No iba a mentir diciendo que me agradará mucho la idea de ir al mismo barco donde ayer había entrado a curiosear y que me había causado el problema que tuve con Aric. De hecho aunque no quisiera admitirlo la sola mención del nombre de Aric elevó mi pulso de una manera casi impensable y vergonzosa para mí.
Intenté negarme a ir poniendo un montón de excusas sin embargo como siempre mi madre no me escuchó y ahora estaba en el barco de un tal Harold que gracias a Dios estaba anclado porque a Mia no le había dicho que los barcos me causaban curiosidad no obstante al estar en movimiento me causaba mareo.
— ¡Aric! ¡Harold! —llamó Grant cuando estuvimos en la cubierta.
Pero esta vez pude contemplar mejor el barco aunque noté que no era el mismo donde había estado ayer pero que se le parecía mucho solo que este era más grande.
— ¿Por qué gritas muchacho? —pregunto una voz masculina delante de nosotros.
Un hombre de mediana edad apareció y enseguida contuve el aliento al verlo, no solo porque él fuera una copia mayor de Aric sino más bien porque era un hombre sumamente atractivo y supe que Aric de no tener el rostro surcado de cicatrices sería un hombre sumamente hermoso.
— ¡Vaya! Tenemos visita —dijo este sonriendo—. Hola hermosa Demetria, saludos Rafael, veo que mi barco ha sido invadido por un grupo de bellezas —alabó él galante y después de mirar a las chicas detuvo su mirada en mí y no me perdí que sus ojos me contemplaron con clara curiosidad—. ¿Y quién es esta preciosa damita?
De inmediato le sonreí ampliamente antes de adelantarme a la presentación de todos estos idiotas.
—Soy Cynthia Beckett —saludé con cortesía porque ese hombre simplemente me había caído muy bien a simple vista.
Un deje de curiosidad cubrió sus facciones y algo más que no supe identificar.
— ¿Cynthia? —pregunto un poco perdido en sus pensamientos.
—Mi hija ¿Recuerdas que te hablé de ella? —intervino Demetria y me abstuve de entornar los ojos.
—Sí…
—Papá, el… —Aric se detuvo abruptamente al verme ahí delante de su padre siendo el objeto de su curiosidad—. Hola.
Murmuró ahora con voz lejana sin apartar ni un momento sus ojos de mí ocasionando que me estremeciera ante la intensidad con la que me observaba no obstante nunca se lo demostré incluso alcé mi cabeza como una reina sonriendo con petulancia.
—Aric, ¿Ya conoces a Cynthia? —la pregunta de su padre lo dejó un poco atontado y a duras penas pudo sacar sus ojos de mí antes de dirigirla a su progenitor.
—Ah, si —balbuceó de forma despreocupada—. La conocí anoche.
—Bueno Cynthia, Espero que estés una larga temporada entre nosotros y no solo como vacaciones de verano —dijo él enfatizando la palabra «larga»—. ¿Qué tal si damos un paseo en barco?
»¿Qué dices hermosa señorita?
De alguna manera supe que debía aceptar incluso aunque sabía que las náuseas atacarían.
—Seguro, me gustaría mucho.
—Ya escuchaste muchacho —dijo alegre dirigiéndose a Aric quien me observaba a la vez con algo de sorpresa marcada en sus fracciones.
Probablemente esperaba que rechazara la invitación de su padre lo que me hizo sentir una satisfacción que me llevó a sonreír con malicia.
—Hay que complacer a la damita —volvió a añadir Harold.
Entonces pude captar en sus ojos un destello de algo que no pude definir ni tampoco comprender.
A pesar de todo me sentía extrañamente atraída por él y eso era algo que no me gustaba para nada, apartando todos los sentimientos que me causaba desvíe mi mirada y enseguida decidí que me mantendría lo más alejada que pudiera de él.
Aunque siempre que lo pensaba terminaba más unida que nunca a él.
—Hey, no se irán sin nosotros ¿Verdad? —cuestionó Dalton llegando con la comida junto con Dare quien solo pisó el barco me lanzó una mirada intensa con ese par de ojos rasgados a lo que yo sonreí inevitablemente complacida.
*
Cuando el barco zarpó quién iba al timón no era otro que Aric, mientras que Harold y el resto charlaban salvo por Efrosyni quién hacía minutos se había acercado a Aric tratando de llamar su atención.
Perra gótica.
Fue lo primero que pude pensar enseguida.
Y sentí la incomodidad llenarme.
No se trata solo de eso.
Era algo más fuerte a lo que no quería darle nombre.
Cuando se trataba de Aric a Efrosyni se le olvidaba todo al parecer, incluso que era una gótica que no sonreía.
Me encontraba fuera de mis casillas como nunca antes lo había estado.
Sentía un extraño fuego recorrerme entera a la vez que apretaba mi mandíbula furiosa y estoy segura que también los estaba quemando con la mirada.
Era algo incontrolable y es lo que me ponía aún más furiosa.
—Te gusta Aric o Syni —dijo una voz a mi lado llamando mi atención.
—Maldición si fuera lesbiana no tendría tan mal gusto —gruñí en dirección a la recién llegada.
Thalía sonrió ladina antes de afirmar:
—Entonces es Aric.
—No seas estúpida, ¿Realmente crees que alguien como yo se fijaría en alguien como él? —dije de forma despectiva solo que no era lo que sentía en realidad.
Apreté la mandíbula molesta tratando de que ya no notara nada extraño en mí. Sin embargo su mirada no se apartó de mí por un tiempo poniéndome nerviosa e incómoda solo que logré disimularlo.
—No quieres que responda a eso.
—Y además ¿Por qué parece feliz con ello dado que es obvio que tu hermana está muerta de amor por él? —le dije cambiando el tema por completo.
—No lo creo, nunca me equivoco.
Yo bufé por lo bajo.
— ¿Acaso debo agregar que no me gusta nadie ahora? O bueno, sí, pero está muy lejos de aquí.
—Y respondiendo a tu pregunta —dijo ignorando esto último—. Aric no es para ella, con esa atracción fatal Syni solo terminara lastimada.
— ¿Y tú cómo sabes eso? —pregunté con curiosidad.
—Las cartas hablan —respondió guiñándome el ojo y yo entorné los míos.
—Estás completamente loca.
Si me escuchó no me dijo absolutamente nada antes de darme la espalda e irse.
*
Durante toda una hora estuve escuchando la constante risa de los que estaban alrededor de Harold y por más que el hombre tratara de incluirme en la aburrida conversación yo de un momento a otro me quedaba sin palabras.
Cosa muy extraña para mí por cierto.
No sabía absolutamente nada de la marina, ni del mar en dado caso… ¡Ni de lo que sea que estuvieran hablando en este momento!
Me encontraba lo suficientemente irritada como para tirarme por la borda, ya comenzaba a pensarlo seriamente.
¡Maldición!
Incluso me importaría una mierda que me comieran los tiburones.
¿Habría tiburones aquí?
Porque en serio estoy tentada a lanzarme al agua y acabar con mi sufrimiento.
— ¿Dónde queda el baño? —pregunté como una excusa floja para alejarme y todos los ojos se posaron en mi de repente.
Al parecer había interrumpido una conversación importante pero no me importaba nada, solo necesitaba algo para salir de aquí.
—Hacia allá cariño, no hay perdida la primera puerta a la izquierda —respondió el hombre con voz paternal que comenzaba irritarme.
¿De qué iba?
Bueno, a decir verdad ya me encontraba iirritadade todos modos.
Pero al resto de las chicas las trataba con normalidad, de hecho, casi como si no las conociera.
—Gracias —apenas respondí desaparecí hacia el lugar donde el padre de Aric me había indicado.
Este día amenazaba con ser largo y sobre todo aburrido y ya que no tenía mucho que hacer ¿Por qué no curioseaba un poco más?
De igual forma nadie iba a enterarse.
Todos estaba en la cubierta entretenidos con sus cuentos bardos y aburridos, a la vez que “el capitan” estaba súper entretenido con la zorra gótica.
Probablemente nadie me echaría de menos.
Caminé hacia los camarotes y abrí uno de ellos.
Ese era pequeño y solo tenía una cama individual y una silla.
Nada que ver.
Susurré mentalmente a mí misma y entré en el siguiente.
Este era un poco más grande y contaba con una litera, un closet y un estante lleno de libros.
El tercero también poseía dos literas y lo mismo que el anterior.
Por último me quedé impresionada al ver este, tanto así que entre inconscientemente y comencé a dar pasos seguros a la preciosa cama grande adornada por una colcha dorada perfectamente arreglada que contrastaba con los rayos del sol que se veían por un elegante ojo de buey en el camarote desde donde se podía admirar un paisaje que quitaba el aliento.
Y pronto di gracias por no sentir náuseas en ningún momento desde que habíamos empezado a navegar.
En el camarote también había un closet al cual me encaminé para curiosear más a fondo el armario.
Al abrir lo encontré lleno de ropa exquisita pero solo de hombre.
Cerré las puertas del clóset y volví a observar el camarote, la mesita de noche eran elegantes como el resto de toda esta habitación y en la pared había un gran dibujo del mapamundi con todos los países con sus nombres.
Esta vez me acerqué al precioso dibujo para trazar una línea imaginaria desde Grecia a mi hogar.
Estaba tan lejos que me entristecí por primera vez desde que salí de casa.
Comenzaba a extrañar a mis amigos.
Las fiestas... a Antonella y a Vanessa pero sobre todo a mi papá.
Si yo no me hubiera equivocado estando con mi ex quizás mi padre no me abría enviado lejos de casa.
No tendría ninguna excusa para hacerlo.
Él estaba tan o más apegado a mí que yo a él.
El recuerdo de mi casa me distrajo tanto que no me di cuenta en el momento que alguien había ingresado a la habitación y había hecho bajar las cortinas del ojo de buey causando que el camarote quedara a oscuras.
Cuando lo determine ya era demasiado tarde para escapar.
Unas fuertes manos se apoderó de mi cintura y tan rápido como eso otra calló el grito de terror que estaba por soltar.
Pero pensándolo bien la cercanía de ese cuerpo me era conocida.
¿Quién podría estarme sosteniendo de esa forma si todos en el barco eran conocidos?
Bueno…
Conocidos al menos para mi madre.
No me harían daño alguno.
Por lo que me tranquilizé un poco.
Quizás solo quieren asustarme y burlarse de mí.
Me removí buscando liberarme de su posesivo abrazo entonces él dejó libre mi boca viendo que ya estaba más tranquila.
— ¿Puedes soltarme? Me estás apretando…
Gruñí pero entonces el misterioso hombre ni siquiera se movió, solo murmuró una palabra tan cerca de mi oído que hizo que mi respiración se acelerara y el vello de mi brazos y nunca se pusieran en punta.
—No.
Un simple «No» me había vuelto como loca.
Mi mente no procesaba nada y solo repetía una y otra vez que esa era sin duda alguna la voz más seductora que había escuchado en mi vida, también masculina y con una tonalidad oscura que no había esperado.
¿Pertenecía esa voz alguien de la embarcación?
Y sí era si ¿A quién?
Sonaba familiar pero al mismo tiempo la conocía.
— ¡¿Por qué no?! ¡¿Estás loco?! Suéltame ya —exigí extrañamente excitada—. Además ¿Quién eres y por qué…?
La pregunta murió en mi boca cuando abruptamente él me hizo girar entre sus brazos y para mí sorpresa estrelló su boca con la mía besándome con ímpetu, pasión y deseo que de inmediato me puso a temblar anonadada.
Casi inconscientemente me aferré a sus brazos musculosos clavando mis uñas en su piel sin importarme demasiado.
Este hombre sabía a pecado y no me importaba hundirme en el mismísimo infierno si lo tenía besándome para siempre de esta forma.
¿Había algo mejor que estar en los brazos de este desconocido que besaba como los dioses?
Si era así yo nunca lo había conocido pero este beso me sabía a ambrosía, a cielo y a desenfreno.
Me gustaba tanto que me pegué más a su pecho musculoso el cual estaba desnudo y pude sentirlo con la yema de mis dedos.
La curiosidad me invadió y quise saber si el resto de él estaba en la misma circunstancia, entonces mientras él se aferraba a mis caderas como si no quisiera dejarme ir yo comencé a deslizar mis manos desde su cuello a su torso donde pese a la oscuridad pude sentir un six pack perfectamente moldeado, lo acaricie sin poder refrenarme arrancando de su garganta sexis gruñidos masculinos que comenzaron a humedecerme.
Cuando mis manos quisieron indagar más por su cuerpo fue interceptada por una de sus manos grandes que llevó a las mías de nuevo a su cuello y sin dejar que yo protestar me alzó haciendo que mis piernas rodearan su cintura como si ya estuvieran acostumbradas a hacerlo mientras me mantenía pegada a su perfecto cuerpo. Pero lo mejor simplemente estaba por pasar, porque el misterioso hombre hizo que nuestros centros de deseos de rozaran como una dulce tortura que causó el gemido de ambos.
—Dios, sí —gemí y me aferré aún más a su fuerte cuello.
Entonces no pude reprimirme más.
Como poseída comencé a mover mi cintura de un lado a otro con movimientos tanto provocadores como seductores consiguiendo lo que quería satisfacer mis deseos a tal punto de perder la cabeza.
Él sostuvo con más fuerza mis caderas y supe que pronto tendría sus dedos marcado pero no me importaba para nada.
Lo que necesitaba en ese momento era lo que estaba haciéndome.
Se empujaba contra mi húmedo centro haciéndome jadear sin remedio y supe que de estar desnudos estaría alucinando en este momento.
Se separó de mis labios para deslizar tanto su boca como su lengua por mi cuello hasta llegar al nacimiento de mis pechos.
La blusa era un estorbo tanto para él como para mí por lo que la alzó más arriba de mis senos dejándolos expuestos bajo su hambrienta mirada que sabía que tenía, aún cuando seguían cubiertos por la tela final del brasier.
Pero esto no fue un impedimento para él, pues acto seguido bajó este cubriendo un pezón con la lengua.
Yo eche mi cabeza hacia atrás presa del placer y ambos seguimos moviéndonos en busca de la liberación anhelada.
Nunca había sentido nada igual entonces cuando el orgasmo alcanzó un punto sin retorno yo quise verle el rostro pero el misterioso y sexy desconocido siguió en silencio y oculto entre las sombras encendiendo el fuego de la curiosidad en mí.
— ¿Quién eres? —pregunté agitada.
Él no me respondió esta vez entonces me llevó aún cargada hasta la cama donde me dejó caer con delicadeza antes de darme un beso, pero este, a diferencia de los anteriores que habíanos compartido no están cargados de pasión sino de dulzura.
Era como el azúcar mismo entre mis labios.
— ¿Dónde vas? —volví a sentirlo separarse de mi cuerpo creando un vacío en mi ser.
Y una vez más él no respondió.
Sus paso se dirigieron a la puerta de donde vino un poco de claridad al ser abierta pero lo único que pude ver de él fue su espalda musculosa a duras penas y luego, nada más.
Como una tonta me quedé mirando a la puerta embelesada y cuando corrí a abrirla para ver quién era el que había causado todas esas sensaciones maravillosas en mí el pasillo estaba completamente solo dejándome la duda de quién era ese increíble seductor y si alguna vez tendríamos otro encuentro.
Si me había hecho sentir todo esto aún sin penetrarme cómo sería estar unidos íntimamente, mantenerlo enterrado en mi interior.
Me mordisqueé el labio para no soltar un nuevo gemido y arreglé mi ropa para salir una vez más a la cubierta.
Pasé mis dedos por mi cabello para extinguir esa imagen de recién follada que tenía aunque no pude hacer absolutamente nada con mis mejillas arreboladas y mis labios rojos.
Tenía que salir ahí y encontrar quién había sido ese hombre lleno de pasión que me había hecho estremecer.
Solo así tendría un segundo round quien sabe si más intenso.
Pasé mi lengua por mis labios humedecíendolos de forma seductora una vez que fijaba mi mirada en los tres chicos que estaban ahí Dare, Grant y Dalton.
El trío me devolvió la mirada e incluso como imaginé él movimiento de mi lengua llamó de inmediato su atención encendiendo el fuego dentro de mí.
Aric estaba descartado.
Parecía que en ningún momento se había apartado del timón o de Subí lo que no me hizo sentir demasiado bien y causó una decepción en mí que no quise admitir en voz alta al saber que no se trataba de él.
Una completa locura.
Estaba casi convencida que ese hombre lleno de pasión no se trataba de otro sino de Dare lo que me hizo planear seducirlo hasta que no le quedara otro remedio de tomar lo que anteriormente no había querido hacer.
Un hombre tan caliente como él definitivamente se merecía ser mi primero y yo me encargaría de eso.