Capítulo 11 —Me acompañaste a casa —acusó, incapaz de responder a su pregunta directamente. Le daba miedo exponerse, y no creía poder abrirse más a él, no sin tener la certeza de que él sentía lo mismo—. Me esperaste y me acompañaste hasta la puerta. —¿Qué quieres, Lara? —preguntó de nuevo, negándose a tocarla hasta que ella le dijera que eso era lo que quería. Ella había dejado muy claro que no quería eso al principio. ¿Qué había cambiado?, se preguntó—. Dímelo, y es tuyo —añadió. En ese momento creyó que si le pedía las estrellas, él se acercaría y sacudiría algunas del manto del cielo. Era culpa suya; no estaría en la entrada a las tres de la mañana tartamudeando y balbuceando si él no fuera tan terco, firme y, tenía que admitirlo, guapísimo. La hacía cuestionar las cosas que creía i

