Capítulo — Una noche de revelaciones —Perdón por lo del beso de antes —murmuró Flor, llevándose una mano al cabello con nerviosismo, como si buscara algo a lo que aferrarse—. Fue… cosa de Manuel, creo. No pude evitar sonreír. No fue burla. Fue agradecimiento. Ese beso inesperado había sido un bálsamo, un ancla en medio de un día cargado de tensión. No tenía palabras para explicarlo, ni falta que hacía. En su mirada había algo que crecía en silencio, una conexión que ninguno de los dos se animaba todavía a nombrar. Por un instante creí que, al fin, la calma nos daría tregua. Me equivoqué. Rosa llegó a la casa como una tormenta anunciada. Bastó su presencia para que el aire se volviera denso, incómodo. Le ofrecí un té frío y dejé café para Flor y para mí, intentando sostener una cordia

