Capitulo 4

2513 Palabras
Capítulo 4. La campana sobre la puerta de la panadería sonó y Carly escuchó desde la trastienda cómo la dependienta a tiempo parcial saludaba al cliente con una voz agradable pero sin ningún entusiasmo. —Oh, estaba buscando a Carly Carter —balbuceó Lara mientras la joven de cabello multicolor le preguntaba qué quería. —Está ocupada ahí atrás, pero voy a comprobarlo —dijo la chica, y desapareció por la puerta batiente dejando a Lara parada en el mostrador. —Hola, Lara, ¡estoy hasta los codos de caramelo! ¿Te importaría pasar a la cocina? —gritó Carly. —¡No hay problema! —respondió, y se coló tras el mostrador y cruzó la puerta batiente mientras Miss Multicolor regresaba a la entrada de la tienda. Entendía por qué Carly no se movía; una de las torres de croquembouche más altas que Lara había visto jamás se erguía orgullosa sobre el banco mientras Carly batía caramelo y le daba golpecitos con la batidora—. ¡Ay, qué pasada! —Me alegra mucho que hayas venido. No estaba segura de que lo hicieras. La fiesta de esta noche será divertida. He preparado unas tentaciones dulces especiales para esta noche. Están ahí en la caja si quieres echarles un vistazo. Probablemente sea más seguro para ti estar allí mientras yo reviso estas cosas —rió Carly. —En realidad, quería hablar contigo ayer, pero entre Poppy y tu hermano pensé que sería mejor intentar encontrarte a solas hoy —dijo Lara con cautela, nerviosa por pedirle algo tan importante a alguien que apenas conocía y que no la conocía en absoluto. —¿Hablarme de qué? —preguntó Carly, levantando una ceja; su rostro reflejaba curiosidad. —Me preguntaba si… ya que estás sola, podrías considerar contratar a un panadero extra a tiempo parcial. Es que se acercan las vacaciones, y como tu madre no está… —preguntó con cautela—. Trabajo de noche en Kelly’s, así que tengo las mañanas libres —se apresuró a añadir—. También podría ayudarte con tu página web si quieres —le dijo, echándole la zanahoria que había descubierto el día anterior. —Me encantaría que me ayudaran con la página web. ¿Pero tienes experiencia en panadería? No creo que sea un problema mientras sea solo yo. Dios sabe que me vendría bien la ayuda. Normalmente tenemos tres panaderos cuando mis padres están aquí, pero mi madre es bastante territorial, así que tendría que consultarlo con ella —Carly ladeó la cabeza. —Yo… mmm… —Lara empezó a sentir que su valor flaqueaba—. Estaba aprendiendo de un pastelero justo después de que mi carrera como modelo diera un giro repentino —empezó a contar la historia bien ensayada. Sin emociones, sin remordimientos, solo los hechos: podía hacerlo. Tenía que hacerlo si quería tener alguna posibilidad de rehacer su vida con algún tipo de objetivo profesional que no implicara tener que defenderse de las insinuaciones de los hombres borrachos del pub Kelly’s. —¿Por qué dejaste? Quiero decir, ¿por qué dejaste de aprender del pastelero? —preguntó Carly—. ¿No había forma de que pudieras haber conservado el lugar? —Carly soñaba con ir a una escuela culinaria y aprender a ser pastelera en lugar de panadera como sus padres. No es que fuera malo ser panadera. Era excelente en eso, pero quería algo más que cupcakes y muffins, pan y bollos. —Me quedé sin tiempo ni dinero —admitió Lara—. Valió la pena, pero ahora tengo un montón de deudas y, sin la carrera de modelo, no tengo forma de pagar la escuela ni las clases, y por eso estoy aquí. Me vendría muy bien el trabajo, aunque solo sea para las vacaciones, y me permitiría mantener mis habilidades. La cocina de mi pequeño apartamento deja mucho que desear, además, no tengo a nadie para quien hornear. —¿Piensas volver a solicitar una pasantía? —preguntó Carly. —Quizás ya no sé qué quiero hacer, pero tener opciones no está de más —dijo despacio y pensativa—. La verdad es que me encanta hornear; es lo único que echo de menos desde que volví a casa: tener una cocina enorme y encantadora y amigos que siempre querían cosas ricas para sus brunches y almuerzos. ¿Conoces a Gina Izetta? —Lara hizo una pausa. —¿La pastelera? ¿Quién no? ¡Es increíble! ¿La viste en MasterChef la temporada pasada? ¿A quién se le ocurren cosas así? —preguntó Carly entusiasmada. —Una amiga de la ciudad me envió un enlace a un concurso. Gina invita a cocineros caseros a enviar su mejor receta dulce para San Valentín. Como premio, publicará seis de ellas en su próximo libro, y esos seis cocineros serán invitados a un curso corto con la propia maestra. Solo con esa experiencia, los ganadores deberían conseguir unas prácticas donde quieran —dio una versión abreviada de la historia. En realidad, su sobria patrocinadora le había enviado la información. —¿Y qué? ¿Le mandaste una receta? —preguntó Carly. —Recetas y fotos paso a paso, porque cualquiera puede copiar una receta de un libro o enviar la de su abuela sin tener ninguna habilidad culinaria. Creo que por eso ofrece el curso corto, para asegurarse de que las recetas que elige son originales y que los cocineros tienen cierta habilidad. —¿Qué crees que diría si le enviara un pene de chocolate? —Carly se rió. —Bueno, para empezar, es lesbiana, así que algunos de estos bombones de lencería podrían ser una mejor opción —dijo Lara sin poder evitar reír—. ¿Cómo consigues tantos detalles? —Como hay seis plazas en este concurso, creo que podemos llegar a un acuerdo con la cocina mientras mis padres están fuera, si no te importa que también te envíe una receta —dijo Carly—. ¿Por favor? —añadió esperanzada—. Ese sería mi máximo sueño: conseguir unas prácticas en lugar de estar aquí atrapada como mano de obra esclava. —¿En serio? —Lara sonrió radiante. —Claro, sería divertido tener a otra cocinera para charlar de dulces y especias —dijo Carly con una sonrisa, pensando ya en cuál sería su receta más apropiada para un capricho de San Valentín—. Aún tendría que consultarles el trabajo a mamá y papá, pero mientras tanto puedes trabajar en tu receta aquí. Probablemente les alegrará saber que tengo ayuda hasta que regresen. Aunque probablemente el trabajo sea solo temporal. —¡Eso sería fabuloso! ¡Temporal o no, sería increíble! —Lara sonrió. Por fin algo iba bien en su vida, y esta mujer peculiar y franca era la razón. ****** —He oído muchas cosas buenas sobre ti —dijo Paul Ashton, levantándose de la mesa y dando un paso adelante para estrechar la mano de Jack. —Eso es raro en este pueblo —rió Jack—. Me alegro de conocerte. —Toma asiento y vamos al grano, ¿de acuerdo? —invitó Paul. —Genial —dijo Jack. No se le daba bien la charla trivial, ese era el dominio de su hermano. Jack decía lo que pensaba y agradecía que otros hicieran lo mismo. —Ha habido grandes tragedias en mi familia, la más reciente la de mi hija —dijo Paul, y un breve destello de dolor cruzó su rostro—. Ya había estado investigando una operación como esta y me niego a posponerla más. Vengo de una larga familia de hombres que se han beneficiado del trabajo duro y la iniciativa de la comunidad, y es hora de que yo retribuya —comenzó. —Varias de las organizaciones sin fines de lucro más conocidas, como la que propongo, comenzaron como organizaciones a tiempo parcial y crecieron porque existía una necesidad, no solo en sus propias comunidades, sino también en las cercanas. Creo que existe una necesidad en nuestra comunidad, que crece rápidamente, pero no estamos lo suficientemente al interior como para ser considerados rurales, ni lo suficientemente cerca de las grandes ciudades costeras como para ser considerados una base de operaciones. El servicio de helicópteros de rescate para salvamento en el surf, por ejemplo, se convirtió en una operación de búsqueda y rescate aeromédico de clase mundial que ahora también presta servicios a varias áreas regionales —explicó, demostrando que conocía bien a su objetivo. —Los helicópteros de rescate son un equipo increíble, a menudo trabajamos con ellos —dijo Jack sobre su propio trabajo con la organización de búsqueda y rescate del gobierno. —Quiero formar nuestro propio equipo de rescate aeromédico aquí, adjunto al hospital, una especie de cruce entre un vuelo de asistencia y un helicóptero de rescate. Estoy dispuesto a hacer la sustancial inversión inicial y a ayudar con la recaudación de fondos cada año. Mi esposa, por supuesto, es muy buena organizando eventos para organizaciones benéficas. Nos gustaría que te unieras y nos ayudaras a organizar esto. Tu experiencia, tanto en el SASR como en SAR, sería invaluable para asegurarnos de que hayamos considerado todas las contingencias. —No puedo dejar mi trabajo así como así, y hay otros mucho más cualificados que yo en el aspecto empresarial —Jack se recostó en la silla, pensando ya en la logística. Esta comunidad necesitaba algo así con la cantidad de turistas e incluso lugareños que se perdían en la selva o cosas peores cada año. No podía negar que esto sería un gran activo para el pueblo y la comunidad en general, simplemente no estaba seguro de ser la persona indicada para el puesto. No era un oficinista, feliz con reuniones y papeleo. Era un hombre de acción que necesitaba hacer el trabajo, no observar desde la barrera mientras lo orquestaba. —Probablemente sí, pero eres de aquí. Creciste aquí y conoces bien la tierra y la selva. No buscamos otro ejecutivo. Ya tenemos suficientes personas involucradas; necesitamos un piloto, alguien que sepa lo que se necesita para una operación así; para todos los elementos de esta operación. Tenemos un especialista en trauma, un médico y un paramédico listos para unirse; lo que necesitamos es a alguien como tú —dijo Paul sin rodeos—. Son las habilidades necesarias para llegar a los heridos y sacarlos sanos y salvos lo que nos sobra aquí. —No estoy seguro de que mi amigo te haya dado la impresión correcta. No me malinterpretes, me encanta volar, pero mi experiencia con aeronaves civiles es limitada. Soy piloto, sí, pero últimamente suelo ser el que sale del helicóptero en rappel hacia la zona de peligro —rió Jack. Si la vida de otras personas iba a estar en sus manos, no quería engordar su currículum, por así decirlo. No mencionó que también era paramédico titulado, porque ya tenían uno esperando. —Mira, tómate unos meses de vacaciones. Te pagaré por tu tiempo, trabaja con nosotros y descubre qué intentamos lograr. Luego, si quieres, puedes volver a tu trabajo o quedarte como m*****o fundador de nuestra organización —insistió Paul. Quería a este hombre en el equipo. Había investigado sus antecedentes y sabía qué tipo de hombre era: confiable, capaz de manejarse bien en tiempos de crisis, capaz de cuidarse a sí mismo y a quienes lo rodeaban. Además, tenía un título en ingeniería aeronáutica y recientemente se había titulado como paramédico en su trabajo actual, lo que demostraba que era inteligente, fuerte y capaz. —Es mucho que asimilar. Incluso si quisiera tomarme una licencia y revisar este proyecto adecuadamente, tendría que solicitarlo y que lo aprobaran, todo eso lleva tiempo —Jack se detuvo mientras su cerebro pensaba en todos los pros y contras de la idea. —Piénsalo un poco —dijo Paul, deslizándole un paquete de información sobre la mesa—. Llámame cuando quieras, mis datos están en la carpeta —le dio un golpecito al paquete y sonrió. Paul se recostó en su silla. Si este tipo fuera la mitad de bueno de lo que decían, imaginaba que estaría revisando las trágicas pérdidas que la familia Ashton había sufrido recientemente y tendría muchas más preguntas antes de aceptar trabajar con ellos. **Capítulo 5** Cuatro meses después… Jack entró en el pub Kelly’s y miró a su alrededor, observando a la multitud. Vio a su hermano y amigos en su sitio habitual, al fondo, cerca de la mesa de billar. Luego, sus ojos recorrieron la barra. Desde que la vio allí en su último viaje a casa, no había podido olvidar a Lara Collingwood, y decidió que esta vez haría algo al respecto. La vio, y de repente se le secó la boca. Se había enfrentado a mares mortíferos, incendios forestales devastadores, había recibido disparos y se había enfrentado a terroristas, pero hablar con la única mujer que había atormentado sus fantasías desde la adolescencia parecía ponerlo nervioso una vez más. Entró lentamente en el bar; era ridículo, lo sabía. Respiró hondo y se recordó que ella era una mujer como cualquier otra. Habían pasado diez años desde su profundo y arraigado enamoramiento por ella en el instituto. Verla ahora en la luz tenue y llena de gente del bar no debería afectarle en absoluto, pero lo hizo. Siempre había tenido la capacidad de robarle el aliento y hacerlo sentir incómodo, y parecía que eso no había disminuido en absoluto, por mucho que lo deseara. El hecho de que el lugar estuviera adornado con la inminente celebración de San Valentín, que su ciudad natal se tomaba demasiado en serio, no ayudaba en absoluto. Lara había salido de detrás de la barra para recoger una mesa, y él la observó desde sus botas de tacón alto, subiendo por sus piernas torneadas enfundadas en vaqueros ajustados hasta sus caderas y la franja de piel desnuda que asomaba por encima de sus vaqueros y debajo de la camiseta sin mangas que le llegaba al ombligo. Sintió la punzada del deseo y continuó con la mirada sobre la ajustada camiseta sin mangas que lucía la imagen de un angelical Cupido rodeado de corazones y dejaba ver sus hombros bronceados, su largo cuello y finalmente su rostro. Era incluso más guapa que en el instituto, maldijo, esperando que hubiera sido un truco de su imaginación la última vez que estuvo en casa. —Eres un cabrón —se reprendió a sí mismo—. Nada te asusta —se dijo mentalmente, pero al ver a Lara regresar a la barra, supo que no era cierto. Caminó hacia la barra, sin dejar de observarla. Se había cortado el pelo desde la última vez que él llegó, y le caía justo por encima de los hombros en lugar de por la espalda. Su rostro parecía más estrecho, aunque siempre había sido delgada; ahora sus pómulos parecían más prominentes y su boca más carnosa. Sus ojos marrones brillaron y sus labios se abrieron en una pequeña sonrisa.
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