No me importó el dolor en la pierna cuando salí del edificio. No me importó que la voz de Matteo gritara mi nombre a lo lejos, distorsionada por el eco y la lluvia. No me importó siquiera cuando el cielo se desplomó sobre mí, empapándome el cabello, la ropa, la piel. El verdadero dolor lo tenía en el pecho. Ardía como un cuchillo clavado entre las costillas, girando con cada respiración. Un dolor que no se podía tocar, ni vendar, ni ignorar. Él había dicho que era solo un trato. Un maldito trato. Después de besarme como si el mundo se fuera a acabar. Después de mirarme como si yo fuera algo que no quería soltar. Después de tocarme con una desesperación que no se finge. Cobarde. Luca no era más que eso. Porque besarme y luego reducirme a un acuerdo era la forma más cruel de protegers

