Lucas llego rápidamente hasta la entrada de mí casa, aplaudió llamando para que alguien lo atendiera.
– Hola lucas , ¿Cómo estás?.– Preguntó mí madre.
– Hola señora.– Se toma el cuello expresando vergüenza.– ¿De'laila está?.
– Ella fue a comprar en el kiosco de la vuelta, ve a buscarla, andá.
– Gracias...
Mí madre sonrió mirándolo correr como si se tratara de vida o muerte.
Al llegar al lugar donde me encontraba, tomo unas florcitas amarillas que habían en el suelo, y se acercó a mí lentamente colocandolas en mí cabello, diciendo.– Ahora sí son verdaderamente hermosas.
Di media vuelta, asustada.– ¡Lucas!.– Dije con nervios.– Pense que te habías ido.
– No podría sin antes ver a mí princesa.– ¡Mí Dios!.Mí rostro comenzó a ponerse cada ves más roja, nunca antes me habían incomodado de esa manera.
Camine en dirección recta, sin responder nada.
– ¿Te molesto que venga?.
– ¡No, no es eso! , es solo que me siento un poco extraña.
– Lo sé yo también.– Sus pasos iban a junto a los mios hasta que decide quedarse parado, también me detuve.
– Quizás no debí saludarte como siempre lo hacía, quizás debí empezar el saludo de esta manera.– Tomo mí rostro con sus manos, y me beso.
Sus manos eran tan grandes que podían agarrar casi todo mí rostro. Me beso tan calurosamente que hizo que los bellos de piel de herizaran.
Yo con las compras en mis manos, no podía hacer mucho, solo quede parada como si nada. El beso me tomó por sorpresa.
– Por favor Lucas, tengo vergüenza.– Dije mientras me alejaba de sus labios.
– ¿Vergüenza de mí?.
– No, claro que no es que... nunca nadie me ha besado en público.
– Lo sé, y lo siento De'laila por mí atrevimiento.– Tomó las cosas que traía en mis manos y camino conmigo hasta mí casa sin pronunciar una palabra. Deseaba que no se halla sentido ofendido por mí reacción.
– ¿Que te parece si salimos hoy?.– ¿Una invitación?. Eso significaba que todo estaba bien.
– ¿Pasear?. ¿A dónde?.
– Se me ocurre ir al cine, y luego a tomar un helado, ¿Que dices?.
– Sí, está bien, pero recuerda que no me gusta esperar.– Sonrió.
– Sí... lo sé , te conosco desde que éramos niños.
Aquella tarde me puse lo más bella que pude, use un jeans ajustado y una remera verde que tenía bolados en las mangas, mí cabello lo deje suelto pues lo tenía tan largo que atarlo solo hacia que me doliera la cabeza.
Lucas paso por mí puntual como lo había prometido, en el vehículo que su madre le había regalado en su cumpleaños número dieciséis, ya pronto tendría diecisiete.
Al llegar el bajo del auto y abrió la puerta del acompañante para que subiera, antes de cerrar me dio un beso en la mejilla.– Estás muy hermosa.
– Gracias, tambien estás muy bonito.– Y era verdad.
Subió al auto y nos fuimos a ver una película que estaba de estrenó.
El solo me abrazo en toda la noche, y de ves en cuando besaba mi mejilla nuevamente o mis manos, quería responder pero la vergüenza y la timidez me lo impedía.
Lucas traía puesto el mismo perfume que el día anterior, me encantaba, lo hacía ver más hermoso de lo que ya era, sin que se diera cuenta cerraba mis ojos para disfrutar del aroma, se que parecía una tonta pero en realidad era muy placentero aquel aroma.
Luego salimos a caminar, el tomo mí mano, eso hacia que me sintiera nerviosa pero a la ves me encantaba, me gustaba verme en los reflejos de aquellos espejos junto a el.
Nos detuvimos en un lugar que tenía flores, el tomo una y me lo regaló.
No hacía falta que le dijera los gustos de helados que tenía porque ya lo sabia todo.
Lo espere sentada en una banca, viéndolo correr de lado a lado para atravesar el tránsito.
Al llegar junto a mí dice.– El de chocolate es para ti, se que te gusta mucho.– Me dio el helado pero también un beso en medio de la frente.
No tenía problema en besarme en cualquier lugar, el siempre lo hacía delante de cualquier persona.
Conversamos como siempre lo hacíamos, nuestras charlas siempre eran agradables, las horas fueron pasando y tube frio, Lucas se dió cuenta y me cubrió con su chaqueta, se acercó a mí y me abrazo.
Mientras estábamos en esa posición me dijo.– Hoy le conté a mí abuela que ya eres mí novia.– Me aparte de él y lo mire sorprendida. Pregunté.– ¿Que pensó al respecto?.
– Solamente me dijo que te cuidara, pero también me dio su apoyó.
– También le conté a mí madre, en realidad ella lo descubrió.
– Me parece bien, después de todo ella lo tenía que saber.
Acomodo su barbilla sobre mí cabeza y quedó pensativo.
Me di cuanta de que algo lo incomodaba y pregunté.– ¿Te sucede algo?.
– Me gustaría contarle también a mí madre, pero...
– Dime.– Dije mientras lo miraba a los ojos.
– Ella no es tan comprensible como mí abuela.– Esa respuesta me dió temor.
- No quiero que tengas disgustos con ella solo por mí culpa
– No, no es así, ella no es problema para nosotros, es solo que...le cuesta entender, ya sabes soy su único hijo.
Casi nunca veía a su madre, solo recuerdo su figura una sola ves que la vi pasar por el frente de mí casa con Lucas, ella no visitaba mucho a sus padres, no sabía bien porque. No quise incomodarlo con más preguntas y dejé que todo pasará.
– Ya es tarde y tengo sueño, ¿Podemos volver?.
– Si tienes sueño puedes dormir en mis brazos.– Aún me encontraba entre sus brazos cuando me lo propuso, coloqué mi cabeza sobre su pecho y dije.– No me lo digas Nueva porque lo haré.
– Pues ponte comoda, soy todo tuyo.
Sonreí y sin darme cuenta me quedé profundamente dormida, no recuerdo nada después de lo que el me había dicho, solo recuerdo que cuando desperté, el estaba cantando una canción muy melodiosa, jamás lo había escuchado cantar, era maravilloso para mí.
Su voz me traía paz.
– Lucas...
– Sí.
– Creo que te he baboseado.– El solamente se solto a reír diciendo.
– No es la primera vez, ya sabía que estabas babosa por mí.
Le di un pequeño golpe por su brazo y me levanté.
– Te ves muy cansada, mejor regresemos a tu casa.
– Si por favor.
Me levanté con la intención de caminar y no me había dado cuenta de que una pierna se me había adormecido y no podía caminar.– ¡Ay, ay!...– Dije con dolor.
– ¿Que sucede?.
– Creo que mí pierna se durmió, me duele no puedo caminar.– Me prendi fuerte de sus manos sin poder apoyar el pie.
– Veo que no queda otra salida más que hacer esto.– Me levanto entre sus brazos, y me llevo hasta donde se encontraba el auto. En realidad antes de que lleguemos ya se me había pasado.
Me coloco en el asiento como si fuera una muñeca delicada, me puso el cinturón de seguridad, me acaricio la mejilla y me dió un beso.
Al subir al auto, tomo mí mano y entrelazo nuestros dedos, solamente lo miré expresando una sonrisa en mí rostro.– No creo que puedas conducir así Lucas.– Dije apesar de que no quería pensarlo.
El solo miraba hacia adelante y hacía como si no me escuchará, por mí parte no volví a insistir solo disfruté el momento de poder sentir sus manos.
Al llegar, el me acompaño hasta la entrada de mí casa.
– De'laila, no creo poder venir por unos días a verte, sabes que si pudiera lo haría todos los días pero mí madre me exige que estudie y ya sabes tengo que obedecer.
– Sí, lo entiendo, está bien no te preocupes. Lo abrace por la cintura un buen rato, luego el beso el dorso de mí mano, y se despidió.
Ambos debíamos estudiar, así que solamente los fin de semanas podríamos vernos.