Capítulo 8

540 Palabras
Él no ha cambiado casi nada. Está más fornido y su mandíbula se ve más marcada, pero sigue usando el mismo corte de cabello y sus ojos café permanecen luciendo tiernos, aunque no me ven. Andrew está sentado en la cabecera de la mesa, inmerso en la lectura de un documento y pidiendo explicaciones a los demás sin apartar su vista del papel; cosa que agradezco ya que no me vio pasar. Wendy -que está sentada a su izquierda- nos hace una seña a mí y a la otra muchacha para que sirvamos los cafés. Con temor a dar un paso en falso, me acerco lentamente para servirle al hombre sentado en el lado opuesto a Drew. Mis movimientos son torpes; la pasante me mira como si tuviera dos cabezas y Wendy como si quisiera matarme. Yo sólo pretendo tardar sirviendo lento para que la otra chica le sirva a Andrew. Cuando estoy vertiendo el café en mi tercera y última taza, Andrew habla haciéndome sobresaltar. —¿Ya solucionaron el problema de compatibilidad con el nuevo software?— pregunta. Wendy es la más rápida en contestarle. —Aún no, señor. Los programadores están trabajando en ello. —Por mi parte creo que el error está en el software, no en nuestro juego— comenta otro de los presentes. —No es ético achacar tus equivocaciones a otra cosa, Eric. Eres el encargado del equipo de programación y hasta ahora, debo decirte, me has decepcionado— dice Andrew —. Este café está demasiado amargo...— lo escucho quejarse después. Detengo mi camino hacia la puerta súbitamente y miro de reojo a la pasante, que se encoge de hombros. Entonces me doy cuenta. El azucarero está en la bandeja que yo tengo. Cierro los ojos y maldigo entre dientes. Lentamente me doy la vuelta y me calmo un poco cuando veo que Andrew continúa leyendo el mismo documento concentradamente. Me empiezo a acercar a él dando pasos frenados, como si mi mente y mi cuerpo no estuviesen sincronizados y mi mente me dice que no me mueva pero mi cuerpo lo hace. Tengo que ponerle rápido el azúcar al café de Drew para que no note que estoy aquí. Realmente, siento que estoy dentro de unos de esos shows de supervivencia en donde los participantes son retados a cumplir ciertas misiones antes que se agote el tiempo. Y casi lo logro, casi lo hago cuando pongo su taza sobre la bandeja para echarle dos terrones de azúcar y remover el líquido con una cucharilla; pero desgraciadamente cuando estoy a punto de devolverla a su lugar, mis manos me fallan. La taza se resbala de mis dedos y cae. Sobre el pantalón de Andrew. —¡j***r!— exclama. Su grito nos hace a todos sobresaltar del susto. Yo, sin saber que coño hacer, me giro nerviosa hacia Wendy, quien me aniquila con la mirada. Andrew, aún quejándose y maldiciendo, saca un pañuelo de su bolsillo e intenta secarse. —¡¿Te das cuenta de lo que acabas de hacer?!— me pregunta. Cuando no le respondo alza la vista para comenzarme a reclamar. Pero al ver mi rostro, él palidece por completo. Hasta aquí llegué.
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