Final y comienzo

1103 Palabras
¡Hola! Soy Julián López tengo treinta años, soy doctor en medicina, trabajo catorce horas al día. Soy un hombre profundamente enamorado de Rosa, sí, ella es la mujer más hermosa, la que ataría a cualquier hombre con una sola mirada, mi vida cambió cuando la conocí. Les cuento, a la edad de dieciocho años entré a la universidad, siempre quise estudiar medicina y este era el momento esperado y perfecto. Como todos los jóvenes esperaba un amor, un amor eterno y, conocí a Luisa; ella era Inteligente y muy sexy, me aceptó y vivimos años de amor puro hasta que un horrible cáncer me la arrebató. Mi vida se derrumbó, la depresión llegó a mi puerta, renuncié a mis trabajos y decidí echarme a la nada, al dolor y a la vagancia. Mi madre, Martha y mi padre Julio luchaban por mí, pues si hubiese sido por mi cuenta no les contaría está historia, mi depresión era tan fuerte que pasé de pesar noventa kilos y de ser musculoso, a penas llegar a setenta kilos. Ya no quería vivir, intenté suicidarme, pero me detuve, pensé en mis padres y en mis mejores momentos, pensé en Joel, mi hermano de otra madre, fuimos juntos a la escuela y nuestra relación desde entonces es perfecta.   – Joel, necesito que vengas ahora, por favor, llámame.  – ¿Todo está bien?  –  me dijo  –  No, Joel, el mundo se me viene arriba y no quiero vivir. Aquí pude entender el valor de un gran amigo, pues llegó en menos de diez minutos, mojado y golpeado, no entendía qué le pasó.  – Julián ¿estás bien? – me preguntó  – Sí, pero; ¿Qué te pasó contigo Joel?  – ¡Ay Julián! Venía con mucha prisa, tuve un pequeño accidente y estoy bien, pero hablemos de ti amigo, me preocupas. Y fue ahí cuando mi hermano de otra madre me aconsejó y me acompañó luego a ver un psicólogo. Al pasar algunas semanas fui mejorando, se fueron mis preocupaciones y traté de darle una oportunidad a mi vida de ser feliz, aunque no olvidaba a Luisa, traté de vivir. Conseguí trabajo en una clínica nuevamente. ¡Qué extraño me sentí! Llegar a casa y no ver a Luisa, pero mis ganas de vivir se hicieron más fuertes que el dolor, sí. Guardé los cuadros, saqué la ropa vieja que cubría de moho e intenté ser alguien con deseos de vivir en alegría. El tiempo fue pasando y yo ya era feliz, Joel se enamoró de Sara, mi compañera de trabajo, ella es enfermera, Joel la vivió y comenzó otra desgracia:  – Julián, Julián, ¡consíguemela!  – ¿Joel, estás loco? Es mi compañera además no creo que te haga caso está como un mono, peludo y sin arreglarte, si la quieres date algo de condición. Sonriendo me dijo:  – Eres un idiota, pero tienes razón, lo haré y mañana me la vas a presentar sí o sí.  – Ya veremos Joel. Pues al otro día, llegó el señor Joel perfumado, no lo reconocía con esa camisa.  – Muévete, Julián, hoy soy tu taxi, pero ya saben, contaba con que le presentara a Sara, y ¿qué más me quedó?  Si no lo hacía, no me iba a dejar en paz, así que al llegar a la clínica le presenté a Sara. No sabía que Joel era tan torpe para enamorase así que tuve que ayudarlo, estaba sudando; comenzó a tartamudear, parece que no sabe enamorarse; tuve que intervenir para que el pobre no se hundiera. Sara estaba encantada de conocerlo, lo supe. Joel se convirtió en mi taxista, pero era obvio lo que quería, su fuerte olor a perfume ya me tenía con alergia, él esperaba a Sara en la puerta y la saludaba, besaba sus manos, parecía loco, pero no le importaba.  – Joel eres un torpe, pareces el valet de Sara, ella te hace caso y no la invitas a salir.  – Julián sabes que soy muy tímido.  –  No te preocupes, prepárate para mañana a las ocho de la noche. Al otro día vi a Sara.  – Sara, Joel me dijo que te dijera que salgas con él –  Sara se reía a carcajadas y me dijo:   – ¿Cuándo y dónde?  – Hoy a las ocho, en el restaurante del amor. Llamé rápidamente a Joel – Joel, tienes tu cita hoy a las ocho, estaba feliz y asustado. Al llegar la hora de la salida de Joel, fue a mi casa a conversar conmigo y pedir consejos, increíble, pero cierto se cagaba de miedo. Llegó la hora y Joel se fue, recibió a Sara y sin mediar palabras la besó, cuando me contó me sorprendió.  – Joel ¿Tan rápido?  –  Si, pensé que si la besaba y me besaba pues y no había que hablar, pidieron camarones y los besos no pararon, tuvieron que salir de allí; bueno, los sacaron amablemente, esto no paró aquí, él tan atrevido la llevó a un lugar más cerrado, copas de alcohol y confortables habitaciones para aquellos que querían pasar una noche cálida, conscientemente se perdió el control y llegaron los suspiros, ya no había frenos, tuvieron que subir y matar sus ganas. Y si, ese día Joel dejó de ser virgen. Al otro día Sara casi no me hablaba, estaba como provocada y evitaba conversaciones extensas, así que llamé a Joel para saber cómo la había pasado y fue el momento de contarme lo que les conté, copas, suspiros, alcohol, cama y suaves almohadas. No lo podía creer, el tipo era el final, decían las amigas de Sara a las que les contó y las encontré murmurando acerca del valet de Sara, Joel. Pasaron los meses y Joel estaba más ausente, el amor de su vida lo tenía a cuerda corta, pobrecito parecía haber probado agua de calzón, enamorado hasta la tambora, pero imagínense las mujeres encantadoras atan a los hombres, los secuestran, solo con amor y sexo. Sin embargo, yo estaba solo, alquilé un departamento en la ciudad, era lujoso, me hicieron jefe de cirugía, ganaba mucho dinero, pero estaba trabajando demasiado, solo dormía en casa y tenía una hora de almuerzo para todo el día. Noches en vigilia y cansancio extremo, aquí hubo un lapso de dos años, Joel estaba ausente y de vez en cuando me llamaba pues vive muy lejos de la ciudad y nos vemos poco Sara estaba embarazada, cambió de trabajo y dejó de ser mi compañera, y lo más interesante, estaba embarazada, morí de risa no podía creer que el torpe de Joel ya tendría un hijo.   
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