Capítulo — Al día siguiente Flor y Gabriel se dispusieron a dejar a sus hijos en el jardín. Dylan y Florencia corrieron con entusiasmo hacia el aula, donde Sabrina los esperaba con una sonrisa amplia. Ese día el ambiente era distinto: mesas bajas, delantales de colores y bandejas listas anunciaban que no sería una jornada cualquiera. Sabrina se había propuesto hacer algo especial. Con un grupo de cuarenta niños a cargo, había decidido enseñarles a preparar galletas, una actividad que siempre lograba despertar risas, manos llenas de harina y una felicidad contagiosa. Cuando vio llegar a Flor y a Gabriel un poco más tarde de lo habitual, les lanzó una mirada cómplice. Sabía que estaban atravesando un momento importante y no tuvo inconveniente en organizar el taller junto a la auxiliar, d

