Joel

1070 Palabras
Cuando Sara dio a luz fui a visitarles, un hermoso bebé, idéntico Sara, gracias a Dios. Festejé con ellos, bebí comí y era hora de ir a casa y fue allí cuando mi amigo me dijo.  – Julián ¿No has conocido a nadie?  –  No, tengo una aventura con mi vecina de piso, nada más. Pues, aunque había aprendido a lidiar con el dolor por la muerte de Luisa, siempre la recordaba. – Julián debes darte la oportunidad de ser feliz con alguien. – No lo sé, quizás ya deba retirarme y terminar mi vida solo, pues lo creo que haya alguien que llené como Luisa mi vida, además soy un hombre trabajador y no tengo tiempo. – Julián, necesitas descansar, y en silencio me dijo – ¡Viajemos! Así estaremos libres y quizás haya alguien por ahí que puede llenar tus expectativas. – Mírate eres joven, profesional, elegante, educado; Julián eres lo que cualquier mujer quiere, y si crees que eres poquito mírame a mi sabes mi historia hermano – dijo riendo. Me quedé pensando y analizando las palabras de mi amigo y si, tenía razón, así que acepté y pusimos una fecha, Julio veinte. Esto Sara no lo sabía, Joel metió la pata al tomar estás decisiones sin consultar, hasta reservó el hotel que íbamos a gozar, terrible bofetada le dio, Sara perdió la paciencia, pero como ya estaba tan cerca la fecha y él cargo a su tarjeta de crédito se haría de todas formas, al final aceptó, y claro por los ruegos de Joel. Pero, maldita suerte la mía mi jefe no me quería dar permiso, el tipo estaba negado con lo que pedí, increíble, ¡Tanto que trabajo! y a estos no les importa nada más que su dinero, ignoré su negativa y decidí tomarme mis días, le dije que me iría, casi me despide, pero como no hay nadie mejor que yo en la clínica y tengo años sin vacacionar, tuvo que aceptar. Llamé a mi amigo, tenía todo listo para el gran día que ya se aproximaba, pedí pizza para celebrar, compré los boletos de avión y preparé mis maletas. Cuando llegó el día esperado, Joel me esperaba en el aeropuerto, nos encontramos y nos dimos un abrazo, mi estómago sonaba y decidí comprar algo, nada más había que pollo frito y papas, de un anciano que vendía próximo al aeropuerto, fui y comí hasta que no pude más. Tomamos el avión y solo fue despegar para que me diera un dolor de estómago, mis tripas se retorcían, yo sudaba a pesar del aire acondicionado y Joel al parecer se divertía al verme; cuando ya no pude más salí corriendo para el baño, no lo encontraba, al entrar rápidamente había alguien más. – Idiota, ¿no sabes tocar?  –  Me dijo un cabeza de chorlito que dejó el baño sin seguro. – Todo estaba ocupado y yo no sabía que hacer hasta que llegó la desesperación. – Señor, por favor –  le dije –  apúrense. Salió con cara de guardia, pero ya era muy tarde, la operación había sido un éxito, pero el paciente ya estaba muerto. No saben todo lo que puede hacer un buen amigo por ti, por mi amigo llegué en perfectas condiciones al aeropuerto, ya que me llevó ropa al baño para cambiarme. Cuando aterrizamos en Punta Cana, llamamos a nuestro Uber y nos llevó al hotel Marte, donde íbamos a disfrutar las vacaciones. Nuestro chófer era muy amable así que le dimos propinas jugosas, llegamos a nuestro destino tan, tan esperado, al llegar salimos un momento y alquilamos un auto en un rent a car cercano. Ya en  nuestro destino, el Hotel Marte, ubicados en las hermosas playas de República Dominicana, comimos platos riquísimos y bebimos lo mejor, este país es una maravilla. Fuimos al restaurante Cacique, perfecto lugar, playa, rico clima, música suave y ricos platos dominicanos tradicionales. Las chicas nos miraban, ya sabía que estaba soltero, pero si algo aparecía para mí, pues ¡Venga! Mis intenciones no eran conocer a nadie, solo descansar y botar estés, y lo estaba logrando.  Hasta que las dominicanas llegaron, sexys en su mayoría y dos no dejaban de mirarnos. – Joel, come como la gente, ¿no ves que nos miran?  –  comenzó a reírse ese cerdo, ¡Qué vergüenza! Sin embargo, mejoró tras mi consejo. –¡Julián! Este es el momento perfecto, date la oportunidad de tener a alguien en tu vida. – Sí, le contesté, lo estoy intentado desde este comedor con mi mirada de galán. – Eres un idiota Julián. Las chicas no dejaban de mirar, no sé si era atractivo o chapeadoras (término de persona que está con un dominicano para sacarle dinero). Sabían que estaba soltero gracias a Joel, de momento miré a la izquierda y Joel bailaba con dos, solo pensaba en Sara si se enteraba lo iba a matar. Pero no le importaba, de ahí no iba a pasar decía; ¡y bueno! ¿Qué puedo hacer? Él es grande ya. Bailé con una, bebí y alguien más me besó de sorpresa. ¡Qué asco! Solo el olor a alcohol sentía. Me desligué de ahí, no era lo que quería; quería algo serio, alguien que me amara, que me respetara, no quería perder mi tiempo, quería a alguien como Luisa mi difunta esposa. Al momento de irme vi que alguien me miraba, sus ojos eran hermosos, y me saludó cálidamente desde lejos, ¡Vaya! Hermosa, me acerqué a preguntar por el baño, pero obviamente yo ya sabía, estaba roja, miré su gafete y su nombre era Rosa. Ella vivía en una ciudad cercana al hotel, la seguridad me habló de ella pues yo necesitaba saber más de aquella ilusión. ¡Ah! Y lo más impresionante ¡Soltera y sin compromiso! – Gracias, mi jefe, le dije al guardia de seguridad y para mí, ya un gran soldado.  Fui a mi habitación: de momento Joel se desapareció, espero haya ido a dormir, no quiero dar malas cuentas, pues Sara me colgaría por donde más me duele. Esa noche Rosa estaba en mi mente, en mis sueños, era un mundo en mi cabeza, qué ironía, nunca pensé que me enamoraría otra vez, la última vez que sentí ranas en la panza fue con Luisa, pero ahora sentía lo mismo con Rosa, no lo podía comprender, pero concluí en que ya estaba cautivado.  
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