El pasado toca a tu puerta

1318 Palabras
Definitivamente no voy a dormir, doy vueltas en la cama y vuelvo a chequear el reloj; ya son las cinco de la mañana. Por Dios, me siento cansada, frustrada, mil sentimientos encontrados. Mejor me levanto para chequear que no me falte nada. Sinceramente, no quiero volver a España. Me encanta este país, pero no lo que pasó en él, así que en un buen tiempo no quiero estar aquí. Escucho el sonido de mi celular y lo dicho, lo voy a soñar, contesto sin ver quién es. —Hola. Y vaya que dónde tengo mi cabeza. —Made, buenos días. Soy Alan, ayer no recibí tu dirección y estoy por salir a tu casa. ¿Me la podrías mandar? Qué vergüenza, pero qué cabeza la mía. —Claro, discúlpame. Me quedé dormida y lo olvidé. Ya te la mando. Cuelgo y le mando un mensaje con mi dirección. Escucho el timbre y estoy en mi habitación tratando de bajar mis maletas. Es un caso perdido, están muy pesadas. Las dejo al pie de la escalera y bajo para abrir la puerta. Por Dios, pero si Dios está tirando ángeles y bien bendecidos. Creo que me quedé muda, porque él me ve con una sonrisa torcida. Había olvidado lo guapo que era. —Hola, Made, ¿cómo estás? Qué vergüenza. —Bien, pasa. Me hago a un lado para que pase, pero él se acerca y me da un beso en la mejilla. Definitivamente, eso no lo esperaba. Cierro la puerta, todavía en shock. —¿Ya estás lista? Definitivamente, no lo recordaba así. —Sí, claro, solo tengo que bajar mis maletas, son muchas. Sonrío apenada. —No te preocupes, ¿dónde están? Yo te ayudo. Le señalo las escaleras y él comienza a bajarlas. Vamos en el elevador en un silencio un tanto incómodo. Creo que no fue buena idea el irme con él. Digo, no le tengo tanta confianza. Llegamos a recepción, me despido del guardia, dejo mis llaves y le comento que un asesor de bienes raíces vendrá a revisar el departamento, ya que lo pondré en venta. Cuando volteo a ver a Alan, está sorprendido. —¿No piensas volver? Yo solo niego con mi cabeza. Llego al aeropuerto y saco mi boleto. Alan me lo quita y yo lo miro con una ceja alzada y me cruzo de brazos. Me toma de la mano, no me di cuenta, pero ya unos chicos traen mis maletas y las llevan por un pasillo especial. —Oye, ¿qué te pasa? ¿A dónde vas? Él solo me ve, sonríe y me guiña el ojo. —Tranquila, nena, nos vamos en mi avión. Tengo que llevarte segura, si no, Leo me mata. Yo asiento y lo sigo, pero no suelta mi mano. Subimos a un hermoso avión con asientos de piel en color camel, letras doradas. Se lee una "AR". Está precioso, con su tapicería en color vino, hace un contraste único. Tomo asiento y comienzo a abrochar mi cinturón. Llega una azafata y le sonríe a Alan como si se le fuera a partir la cara en dos. Yo solo volteo los ojos. Está más cínica, no puede ser. Escucho al capitán decir que estamos despegando. Me pongo mis cascos. Planeo dormir y la música me arrulla, así que eso estoy haciendo cuando siento que alguien se sienta a mi lado. Yo solo volteo sorprendida y me quito los cascos. —¿Te puedo ayudar en algo? Él se pone un poco tenso y carraspea. —Bueno, yo quería hacer una pregunta. Que no sea de la boda, por favor. —Claro, dime. Él se queda pensando. —¿Por qué tú y yo nunca pudimos ser amigos, así como lo eres con mis hermanos? Digo, no me malentiendas, pero Leo te adora y Diane también. ¿Por qué conmigo pusiste distancia? Yo solo suspiro. Me siento mal con lo que voy a decir, pero si algo le aprendí a mi amiga es ser sincera, es lo que voy a hacer. Carraspeo. —Bueno, verás, a mí no me gusta la gente hipócrita y menos que me miren con lástima. Así que te agradezco que me acompañes ahora, pero aterrizando, te agradecería que tú te fueras por tu lado y yo por el mío. Si nos topamos, solo ser cordiales y educados, es todo. ¿Te parece? Pobre, veo cómo se le fueron los colores. Sí, creo que recuerda ese momento. Yo jamás lo voy a olvidar. Y es que sea rencorosa, pero sí me lastimó. Él cierra sus ojos y suspira, solo asiente y se levanta para sentarse en otro lugar. Me vuelvo a poner los cascos. No estoy prestando atención a la película, una lágrima resbala por mi mejilla y la limpio antes de que se den cuenta. Estoy cansada y, sin darme cuenta, me quedo dormida. Siento que alguien toca mi hombro. —Señorita, ya aterrizamos. La esperan. Yo solo asiento, arreglo mi cabello de loca, si lo parezco, y me levanto. Tomo mi laptop y mis cascos, me cuelgo mi mochila en el hombro y camino por el pasillo. Voy bajando por las escaleras cuando escucho la voz más hermosa que he extrañado tanto. —¡Hola, nena! Levanto mi cabeza y sí, es el hombre más hermoso y al que amo mucho como a mi hermano. Corro lo más que puedo y me lanzo a sus brazos. Me llena la cara de besos y me limpia mis lágrimas. —Te extrañé, nena. Yo solo beso su mejilla. —Yo también. No te imaginas cuánto. Pasa su brazo por mis hombros y veo que se despide de alguien. Volteo y es Alan. Se sube a su coche y me regala una sonrisa triste antes de perderlo de vista. Seguimos caminando abrazados y llegamos dentro del aeropuerto. No lo puedo creer, corro al ver a mi amiga. Me abraza fuerte y era lo que necesitaba, estar con mi familia, con mis amigos. Escucho unas vocecita y miro hacia abajo, por Dios, están enormes. —Hola, tía madrina, a nosotros no nos das un beso. Yo solo sonrío y me pongo a su misma altura. —Claro que sí, mi príncipe y princesa. Los extrañé muchísimo. Empiezo a comerme a esos bellos niños a besos. —Les traje regalos, ¿apoco creen que me iba a olvidar de los más preciosos? Claro que no. Ellos gritan juntos un "¡sí!". Mi amiga me abraza y en secreto me dice. —Los vas a malcriar y después yo batallo con ellos, pero me da mucho gusto que regresaras. Tienes mucho que contarme. Yo solo asiento y oigo que Leo me grita. —Eres una ingrata, yo te amo más que ellos y te conocí primero que esos mocosos. No se vale. Me está haciendo un puchero, en serio, ay, no, este hombre nunca va a cambiar. Yo solo sonrío y niego. Ya extrañaba estos momentos. Llegamos a casa de mi amiga y quedamos en hacer noche de chicas, pero la desvelada me está pasando factura, y ella lo entendió perfectamente. Así que estoy en su casa, en la recámara de huéspedes. Tengo que comprar un departamento. No me puedo quedar a vivir toda la vida con mi amiga, su casa es grande, pero no quiero abusar. Escucho que tocan la puerta y ya sé quién es, pues no se quiso ir a dormir a su departamento. Dijo que estaría conmigo hasta que nos pusiéramos al corriente. —Adelante. Se abre la puerta y veo que asoma su cabeza. Él es un caso perdido, parece un pequeño. Yo sonrío y corre y se avienta en mi cama, se acuesta en mi abdomen. Antes tenía esa costumbre, mientras yo peinaba su cabello con mis dedos, él me platicaba todo lo que pasaba y yo igual. —Comienza, nena, tenemos toda la noche. Yo solo suspiro.
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