué? —pregunté interesada viendo cómo pateaba una por una de las piedras. —¡De lo que sea que tengan en ese taller! —exclamó en un susurro —Escuché que iban a ganar millones y tenían que tener todo listo para esta noche, vi a un hombre lleno de tatuajes y un montón de metal en su cara, era horrible. —Tenemos que descubrir que es lo que esconden en ese lugar, ya estoy cansada de que sigan creyendo que soy una niña que no puede enterarse de las cosas, pronto seré la reina de la esquina, tengo que conocer todo, ¿O no? —Por supuesto, no puede haber secretos para la reina. —comentó Yeison con obviedad. Sonreí feliz, no me iba a quedar grande ser la reina del lugar junto a mi hermano y sabía que Yeison siempre estaría a mi lado. —Pon la alarma a las diez de la noche, cuando nuestros hermanos se vayan, los seguiremos. —Como ordene la reina —hizo un saludo militar, me reí a carcajadas. Pasamos la tarde jugando mientras esperábamos que se hiciera la noche, a las siete en punto mi hermano me llamó para entrar a casa, esa era mi hora límite, cuando se escondía al sol ya no podía salir más a la calle. —Tengo que salir —me dijo mi hermano mientras se vestía, ya sabía que saldría, pero me hice la sorprendida. —Pórtate bien, no te quedes viendo caricaturas hasta tan tarde. —No lo haré —le prometí, porque claramente yo estaría espiándolo. —Te quiero enana —beso mi frente y salió de casa tomando su chaqueta. Me quedé mirando el reloj de pared que estaba en la sala, tenía que llegar a casa de Yeison primero y ayudarlo a salir, su mamá a veces le ponía seguro a la puerta, ella trabajaba de noche, nunca habíamos descubierto donde, solo sabíamos que se ponía muy guapa y no volvía hasta el día siguiente con aspecto de zombie. Cuando el reloj por fin marcó las nueve y cincuenta de la noche, corrí hacia la puerta y me aseguré de que no hubiera nadie por la cuadra para que no me descubrieran saliendo a estas horas de la noche, Yeison y su familia vivían en unas cuadras más abajo que mi casa, por lo que baje por una calle muy empinada tapándome el rostro con mi capucha de la sudadera. Caminé muy rápido ignorando que el barrio estaba mucho más solo que de costumbre, seguí caminando tan rápido que llegué jadeando a la casa de mi amigo, me trepé por una pared y toqué tres veces el marco de la ventana, la luz parpadeó dos veces. Ya saldría. Me metí por un pequeño espacio hasta llegar al otro lado de la casa y esperé a que Yeison cayera del cielo —segundo piso— de su casa. Caía a un matorral por lo que nunca se hacía mucho daño y cada vez era más experto en las caídas. Escuché que abrió la ventana y luego como su cuerpo salía poco a poco. —¡Sh! —exclamé pidiendo silencio cuando su pie golpeó la ventana generando un estruendo, cuando ya estuvo seguro, se lanzó aterrizando a cuatro patas, como una ardilla, se levantó limpiando sus manos. —Mamá aún no había salido —me comentó mientras comenzábamos a caminar. —Otro día la seguimos a ella, pero ahora necesitamos ir a averiguar qué tanto hacen nuestros hermanos —. Él asintió dándome la razón y en silencio recorrimos las cuadras que nos faltaban para llegar. Llegamos sanos y salvos a aquel lugar, era una bodega abandonada, habían postes de luz que iluminaban intermitentemente, siempre me había dado mala espina este lugar. —Tenemos que escondernos —dije mientras me metía por una reja, Yeison casi no entraba, pero con un poco de mi ayuda terminó entrando. —¿Escuchaste a donde irían? —pregunté. —¡Este lugar es enorme! Nunca los encontraremos. —Dijeron que estarían por el sur. —Oh… ¿Y cuál es el sur? —se encogió de hombros sin conocer tampoco esa respuesta, yo fruncí el ceño analizando. —Hay cuatro puntos, norte, sur, oeste y este, ¿Verdad? —Creo que si. —Solamente tenemos que ir a cada punto, estamos al lado de una, sigamos hacia la derecha, en algún momento llegaremos a la entrada correcta. —Buena idea. Comenzamos a correr dándole la vuelta a la bodega hasta que escuchamos voces, nos detuvimos en seco escondiendonos tras un muro. —No escucho nada —dije en un susurro. —Yo menos —me respondió de igual manera —Tenemos que acercarnos más. Cómo pudimos, nos camuflamos con la oscuridad para lograr llegar un poco más cerca de aquellas personas, pude distinguir la voz de mi hermano con facilidad. —La orden era bastante clara —estaba diciendo —Solo tenían que llevarla a un lugar, entregarla y recibir el dinero ¡¿Acaso era tan difícil?! —No señor —respondió la voz de un hombre. —¡¿Y entonces dónde hijueputa está la plata?! —temblé de lo fuerte que hablaba mi hermano, Yeison también se estremeció a mi lado. —Si nos descubre, nos mata —dijo y también creía lo mismo. Miré hacia los lados y me di cuenta que la entrada sur, era la entrada que estaba más cerca al otro barrio, a ese barrio al que nunca podíamos pasar y ellos nunca podían venir al nuestro, ese lugar tenía fama de ser un hogar de gente rica y había mucho gringo. Nunca había conocido aquel lugar y los del barrio sabíamos que estaba prohibido siquiera pensar en ese lugar, acá nos cuidamos unos a otros, pero allá no tenemos nada. —No lo sé patrón, los de esa vuelta nos quitaron todo, tuvimos que salir de ahí o nos mataban. Un carro pasó chirriando las ruedas, vi como los hombres que estaban con mi hermano, y él, sacaban armas y apuntaban el lugar. Armas. ¡¿Porqué mi hermano tenía un arma?! El primer disparo se escuchó resonante por el lugar, mi hermano era quien tenía el gatillo presionado, me pegué mucho más a Yeison muerta del miedo, de acá no salíamos vivos. Varios carros más comenzaron a llegar y del lado de mi hermano llegaron varias motos y muchos más jóvenes. Uno de los carros se abrió y bajo un chico muy grupo, no alcanzaba a ver el color de sus ojos, pero su cabello era n***o, tenía una sonrisa muy bonita, su rostro tenía un poco de acné y usaba una ropa ancha. —Tuvimos que venir a hacer su trabajo, porque a ustedes les quedó grande. —No nos quedó grande nada —respondió mi hermano acercándose a ese hombre, era uno o dos centímetros más alto que el —, pero tendrán que darnos más plazo. —Yo no puedo esperar más, hombre. Tengo muchas personas esperando la mercancía y yo a diferencia de usted, no voy a quedar mal. Mi hermano prácticamente estaba sobre el hombre furioso. —Un día. —Ya no hay plazo, estuvimos esperando mucho tiempo y ahora ya no tenemos paciencia. Luego de eso, el hombre se alejó un poco, levantó su mano y apunto directamente al corazón disparando. Solté un grito fuerte saliendo al encuentro con mi hermano mientras lo veía caer, cuando levanté la mirada con mis manos llenas de sangre, pude notar algo. Verdes. Ese era el color de sus ojos, y esos ojos perderían la vida entre mis manos como mi hermano perdió la vida por culpa de ese idiota, jamás olvidaría su rostro y sería yo quien acabara con él tarde o temprano
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR