Una desepcion
Corro lo más rápido posible, mis lágrimas nublan mi vista. No lo puedo creer, mi vida está llena de decepciones. Oigo que me gritan, sigo corriendo y, como siempre, mi cuerpo no me da para más. ¿Cómo es posible que una persona que pensabas que te amaba te haga tanto daño? No lo puedo creer.
—Made, espera por favor, no es lo que piensas.
—¡Jajaja, seguramente estaban jugando a los papás! No me digas, no me creas idiota. Sé perfectamente lo que vi. Solo una cosa que no me deja pensar: ¿por qué? ¿Qué faltó para que me fallaras de esa manera?
—Ay, Made, por Dios. No te has visto en un espejo. Yo te quiero, pero no te amo. Y de eso me di cuenta hace tiempo. Pero no te quería lastimar. Mírame y mírate, no somos iguales. ¿No lo ves? Un hombre como yo jamás estaría con una chica como tú.
Sonrío sarcástica y levanto una ceja.
—Como yo, como inteligente, hermosa, autosuficiente, que no necesita a un hombre a su lado para ser alguien en la vida. ¿O te recuerdo que yo, por estúpida, le pedí a mi amiga que te diera trabajo y se te olvidó?
Lo veo rojo. Si piensa que me va a denigrar, está muy equivocado. Estaré gorda, lo acepto, pero sé que soy linda e inteligente. No me voy a menospreciar por un idiota sin oficio ni beneficio. Si me duele que me rompió el corazón al verlo en la cama con mi ex mejor amiga, pero eso no me va a tumbar jamás. Me repuse antes cuando era una jovencita, con más razón ahora. Me volteo para irme, no tengo nada más que escuchar, pero éste me la paga como que me dejó de llamar Made.
—Una cosa más, estás despedido.
Solo veo cómo se le van los colores de la cara. Pensó que conservaría todo lo que le di. Está loco. Yo solo sonrío. Me duele mucho lo que me hizo, pero veamos cuánto le dura el gusto con mi amiga. Ya me di cuenta de que es una interesada que no tiene ni remordimiento. Lo puedo apostar.
La mañana siguiente la paso hablando con los organizadores de la boda. Obvio, no va a haber boda cuando me dicen que un poco más temprano el novio habló con ellos para decirles que sí habría boda, pero no con la misma novia. ¡Qué descaro! Como yo había dado el primer depósito, vamos a ver cómo le hace para liquidar todo. Tengo que hablar con mi amiga, ella me ayudó a organizar todo. Eso debió ser una señal cuando él no se involucró en los preparativos de la boda y muchas cosas más que no había visto. ¡Qué ciega fui!
—Hola, Diane, ¿cómo estás, hermosa? Oye, necesito hablar contigo. ¿Cómo te digo esto? ¡Ay, por Dios, ya no me voy a casar!
Vale, lo solté, y no sabía cómo decírselo.
—A ver, Made, espera un momento. ¿Cómo que no te casas? No entiendo.
Solo suspiro.
—Pues así, amiga, ya no me caso.
—Pero ¿por qué? ¿Te das cuenta de que faltan apenas unas horas para tu boda?
—Pues para eso te hablo. Quiero que hables con la organizadora. Ahora no te puedo explicar, pero te juro que hoy en la noche hacemos noche de chicas y te cuento todo, te lo prometo.
Una lágrima se desliza por mi mejilla. Trato de pasar el nudo de mi garganta.
—Vale, Made, yo arreglo todo. No te preocupes. Pero me vas a platicar todo.
Asiento como si me estuviera viendo y solo contesto.
—Sí, al rato te marco para que nos pongamos de acuerdo.
Solo escucho que alguien le grita "enana, ¿qué pasa?". Sé que es uno de los mellizos. Mi amiga tiene hermanos mellizos, y sé que es Alan. ¡Qué vergüenza!
—Made, al rato te marco. Llegaron los clones, ¿vale? ¿Vas a estar bien, cierto?
Sé que voy a estar bien. Ella sabe cómo soy. Escucho una carcajada. Claro que lo sabe. Ella es especial y súper importante en mi vida. Ella no es una amiga, es una hermana de las que el destino te pone en el camino. La vida te recompensa de todo lo malo que ha pasado cuando te pone a una persona así. Ella es única. Desde el día uno que la conocí, me di cuenta. La quiero tanto y sé que soy correspondida en ese cariño.
Cuelgo el teléfono y me recuesto en la cama. Mis lágrimas se desbordan sin quererlo. No me doy cuenta cuando me quedo dormida, pero mi teléfono empieza a sonar insistente y, todavía algo dormida, me siento en la cama. Lo veo y tengo montones de llamadas de familiares, amigos, hasta del idiota. Este sí que es cínico. Me imagino que me quiere, pero que ni sueñe que le voy a contestar. Que se las arregle solo.