Capítulo — Tocando fondo Fernando se sentía como un barco a la deriva. No era una metáfora poética: era literal. Cada mañana le costaba más levantarse, más calzarse las botas, más sostener la mirada frente al espejo sin preguntarse en qué momento había dejado de reconocerse. El trabajo como bombero, que alguna vez había sido su orgullo, su lugar en el mundo, ahora se había convertido en una carga que apenas podía soportar. Había faltado dos turnos esa semana. La primera vez inventó un dolor de cabeza. La segunda, directamente no atendió el teléfono. Sabía que la paciencia de sus superiores no era infinita. En la estación, el cambio era evidente. Sus compañeros dejaron de hacerle bromas. Ya no le ofrecían café. Lo miraban de reojo, con esa mezcla incómoda de preocupación y distancia que

