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2152 Palabras
CAPÍTULO 2 Por mi mente nunca pasó que mi barrio era peligroso, ni que vería morir a mi hermano con mis propios ojos, verlo perder su ultimo aliento fue eso que me llenó de una ira incontenible, lloré y grité sobre su cuerpo. Nadie hizo nada. El chico de ojos verdes que acababa de arrebatarle la vida a mi hermano me miró, no sé que pensamiento pasó por sus ojos cuando se cruzó con los míos, los vi brillar un poco y no supe si era por lagrimas contenidas y arrepentimiento o por orgullo de haberme quitado a lo único que tenía en mi vida. Lo que yo si sabía, era que nunca olvidaría aquella mirada y no sabía cuanto tiempo me tomaría, pero lo encontraría y lo mandaría al infierno, allí era donde debía estar. Al infierno era a donde iban las personas malas, los monstruos. Y él era uno de ellos. Escuché que venían pasos corriendo, no quise levantar la cabeza del pecho de mi hermano, solo suplicaba que fuera una maldita broma y que él estuviera vivo, pero yo ya no escuchaba su corazón, ahora los latidos que muchas veces me calmaron ya no existían, sabía que ya no había nada que hacer. —¡Ya viene la ambulancia! —gritó la voz de Yeison. Sabía que él no me dejaría sola. —Esta muerto —comenté en un susurro, escuché que mi amigo dio un Jadeo, no se acercaba, mantenía su distancia, pero al menos no había desaparecido como todos los demás. Escuché el sonido de sirenas y luego la voz de Yeison gritando y llamando su atención para que vinieran pronto. En algún punto alguien me levantó en brazos mientras yo gritaba que no me alejaran de mi hermano. Voces hacían preguntas, manos me limpiaban la sangre y yo seguía sin moverme, solo deseaba que todo fuera un mal sueño, deseaba despertar pronto y darme cuenta de todo era solo una pesadilla. Pero yo no desperté de un mall sueño, despierta llevaba desde esta mañana cuando mi hermano me levantó para ir al colegio, mañana ya no lo haría. —Princesa, ¿dónde esta tu mamá? —esa pregunta la había escuchado al menos unas diez veces o quizás diez veces desde que había salido de mi estado de shock. —Yo sé quien lo mato —le dije a esa persona levantado mi mirada. Era una mujer morena vestida con uniforme de la policía, tenía su cabello rapado y una sonrisa tranquilizadora. —¿Quién lo hizo cariño? Puedes darnos su nombre. —dijo la policía, negué con mi cabeza moviéndola de un lado a otro. —No sé como se llama, pero recuerdo su cara —había visto en una serie junto con Yeison, que si yo decía como era podían hacer un retrato de aquel muchacho y lo meterían para siempre en la cárcel. —Dime como era y lo buscaremos —aquello me dio esperanza y comencé a relatarle con mucho detalle como era aquel joven, lo tenía gravado en mi cabeza. —Cabello n***o un poco largo y peinado hacia atrás, ojos verdes, tenía una ceja cortada —toqué mi ceja y le indiqué como era, como si se hubiera quitado a propósito un pedazo de ceja —tenia una sonrisa muy bonita y su rostro tenía acné, acá —señalé mis mejillas —Y un poquito de barba en la barbilla —señalé debajo de mis labios —. Tenía una camiseta blanca y muy grande, él es flaco y alto. La mujer me miró como esperando que dijera algo más, pero me encogí de hombros, eso era todo lo que podía decirle, con eso ya podían encontrarlo con facilidad. Ella guardó el papel donde anotó los datos del asesino en su bolsillo, fruncí el ceño. —Lo buscará, ¿verdad? —pregunté. —Por supuesto que lo haré, linda —me dijo, pero sus palabras no me parecieron sinceras, sin embargo, le creí. Los días después de la muerte de mi hermano fueron horribles, me llevaron a un lugar horrible donde niños me hacían bullying y me gastaban bromas, odié aquel lugar con mi vida, pero en ningún momento lloré o me mostré débil. «Las princesas lloran, pero las reinas nunca deben hacerlo. Y tú eres una reina» Esas eran las palabras que mi hermano siempre me decía, lloré su muerte y lamenté mucho su perdida, no tenerlo a mi lado me devastó mucho, pero ya no podía quedarme llorando, tenía que levantar cabeza y seguir luchando por mi vida. Así que escapé de aquel lugar y busqué a mi amigo, estuve escondida en su casa varios días hasta que su hermano me encontró. Cuando abrió el armario y me vio allí metida, me sacó de un jalón y me abrazó con fuerza mientras lloraba. —Joder, princesa —me apretó mucho más fuerte contra él —. Perdóname por no haberlo cuidado, debí haber estado con él esa noche y matar a ese hijo de puta —besó mi cabeza en repetidas ocasiones —Te estuve buscando por mucho tiempo, ¿siempre estuviste acá? Me separó un poco de su abrazo alejándome desde los hombros, asentí con mi cabeza y luego me volvió a abrazar con fuerza. —No tienes que esconderte, acá te cuidaré bien. Quise decirle que si me cuidaría como lo hizo con mi hermano, prefería cuidarme yo sola, pero preferí quedarme callada y solamente dejarme ayudar, necesitaba un lugar para dormir y estando al lado de mi mejor amigo me sentía mucho mejor. Allí pase toda mi adolescencia, descubriendo cada día que la ley la teníamos que tomar por nuestras propias manos, porque la policía era corrupta y ayudaba a los manos, nunca encontraron a aquel asesino de mi hermano, ni siquiera hicieron una orden de búsqueda, aquella mujer guardo el papel y fingió que nadie sabía nada y que nadie había visto nada. Pelea de bandas. Así fue como catalogaron la muerte de mi hermano, a nadie más que a mi me importó, Caliche también decidió que teníamos que olvidarnos de aquel asunto, que no había caso de meternos en conflictos con los del otro lado y todos olvidaron que en algún momento mi hermano fue quien cuido de sus espaldas. Y así fui creciendo, tomándome la justicia por mí misma, peleando por cuidar a aquellos de mi barrio como lo hizo mi hermano y descubriendo los secretos que había en estas cuadras. Venta de drogas. Prostitución. Laboratorios de metanfetaminas, coca y todo tipo de droga. La mejor de la ciudad. Y mi hermano había sido el jefe de todo eso, una persona que yo veía como mi modelo a seguir, no había sido más que un monstruo, alguien que trajo a este barrio lo malo o que al menos lo consintió y nunca hizo nada para detenerlo, sino que lo hizo más grande. —Acá no hay ley, nadie nos meterá a la cárcel por vender droga —me decía Yeison. —¿Y si alguna persona muere? —pregunté no decidida a seguir dejando que el barrio se manchara. —Bebé, hay mas sobredosis en los lugares donde la prohíben que donde es legal, acá tenemos el control, todos compran sus dosis como debe ser, en años nunca se ha escuchado de que alguien muere por meterse tanta mierda. —¿Y las chicas del bar? —pregunté refiriéndome a las prostitutas —. Si no lo recuerdas, tu mamá es una de ellas. —Ellas quieren estar ahí —, bajó un poco su cabeza —Mi mamá es feliz con la vida que lleva, allá ninguna mujer es obligada a hacer algo que no quiere, acá todos en el barrio viven felices, ¿porqué vamos a cambiar las cosas si todo funciona bien? Él tenía un buen punto, durante años este barrio había sido bueno, mi hermano era la única muerte que se conocía, todos respetaban, cada uno hacía lo que quería, nadie peleaba con nadie y vivíamos bien. O ellos vivían bien, yo aún tenía que encontrar a ese maldito y vengarme de la muerte de mi hermano, pero acá no lo iba a lograr, tenía que infiltrarme en aquel barrio y para ello debía hacerme una nueva identidad, cambiar mi apariencia física y llegar a ese barrio como si viniera de lejos, claramente ellos debían conocerme, tenía que saber quien era yo y no podía dejar que eso pasara. Por ello, los últimos años cuando yo tenía de quince a diecinueve, cuide a mi barrio desde la oscuridad, no dejaba que me vieran, Yeison era quien daba la cara, pero yo quien daba las ordenes y a nadie parecía importarle quien mandaba o no, hacían lo que se les dijera sin peros. Todos los días mi amigo me decía: «Es una puta locura» Y yo le decía que lo sabía, pero aun así no dejaba la idea a un lado, yo tenía que conseguir fuera como fuera, meterme a aquel lugar y abrirme paso para llegar a él, sabía por una de las chicas del bar, que él era un mujeriego, cada día buscaba a una mujer diferente y ahí era donde iba a entrar yo. Me daba mucho asco pensar que tenía que meterme a la cama con ese hombre, pero si tenía que hacerlo para que mi plan funcionara, me arriesgaría, aunque acabara vomitando. Aunque mi idea era seducirlo sin tener que quitarme la ropa, pero según lo que me decía aquella chica, lo veía un poco imposible y yo estaba dispuesta a todo. TODO. —¿Crees que dejaré que cometas esa estupidez? —me preguntó Yeison entrando a la que yo llamaba mi habitación. —Creí que me apoyabas —, comenté mientras me maquillaba. —Creí que podía hacerte cambiar de opinión en todo este tiempo, pero ya veo que no fue así. —su mirada estaba furiosa, miré fijamente sus ojos color café. —Sabes que tengo que hacerlo. —No tienes que hacer nada, tu hermano esta muerto, no importa lo que hagas, nada lo devolverá a la vida —me levanté de la silla en la que me encontraba furiosa y lo encaré. —Claro que cambiará las cosas, le demostraré lo que se siente perder la vida, le quitaré poco a poco todo lo que él más quiere hasta que no le quede nada y ahí, le diré quien soy realmente antes de meterle un tiro en la cabeza. —No quiero verte morir —me dijo tomando mi cara entre sus manos. —Yo no soy la que va a morir —respondí. —Si él se entera quien eres, no dudará en dejarte en pedazos y colgar tu cabeza por todo ese lugar, ya nos veo siendo invadidos por esos hijos de perra al grito de que ha caído la reina. —El único rey que caerá, será él. —No lo hagas —se acercó más a mí, su nariz rozando con la mía —. Quédate aquí conmigo y seamos felices. —No… Me alejé de él, años atrás el había dicho que estaba enamorado de mí, nunca me importó ningún hombre más que el hijo de perra asesino, así que lo tomamos en broma y no hablamos al respecto, además yo solo lo veía como un amigo y él tenía un alma coqueta y tenía al menos a tres novias en el barrio. Ellas sabían que lo compartían y aún así no les importaba. —Sofi, te amo y no puedo dejar que la mujer que amo y de la que estoy enamorada entre a ese lugar a morir. —Cállate, no importa lo que digas, yo iré. Se pasó las manos por la cabeza y pateó un par de cosas de mi habitación al ver mi maleta ya lista, me iría hoy mismo. —Prométeme que estarás bien —se rindió al fin. —Lo prometo, te estaré llamando cada semana como te había dicho.  —mordió su labio inferior con fuerza y me tomó del rostro besándome sin permiso. Le devolví el beso solamente porque sabía que él lo necesitaba, pero yo no sentí nada. —Si sientes que todo va mal, entonces regresa a mi lado —me dijo después de soltar mis labios. —Lo haré, te lo he prometido muchas veces. Suspiró por ultima vez y volvió a unir sus labios con los míos, quizás yo no tenia sentimientos porque no entendía porque no podía sentir amor por él, siempre había estado a mi lado, era un chico demasiado guapo, pero nunca me había sentido atraída por él. —Cuídate porque yo no podré hacerlo allá. —Sé como cuidarme —selló sus labios y asintió. —Espero que regreses con su cabeza —sonreí y lo abracé, luego tomé mi maleta. —Lo haré, te lo aseguro.
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