Esa noche casi no dormí. Cada vez que cerraba los ojos, la misma imagen volvía a aparecer en mi mente. Me giré en la cama mirando el techo del penthouse, escuchando la respiración tranquila de Luca a mi lado. Él dormía profundamente, con un brazo extendido sobre la almohada donde yo había estado minutos antes. Por un momento lo observé en silencio. La forma en que su pecho subía y bajaba con calma. La expresión relajada de su rostro. Parecía imposible pensar que ese mismo hombre pudiera estar escondiéndome algo. Pero la fotografía seguía existiendo. Y ahora también la duda. Me incorporé lentamente para no despertarlo y apoyé los pies en el suelo frío. El penthouse estaba completamente en silencio. Miré hacia el pasillo. El despacho de Luca estaba al final, con la puerta cerrada. Por un

