Capítulo 10 —Sé que no eres tonta —dijo, dando un paso lento hacia ella de nuevo—, porque llevas espray de pimienta en el bolso y no te da miedo usarlo. Lo sé porque saliste del bar por la puerta principal en lugar de por la lateral que daba a un callejón oscuro, y porque incluso ahora tienes el móvil en la mano —miró la mano que ella había metido en el bolsillo de los vaqueros—. Estás lista para pedir ayuda en cuanto te sientas amenazada —dio otro paso hacia ella, agradecido de que no retrocediera—. No eres tonta, pero te arriesgas mucho volviendo sola a casa a estas horas de la noche. —Vivimos en Ashton Hill; aquí la gente ni siquiera cierra las puertas por la noche. Estoy perfectamente a salvo —dijo con voz cansada. —En todos los pueblos pasan cosas malas, por muy seguros o pequeños

