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1382 Palabras
Me recosté sobre la puerta de la dirección. Adentro mi director hablaba con alguien, así que decidí esperar antes que interrumpir, mi relación con él no era buena y mi hermano estaría esperándome fuera. Jugueteaba con mis piernas, movía mis pies de lado a lado haciéndolos chocar, pero la voz del otro lado de la puerta, llamó mi atención. Me levanté y miré por la ventana a un lado, con cuidado. Solo me bastó ver una cabeza roja para darme cuenta de quien era.  — Yugyeom, ¿qué demonios haces tu aquí? —musité nerviosa para mi misma. Miré hacia todos lados perseguida. ¿Cómo podría yo explicar que un Got7 venía por mí a la escuela?— Entré a la dirección sin pedir permiso. Mi director y Yugyeom me clavaron la mirada al instante. Yugyeom estaba con alguien más que el viejo cascarrabias: Mi hermano, Ben. — ¿Y tus cosas? —preguntó Yugyeom con una sonrisa y  se levantó del pequeño sillón n***o a un costado— — Yo... —desvié mi mirada hacia mi hermano. Estaba un tanto perpleja aun.— ¿qué? ¿mis cosas? ¿para qué? — ______, ¿eres idiota o solo estás dormida?  —preguntó mi hermano gruñendo. Apreté mis labios. Era evidente y estaba siendo idiota— Vinimos a buscarte  — Bien, iré por ellas —respondí apresurada— — Te acompaño —soló Yugyeom y yo lo detuve bruscamente. Noté que el Director y  Ben nos miraban así que lo jalé hacia afuera—  — ¿Estás loco? Ellas, mis compañeras, se tirarán encima tuyo y quien sabe que harán con tu pobre y enorme cuerpo —le hablaba mientras lo sacudía por los hombros. Yugyeom sonrió— — ¿No dijiste que tu mejor amiga era una idiota? —fruncí el ceño. Estaba segura de que no había usado esas palabras para describir a Abie, aunque lo fuera—  — ¿Y eso que tiene que ver? Hablo por tí —le dije y me adelanté— — Será divertido, como con la chica de la gasolinera —Yugyeom me guiñó un ojo. Por más que quise reprimirla, mi boca dibujó una sonrisa en mi rostro. Me tentaba la idea más de lo que me gustaría— — Sólo quédate fuera —le ordené fingiendo seriedad. — Cuando estuvimos en la puerta de mi clase, volví a rogarle a mi amigo que no entrara por nada en el mundo. Entré y comencé a juntar mis pertenencias rápidamente. — Disculpe, profesor. ¿Usted no había dicho que ____ debía terminar con el problema al regresar? —la perra de Abie volvió a mandarme al frente. Kuktsy me miraba invitándome a ponerme frente a la pizarra y realizar el ejercicio extendiéndome la tiza. — — Es cierto, _____, ven aquí y termina el ejercicio antes de irte. —suspiré echando mi cabeza hacia atrás. Tomé mi bolso y arrastré los pies hasta el profesor— — Tengo que irme, realmente es urgente —dije suplicante. Kuktsy me sujetó de la mano y puso la tiza en ella. Bufé— Profesor, esto podría llevarme horas y... me están esperando —continué.— — ¡Ya! ¡haz el ejercicio _____! ¿o eres tan tonta que ni siquiera puedes hacer una cuenta? —exclamó Abie — La puerta se abrió y como era de esperarse, Yugyeom entró y todos quedaron estupefactos. Giré mis ojos al ver a mi amigo estrechar la mano con el profesor Kuktsy formalmente y presentándose.  — Lo siento mucho profesor, apuesto a que su clase es de suma importancia, pero necesito que ____ venga conmigo cuanto antes —Yugyeom entrelazó nuestras manos y miré instintivamente a Abie, no estaba segura del porqué. Quizás sí quería demostrarle que podían sucederme cosas buenas. Su rostro, su expresión me provocó una inmensa satisfacción— ¿Vamos, cariño? —me dijo Yugyeom y besó mi frente. Sonreí y mordí mi labio inferior. — — Vayan tranquilos, ____, el ejercicio estará esperándote —concluyó Kuktsy y asentí con la cabeza— Yugyeom y yo salimos y caminamos unos pasos. No censurar más  mis ganas de gritar, abrazarlo y agradecerle por la estupidez que había echo, pero debía actuar normal. Noté que a pesar que los dos estabábamos cerca de la salida, no soltamos nuestras manos. Pero no me incomodó, no me molestó. Apreté un poco más su mano, no quería alejarme de él, no quería perder nunca su amistad. Ben y Mark estaban en la puerta de la escuela. No había nadie más que nosotros cuatro. Mark estaba sentado en una barandilla, con su cabello rubio revuelto y una musculosa negra. Sentí nuevamente el zoológico dentro de mi estómago. Recordé el sueño y a mí escribiendo en la pizarra su nombre, el sueño. Él tan cerca mío. Vi a Mark desviar la mirada y suspirar. Y luego Ben, acercándose a mí con una expresión que no había visto en él anteriormente. Mi hermano me abrazó, estaba sorprendida porque el no solía hacer ese tipo de cosas. Él  no me demostraba cariño, mucho menos en una situación tan simple y cotidiana como al irme a buscar a la escuela. Miré a Yugyeom confundida, el también había cambiado su expresión. Tenía a un Ben totalmente irreconocible frente a mí, abrazándome, a Mark con una facha afligida y Yugyeom evitando mi mirada, apenado. — ¿Qué tienes Ben? —me animé a preguntar y me alejé, pero el volvió a abrazarme. — Hey, estás asustándome —me reí, pero en realidad estaba nerviosa— Se alejó de mí y me miró fijamente. Sus ojos estaban cristalizados, yo continué con la sonrisa en el rostro, no entendía que sucedía, pero Mark estaba allí y eso era un motivo para que mi cuerpo reaccione así, alegrándose. — Pasó algo, en casa —mencionó nervioso. Pude sentirlo, sus manos estaban sobre mis hombros y temblaban— — ¿Qué pasó Benjamin? —pregunté ansiosa. Si se trataba de una broma, estaba yendo muy lejos.— ¿por qué Yugyeom y Mark están aquí? Es decir... Yugyeom vendría por mí pero...—Ben derramó algunas lágrimas. Me callé. Estaba espantada, no sorprendida. Benjamín jamás había llorado frente a mí, ni siquiera frente a mis padres. Incluso a veces creí que no tenía sentimientos— ¿Ben? —pregunté en un hilo de voz— — Es papá... él, se accidentó —quité las manos de mi hermano sobre mí y me alejé. Repasé sus palabras una y otra vez. Miré a Yugyeom y a Mark, ambos me miraban ¿con lastima?. Me agaché y abrace mis rodillas. Reaccionaba así ante cualquier situación de estrés excesivo— — ¿Murió? ¿el se murió? —grité. Estaba segura de que lo había echo. Ben se arrodilló frente a mi y volvió a rodearme con sus brazos— — No, no murió, ____ ¿quieres tranquilizarte? —exclamó intentando disimular su desperación, pero no podía engañarme, su voz quebrada lo delataba— —¡¿Entonces por qué demonios estás llorando Benjamín!? — Porque... porque él está muy grave y... ya no.. ya no pueden mantenerlo así — El va a morir, ¡maldición Benjamín! ¡dímelo ya! —volví a gritarle pero esta vez me levanté y el hizo lo mismo. Lo enfrenté empujándolo— ¿dónde está? ¿dónde está el? ¿y mamá? —demandé.— — Están... están en el hospital central, pero no irás, no así —Ben me sujetó del brazo y me desesperé. Ni siquiera había notado lo mucho que estaba llorando. Mi cara estaba empapada y mi corazón palpitaba con demasiada fuerza y frecuencia. Empujé a mi hermano y sentí unos brazos tomándome por la cintura, forcejé— — ¿Qué demonios haces tu? ¡suéltame! —grité al ver a Mark intentando sostenerme. Mis piernas tambalearon y Mark llevó mi cabeza hacia su pecho. Me abrazó con tanta firmeza y fuerza que no pude zafarme. — Mi papá, Mark... mi papá está muriendo —dije entre llantos— — Tranquila pajarito, tranquila —musitó. Detuve mi llanto rotundamente, comencé a oír sus latidos. No podía dejar de llorar, pero sus latidos estaban relajándome tanto que ni siquiera podía pensar con claridad. Pajarito. — Pajarito.
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