El alba pintaba el cielo con pinceladas de rosa y naranja, bañando la ciudad en una luz suave y tenue. Jayden, con la mirada fija en el horizonte, inhaló profundamente el aire fresco de la mañana. El aroma a café recién hecho y a metal se mezclaba con la brisa, creando un ambiente cargado de anticipación. Su traje, impecable a pesar de la hora, contrastaba con la informalidad de sus hombres, que se movían con sigilo alrededor de las camionetas. —Señor, ya todo está listo. —La voz de su jefe de seguridad, un hombre de pocas palabras y mirada penetrante, muy parecido a Calvin, resonó en el aire. Jayden asintió, sus ojos recorriendo la formación de sus hombres. Cada uno de ellos era un engranaje esencial en su maquinaria, hombres de confianza a los que podía encomendar su vida. Aunque ciert

