Esa noche, Ronald y Mariana se prepararon para dormir en la misma cama. Mariana, aunque ansiosa por estar cerca de Ronald, sabía que debía ser prudente y mantener su actuación convincente. Mientras ambos se acostaban, Ronald la miró con ternura. —Elena, no te preocupes. Estoy aquí para cuidarte y no dejaré que nada te pase —dijo con sinceridad. Sin embargo, cuando Ronald comenzó a quitarse la ropa, su intención de proteger y cuidar tomó un giro inesperado. Al quedar desnudo, su m*****o erecto quedó a la vista. Mariana, aunque preparada para muchas cosas, no esperaba este desenlace. Se tapó rápidamente con las mantas y lo miró con ojos llenos de sorpresa y reproche. —¡Eres un aprovechado! —exclamó, su voz cargada de indignación. Ronald, sorprendido por su reacción, dio un paso atrás, l

