El silencio en el casino era sofocante. Katerina Volkov apenas podía sostenerse en pie, su cuerpo tembloroso era incapaz de asimilar la magnitud de lo que estaba ocurriendo. Su padre la había entregado. Su propio padre la había vendido como si fuera un mero peón en su juego de poder. Aaron Morgan se giró hacia uno de sus hombres, un guardaespaldas de rostro pétreo vestido con un impecable traje n***o. —Lleven todas sus pertenencias a mi residencia —ordenó con su tono frío y autoritario digno de un Rey. Los hombres asintieron y, sin vacilar, salieron del casino para cumplir la orden. Katerina sintió su estómago revolverse. —No. —Su voz se quebró mientras se aferraba al brazo de su padre, como si su toque pudiera traer de vuelta el hombre que alguna vez creyó que la protegería, al hombr

