Capítulo 3
—El tío Jack tiene que ir a ver a papá y a sus amigos —les explicó a los niños—. Podrán verlo mañana para la revancha.
—Sí, mejor me voy. Intentaré no despertarte cuando llegue a casa —dijo Jack besando la mejilla de su madre.
—Quédate en mi casa, yo me quedo aquí esta noche, y así al menos sabré que Glen llegará sano y salvo a casa —dijo Annie sobre su esposo, que trabajaba en el consejo con el futuro novio.
—Sí, vale. ¿Te das cuenta de que Glen es un niño grande que puede cuidarse solo, verdad? —preguntó Jack riendo.
—Me sentiré mejor si te aseguras de que no haga el ridículo. Como Harry no estará aquí, tendrás a alguien a quien cuidar que no te meterá en peleas de bar —le dirigió una mirada cómplice.
—Eso fue una sola vez, y solo me uní después de que el quinto tipo se uniera a la pelea. No me pareció justo en ese momento —defendió Jack.
—¿Y fue justo con cuatro contra uno? —preguntó, obligándolo a mirarla con cara de «¿en serio?». Harry era un m*****o del SAS con entrenamiento completo—. Sí, no respondas a eso —dijo, poniéndose una mano en el vientre—. Cerebro de embarazo —dijo como excusa.
—¿Estás embarazada otra vez? —Jack abrió mucho los ojos—. ¿No tienes televisión, ni computadora, ni nada mejor que hacer que tener hijos?
—Claro, ¡pero hacerlas es divertidísimo! —rió ella al ver que él hacía una mueca—. Glen hace esto… —se echó a reír a carcajadas.
—No, no necesito esa información —dijo, luciendo como si hubiera probado algo desagradable.
—Hablamos mañana —la besó en la mejilla, luego en la de su madre otra vez, y salió de casa maldiciendo a Harry por no haber estado con él para evitar que las mujeres de su familia dijeran esas cosas. Estar en casa sin Harry era horrible.
Jack condujo de vuelta al pueblo y se detuvo a media cuadra del pub de Kelly’s. Era su lugar de siempre, y esta despedida de soltero prometía ser una noche de pub como cualquier otra para él y sus amigos. Esta gente no hacía strippers ni porno; ni siquiera estaba seguro de que existiera una stripper en el idílico pueblo de la colina. Suspiró y salió del coche.
Se detuvo justo al entrar y aspiró el olor a cerveza, comida grasienta y un extraño olor a madera característico de este lugar, como si el dueño hubiera tenido leñadores cortando leña justo antes de abrir. Nada cambiaba nunca en este pueblo, y sus ojos captaron todos los rostros y sonidos familiares. Algunos no tanto, reconoció.
La barra era un trozo sólido de madera rústica, colocada sobre una base igual de sólida, pero la chica que estaba detrás le llamó la atención. La conocía, aunque lo intentara; sabía que jamás podría olvidarla. Esta chica era la fuente de la mayoría de sus fantasías adolescentes, aunque nunca se había atrevido a invitarla a salir. Lara Collingwood, la chica más guapa de su clase con diferencia, morena, con ojos castaño claro que casi parecían dorados, y una bonita cara en forma de corazón, realzada por hoyuelos. Su trasero también tenía forma de corazón, y a menudo se preguntaba si tendría los mismos hoyuelos. Se acercó, saludando a la gente mientras caminaba y saludó con la mano a sus amigos en la esquina del fondo, cerca de la mesa de billar.
—Hola, Lara. ¿Has vuelto a casa? —preguntó con una sonrisa amable e inclinando la cabeza. Quienes se marchaban de Ashton Hill rara vez volvían para algo más que una simple visita.
—Claro. ¿Por qué no? Como dicen, en ningún sitio se está como en casa —se encogió de hombros—. ¿Qué te pongo? —preguntó, intentando callar cualquier charla intrascendente de los chicos que solo la veían como aquella chica del instituto. La guapa y popular princesa del instituto ya había desaparecido, y no quería revivir viejos tiempos con gente que había vuelto para la boda de uno de sus compañeros y esperaba a la misma chica despreocupada. Los hombres que solo veían una cara y un cuerpo bonitos y no les importaba la mujer que era dentro de ese caparazón.
—Para empezar, me pido una sonrisa —sonrió contagiosamente—. Luego me pido un Monkey Tree, si tienes. De hecho, dos, y una jarra de lo que estén bebiendo los chicos —señaló a sus amigos cerca de la mesa de billar.
—Rubia pura —dijo, nombrando la cerveza y tomando la jarra—. Si mal no recuerdo, siempre te gustaron las rubias —sonrió levemente—. Apuesto a que tienes ganas de volver a ver a algunas de esas mujeres en la boda —bromeó.
—Creo que me confundes con mi hermano —se encogió de hombros—. Quizás deberías venir a protegerme de todas esas rubias, demostrarles que no soy Harry —coqueteó; no le preocupaba volver a ver a sus amores de adolescencia. Había tratado bien a todas sus novias y seguía siendo amigo de ellas cuando las veía en sus visitas de regreso a casa.
—No creo que ninguno de los Daredevil Delaney necesite protección de mí —rió—. Mi jefe me advirtió sobre ti y tu hermano. —El otro camarero, un rubio corpulento con aspecto feroz, carraspeó y la miró como diciendo «vuelve al trabajo» antes de mirar significativamente a la fila de clientes que esperaban en la barra.
—Supongo que te veo luego. Me alegro de verte, Lara —Jack le dedicó una pequeña sonrisa y se dirigió al fondo del salón donde esperaban sus amigos. No quería causarle problemas solo porque podría haberse quedado allí hablando con ella toda la noche.
El bar estaba tan lleno que perdió de vista a Lara durante la noche, mientras se enfrascaba en una conversación seria con Eric y Glen sobre un proyecto que el mismísimo Ashton estaba desarrollando en la zona. Cuando fue a buscarla más tarde, ella ya no estaba, lo cual no le sorprendió. Siempre había sido un mal momento para Lara. Quizás era señal de que debía rendirse de una vez por todas, pero se veía tan bien como siempre, y eso solo había mejorado con la edad. Se sentía como un adolescente decepcionado de nuevo, sabiendo que tendría poco tiempo para ir tras ella este fin de semana.
Quedó en reunirse con los chicos el lunes para hablar más sobre el proyecto antes de irse del bar. Necesitaba pasar un rato con su madre por la mañana antes de la prueba del traje, el ensayo de la boda y la cena de mañana por la noche. El domingo estaría ocupado con la boda. Estos viajes cortos a casa siempre eran ajetreados; suspiró y se preguntó si podría encontrar tiempo para reencontrarse con Lara antes de la boda. Quizás le pediría que fuera su cita.