Capítulo cuatro

2012 Palabras
El día había sido realmente algo agotador para ella, quien había pasado el día entero huyendo de Jerry y esquivando cualquier cosa que podría atarla a él de alguna manera, no podía dejar que una mala fama se creara solo por compartir tiempo innecesario. — ¿Cómo van las cosas en tu escuela? — Preguntó su padre, Hannah no era tonta, solo lo hacía para aparentar que no preguntaba al director por cada paso que daba. — ¿Hubo algo interesante? — No realmente. — Negó de inmediato. — Es un lugar bastante grande y hubieron personas que se portaron bien conmigo, creo que me podría ir bien allí de alguna manera. — Debes, recuerda que no volverás a salir de casa si no sabes comportarte fuera de ella. — Contestó a secas, dando un largo y silencioso sorbo a su copa de vino tinto. — Esta oportunidad es única, hija mía. No quiero que la desperdicies. — Lo sé, papá. Siempre que él tenía algo para decir terminaba soltando palabras tan crueles como esa, como si nada bueno nunca pudiera salir de esa boca debajo de aquel bigote tan bien peinado como su cabello. Todo en aquella hermosa y solitaria casa estaba completamente intacto y limpio, como si de verdad allí viviera una familia de ensueño. Y no podía estar más alejada de la realidad. Luego de una cena lúgubre pudo regresar de nuevo a su habitación, dentro de la misma soledad con la que había entrado por primera vez desde que murió su madre. Nada había vuelto a ser como antes, no importaba qué tanto se hayan esforzado en borrar los recuerdos de una persona cuya marca fue más fuerte psicológica que materialmente. Hannah se tumbó sobre la cama. — ¿Hay alguna posibilidad de no tener que cenar con mi padre nunca más? — El señor está ocupado todo el día, cree que es necesario que pasen tiempo de convivencia durante al menos una de las horas de la comida. Seguramente es porque la aprecia demasiado. — Hannah suspiró cuando la mucama le respondió aquello. Por supuesto, la apreciaba tanto que vivía señalándole sus faltas y cada uno de los errores que cometía como si se tratara de un pecado grave e imperdonable. A veces se sentía cansada de llevar una vida como esa. — Tienes mala cara ¿Ha sucedido algo? — Hannah levantó la mirada hacia sus amigas, a quienes pudo encontrar de pura suerte, pero solamente negó con la cabeza. — Hemos visto que te has hecho cercana con Jerry ¿Se traen algo entre manos? Aquella pregunta había venido directamente de Miriam, para sorpresa suya y de sus amigas. — En absoluto, solo compartimos un pequeño proyecto dentro del aula y no ha parado de seguirme desde entonces. Ya no encuentro la manera de huir de él… — Miró hacia los lados, acercándose a sus amigas para hablar en voz baja. — Es un jodido acosador pervertido, no para de seguirme. Creo que a este paso lo reportaré a la policía, me está dando escalofríos de solo pensarlo. — ¿No es lo que hace siempre que le gusta una chica? — Escuchó decir a Julia, pensativa. — Al parecer cree que la única manera de coquetear habida y por haber es siendo completamente hostigante. — Sí, por eso nunca consigue novia. — Añadió Abbie. — Bueno, a excepción de Marisol, la hermana de Miriam. — ¿Tienes una hermana que fue novia de Jerry? — Preguntó Hannah, Miriam asintió. — ¿Y cómo es que pudo soportarlo? Debió haber sido completamente horrible y pesado. — No precisamente, a Marisol le gusta mucho Jerry. — Respondió Miriam. — Pero él terminó con ella porque no la veía con los mismos ojos de amor y luego de un tiempo se le hizo pesado el cargar con los sentimientos de mi hermana. Hannah se quedó atónita. — No puedo creer que sea ese tipo de hombre que desecha a las mujeres luego de jugar con ellas ¿Quién se cree que es? Por fin alguien deja de lado el asco y se enamora y él la abandona, ese tipo merece el infierno. — ¿No crees que lo estás juzgando duramente? Dime ¿Saldrías con un chico que no te gusta solo porque él está enamorado de ti? — La pregunta de Abbie la dejó pensando. — No importa qué tanto lo intentes, la relación simplemente no irá a ningún lado porque no sientes lo mismo, creo que Jerry ha sido muy valiente en decir la verdad. Todas se quedaron calladas cuando Abbie terminó de hablar, principalmente porque llevaba la razón en sus palabras. Pero Hannah sabía que la mirada que Miriam le estaba echando encima en absoluto era una de comprensión, estaba seria, casi haciendo una mueca, de cierta manera pudo comprender su enojo, un tipo había jugado con el corazón de su hermana y sus amigas lo estaban defendiendo, era más que probable lo traicionada que había de sentirse. Pero Hannah no era quién para opinar al respecto. El día de clases pasó relativamente rápido, además de la constante mirada encimosa de Jerry no tuvo otro tipo de dificultades que le impidieran regresar a casa, al contrario, huir de Jerry y sus ridiculeces le permitieron hacerlo más rápido. — Es un completo idiota sin cerebro. — Suspiró, dejando la mochila en alguna parte de su habitación luego de lanzarla y bajando las escaleras hacia la cocina en busca de algo comestible. — ¿Le fue bien en la escuela, señorita? — Se llevó un gran susto cuando una voz sonó a sus espaldas. — Martha, no te sentí llegar, casi me matas de un paro cardíaco. — Se llevó la mano al pecho, tratando de calmar su acelerad corazón. — Sí, me fue bien. Solo estaba buscando algo para comer. Al ver su ceño fruncido supo que sería regañada. — No puede hacer eso, más tarde no tendrá hambre para la cena y sabe que su padre detesta que deje el plato sin terminar. Luego a quien regañan es a mí. — Ella le quitó la tostada con mermelada de la boca y señaló la salida. — Vaya, tome un baño relajante, cámbiese de ropa y luego venga a cenar como es debido. — Sí, Martha. — Rodó los ojos, suspirando y extrañando la tostada que le quitaron. — ¿Ya está mi padre en casa? — No, pero vendrá para cenar con usted. — Llevas diciéndome lo mismo desde hace ya dos semanas completas y sigo cenando yo sola. — Respondió Hannah. — Mejor dime que no me haga ilusiones y que solamente me estoy preparando para algo que no va a pasar. Martha la miró salirse de la cocina, sin poder hacer nada al respecto. Hannah ya estaba acostumbrada a que solamente fueran ellas dos en todas las cosas. Nunca conoció a su madre, murió luego de dar a luz, y no tenía recuerdos de su padre cuando era joven. Solamente Martha, sus amigas y los profesores que iban a darle clases cuando estudiaba en casa por ser una niña enfermiza y débil. Pero se había propuesto mejorar y estar saludable solamente para demostrarle a su padre que podía estar perfectamente bien afuera, como una adolescente normal. El teléfono sonó poco antes de que ella subiera por las escaleras, Martha estaba ocupada con la comida y decidió echarle una mano para no dejar todo el trabajo sobre sus hombros. ¿Hola? —Contestó, del otro lado solo se escuchó un sonido raro. — ¿Quién es? ¿Está tratando de jugarme una broma telefónica? Señorita ¿Ahí lavan ropa? — Escuchó una voz masculina del otro lado de la línea. No, aquí no lavamos ropa. — Siguió el juego pese a que ya conocía aquel chiste tan trillado. Pues que cochinos. — Contestaron del otro lado, estallando en risas. Solamente cuando escuchó las risas pudo reconocer a la persona. ¿Quién diablos te dio el número de mi casa? ¿Estás acosándome acaso? ¿Quieres una orden de restricción por mi parte?  — Se cruzó de brazos, sujetando el teléfono entre la mejilla y el hombro. Bueno, está bien que no tengas sentido del humor. — Contestó Jerry del otro lado de la línea telefónica. —  ¿Sabías que en dirección están los datos personales de todos y te los dan si pretendes que son familia? —Ríe descaradamente— Descubrí que el segundo nombre de Kyle es petunia. Eres un pervertido acosador, Jerry — dijo Hannah — ¿A qué llamaste? ¡Cierto! Casi lo olvidaba. — Recordó de repente — ¿puedo ir a tu casa? No digas que no porque ya estoy aquí, gracias Hannah eres un amors, te espero afuera. Y luego sin decir nada más ni dejar hablar a Hannah él solamente colgó la llamada. — ¡Estúpido pelo de muñeca vieja! — Masculló, no teniendo de otra que ir a abrirle la puerta antes de que decida entrar solo por la ventana. Aunque si cerraba todas las ventanas no podría entrar. Imposible, llamaría la atención de los vecinos si vieran a un chico atractivo pero idiota llamando por su ventana y no dudarían en dar avis a su padre. — ¿Acaso no te quieren en tu casa? — Preguntó en el momento en que le abrió la puerta. — ¿Qué te hace creer que aquí si te voy a aceptar? — El que me hayas abierto la puerta deja mucho en qué pensar. — Contestó él felizmente, abriéndose paso. — Wow, que casa más lujosa, hace que parezca una pocilga la mía. — Sí, pero agradecería que no tocaras nada. — Le quitó un invaluable jarrón c***o de las manos. — Solo te abrí para evitar que te cueles por mi ventana otra vez, así que no te confundas. — Se ve que me conoces bien ¿Tanto así te gusto? — Preguntó con cierto tono de burla. — Es una pena que yo sea un alma libre como el viento, nací solo y moriré solo. Hannah no se tragaba aquel cuento. — ¿Entonces por qué te la pasas siguiéndome? Además, he escuchado por ahí que has tenido de novia a la hermana de Miriam, así que como que no eres muy fiel a tus principios que digamos. — Errar es de humanos. — Es todo lo que contestó con respecto a Marisol. — Además, me has caído bien y sé que te atraigo tanto como para querer meterme en tu cama pero soy un hombre puro y limpio que no sucumbirá ante los deseos carnales. — ¿Entonces por qué te estás quitando la camisa, maldito pervertido? — Le arrojó lo primero que pudo alcanzar: Un peluche, y se lo pegó por la espalda. — No te he traído a mi habitación para tener sexo, espero que eso te quede claro. Jerry alzó una ceja, agarrando el peluche. — Pero tengo un físico de dios griego ¿Ni siquiera así? — Probablemente tus padres te mintieron para que te sintieras mejor contigo mismo. — Rió. — Porque eres feo. — ¡Eso no es cierto! — Por supuesto que sí, feo. — ¡Tú eres la fea aquí! — ¿Me estás diciendo fea luego de haberte pasado todo este tiempo repitiendo lo linda y sexy que te parezco? — Hannah continuó riéndose, molestar a Jerry era realmente divertido. — Como se esperaba de ti, además de feo eres todo un mentiroso. Jerry se puso de pie, dirigiéndose a ella para romper la distancia y con la intención de acorralarla, pero su propósito se vio afectado cuando dio un traspié y fue a parar al suelo. El problema de aquello fue que arrastró a Hannah con él, quien quedó debajo. — ¡Eres pesado, quítate de encima antes de que alguien…! — Demasiado tarde, la puerta se abrió y dejó ver a Martha sorprendida, Hannah inmediatamente golpeó los bajos de Jerry y se lo sacó de encima. — ¡No es lo que tú crees, Martha! Por favor no la malpienses. — Esto quedará entre nosotras, soy una tumba. — Cerró la puerta de inmediato, dejándola ahí con el malherido. — ¡¿Ves lo que has conseguido, estúpido?! — Le gritó a Jerry. — ¡Por tu culpa ahora va a pensar que meto desconocidos a mi casa para tirármelos! Jerry exhaló de manera ahogada, quejándose por el dolor de sus bajos tras ser pateados. — Sí que golpeas fuerte. Me pregunto cómo se sentirá un par de azotes con esas manos tuy… Aquel comentario fue más que suficiente para que recibiera un golpe igual en la entrepierna, cortesía de Hannah.  
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