Capítulo cinco

928 Palabras
Si algo había aprendido de Jerry en los últimos días es que era idiota, pero no peligroso. Probablemente un chicle pegado en el cabello molestaría menos que él, era tan insistente que a veces no encontraba la forma de zafarse de Jerry y sus preguntas absurdas e incoherentes, haciéndole lamentar el momento en que decidió convertirse en su compañera de trabajo. Todo por culpa de Miriam. Habían pasado varios días desde el incidente donde Martha los pilló en una situación más que comprometedora, desde entonces ella no dejaba de preguntar por el atractivo chico de pelo rizado que la visitó el día anterior. Y no era como si se creyera la explicación de que él se había tropezado, era lógico gracias a que se quitó la camisa por alguna razón alocada dentro de su estúpida cabeza. — ¿Crees que Jerry tenga un cerebro del tamaño de un maní o un maní del tamaño de un cerebro? — Preguntó de repente a sus amigas durante una mañana en que Miriam no estaba cerca. — ¿Ha seguido persiguiéndote? — Preguntó Abbie, dejando su libro de lado. — Parece que le gustas mucho, además está hecho un bombón. — ¿Estás mal del cerebro tú también? ¿En qué parte está ‘’Hecho un bombón? — Contestó Hannah, incrédula. — Por su culpa ahora tengo que soportar charlas sobre sexualidad con Martha, para mí no es más que un pervertido delirante alienígena. — ¿Acaso los pilló haciendo algo indebido? Cielos, Hannah, no conocía ese lado de ti. — Dijo Julia, avergonzándola. — Cuéntanos todos los detalles ahora mismo ¿Es bueno en la cama? — ¡¿Y yo cómo diablos voy a saberlo?! Solo fue un accidente pero nunca hicimos nada, cielos. — Se frotó las sienes con los dedos. — Él no deja de ser insistente conmigo, pero no es peligroso, solo increíblemente idiota. El otro día se le quedó la lengua pegada a un cubito de hielo. Escuchó las risas de fondo. Lo peor era que la situación fue cierta. Pero sus amigas solamente hablarían de lo guapo que es, como si ese atributo anulara la increíble estupidez que poseía Jerry como don natural. Ni siquiera quería pensar en la posibilidad de que él gustara de ella. Iba distraída con el móvil, Martha le había enviado un mensaje encargándole la tarea de comprar algunas cosas en el supermercado antes de volver a casa, pero en el transcurso en que leía el mensaje y caminaba por los pasillos tropezó contra alguien que venía corriendo a toda prisa, ocasionando que cayera sentada sobre el suelo tras desestabilizarse. — ¡Lo siento muchísimo! — Escuchó una voz masculina, se trataba de un chico de cabellos rubios. — Venía tan aprisa que no pude detenerme cuando ya me había estrellado contra ti ¿Estás bien? — Yo venía distraída, me habría apartado si te hubiese visto. — Sonrió a medias, aceptando la mano de aquel chico para ponerse de pie. — Me llamo Hannah, es un placer. Él sonrió, estrechando su mano. — Soy León, pero no te preocupes, no soy salvaje. — Comentó. — ¿Esa es tu frase de ligue, León salvaje? — Hannah se rió por lo bajo. — Me decepcionas, pensé que dirías algo mejor que eso. — Puedo decir muchas cosas más. — Aunque dijo eso solo causó que Hannah se riera más. — ¿De verdad no te hago suspirar ni siquiera un poco? Ella negó con la cabeza. — Necesitarás más que eso si quieres conquistarme, no soy una chica fácil. — Veo que eres ruda rubita, y me gusta eso. — Él intentó mantenerla sujeta de la muñeca, llegando a ser incómodo. Hannah sonrió de manera forzada. — Ya puedes soltarme, León. — ¿Por qué? ¿Tan mal te caigo? — Él hizo un puchero que le causó ternura. — Esto ha sido el destino ¿Qué te parece si nos vamos a por un helado para compensar tu caída? Yo te invito. Hannah sonrió, era la primera vez que se le acercaba un chico normal. — ¡Aléjate de mi chica, tú, maldito mujeriego! — De la nada Jerry apareció, golpeando a León con el puño justo en su mejilla y tomó a Hannah de la muñeca. — Nos vamos — Se la llevó arrastrando, corriendo. No importaba qué tanto gritara, lo maldijera o intentara golpearlo, Jerry no le hacía caso en lo más mínimo. — ¡Para, me haces daño! — Jerry no le contestó y siguió corriendo. — ¡Has arruinado una cita! ¡¿Quién te da el derecho de aparecer como si nada, golpear a alguien y llevarme corriendo como si mi vida dependiera de ello?! ¡¿Me estás escuchando siquiera?! ¡Tú, loco…! Lo que no se esperó fue que Jerry se detuviera de inmediato, quedándose en silencio. — ¿Me traes hasta acá sin más y luego te quedas callado? ¿Qué diablos está mal con tu cabezota? — Hannah continuó lamentándose de su cita perdida con un chico guapo y normal, todo por culpa de Jerry. Todas las cosas malas que le sucedían eran por culpa de Jerry. — Yo lo intenté, he tratado de comprenderte y que seamos amigos pero no te comprendo y creo que estás loco, sinceramente. Me persigues a todos lados, no dejas de seguirme y me das miedo. — Comenzó a hablar. — Creo que lo mejor para nosotros será que dejemos de… Pero no terminó de hablar cuando los labios de Jerry habían impactado contra los propios en un beso corto que ni siquiera correspondió por estar en trance. Al separarse vio el rubor en las mejillas de Jerry y su gesto avergonzado, como si se estuviese arrepintiendo, él solamente huyó de ahí y Hannah se quedó sola, pensando qué diablos había sido todo eso. Pero las respuestas jamás tocaron a su puerta.
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