- ¿Ya quieres decirme que te pasa? Yo soy la que sufrió, no tu – pregunto en medio de un murmullo cuando ya estamos los dos acostados en la cama, hombro con hombro y con la vista fija en el techo. Nunca, jamás, Samuel y yo habíamos estado de está forma, ni siquiera cuando tenia esa idea de que somos hermanos tan plasmada en la cabeza, en esos momentos también lo abrazaba, buscando su calor para poder dormir en paz. - Deja de exagerar las cosas, no te hice daño, ángel, deja de repetir que te hice sufrir – no sé si lo que empeora mi humor es su voz monótona o sus palabras. Me volteo de medio lado, viéndolo a la cara y haciendo un ultimo intento porque entienda la verdadera razón de mi malestar. - No es que me hayas roto o pegado, no lo hiciste, lo que pasó, es que me recordaste a todas es

