Prólogo:
En la quietud de la noche, el corazón de Margo Vane palpitaba con fuerza, su pecho parecía a punto de explotar, su respiración agitada, y sus ojos grandes, inyectados de resplandecientes tonos marrones, iluminaban aquel callejón.
—¿Estás bien? —una pregunta seca, llena de temor.
—Dime algo, no, no me hagas esto.
Entre susurros e intentos inútiles, un hombre ensangrentado, con el cabello cubriendo su rostro, se alargaba entre las bolsas de basura. El maullido de un gato alteró aún más los nervios de Margo.
—Por favor, responde —suplicó—, dime algo.
De rodillas, con los ojos hacia el cielo, sintió como si su alma saliera de su cuerpo, y luego entonces…
—Creo que sí… —respondió con esfuerzo, casi en un murmullo.
—Debo llamar a la policía, a una ambulancia —dictó desesperada, aunque su pecho se sentía más que aliviado.
—No.
—¿No?
—No, no es necesario, solo ayúdame a ponerme de pie —dijo aquel extraño.
Margo apretó los labios, respiró con profundidad, y sin pensarlo demasiado, tomó sus manos, un calor inexplicable y un cortocircuito seguido de un tirón eléctrico recorrieron su piel.
—Despacio.
Más tarde pensaría en cómo había conseguido ponerse de pie, y más aún cómo había conseguido levantar al tipo que en ese instante la miraba con rabia, con ojos: intensos y fieros, grises, rasgados como los de un felino.
—Necesito ocultarme —musitó, su rostro estaba cubierto de sangre, sus cabellos aún ocultaban su rostro, pero Margo era capaz de verlo, alto, corpulento, con espalda ancha y hombros tan grandes como sus manos.
Margo abrió la puerta, vivía en el segundo piso de un viejo edificio, encendió las luces ámbar y ladeó su cuerpo, el tipo de casi dos metros cruzó el umbral, cojeaba y se dolía; con una de sus manos en sus costillas intentaba calmar el dolor que le causaba respirar.
Margo estaba asustada, y no solo era el hecho de haber encontrado a un desconocido tumbado en medio de un callejón; no sabía de quién se trataba, y aunado a eso, la idea de verlo cubierto de sangre, desaliñado, con heridas en el cuerpo, agravaba la intención de la pregunta. ¿Qué estás haciendo?
Ella había hecho un esfuerzo sobrehumano, después de todo levantar casi cien kilos de músculos no era una tarea fácil, y menos para una mujer que lucía tan delgada.
Una silla estaba cerca de la entrada, él se sentó, arqueó la espalda y apretó los ojos, realmente estaba sufriendo. Margo fue por el teléfono que tenía en una pequeña mesa al final de la sala de estar, se lo entregó, y aunque lo dudó un segundo, se armó de valor y buscó gasas, algodón, alcohol, vendas y todo lo que consideró útil.
Entró por el pasillo, casi a tientas, inconsciente de sus movimientos, en silencio.
—Ese hijo de puta me traicionó —con la voz forzada, sus palabras golpearon los oídos de Margo; ella detuvo su andar, sus labios se secaron y sus ojos perdieron la luz.
—Debo colgar, te busco después. Quiso preguntar: ¿Con quién hablas?, ¿quién eres?, ¿quién te hizo esto?, pero calló.
—Gracias, no sabes lo que daría por un vodka —la miró con profundidad, con una sonrisa que se agrandaba en lo ancho de sus mejillas, mientras un par de hoyuelos se dibujaban en su barba amarilla.
—Traje esto, espero que sirva de algo —mostró todo su equipo de curación—, ¿necesitas que te ayude?
—Si no es mucha molestia, sí —replicó. Se quitó el saco con dificultad, como si nunca lo hubiera hecho. Su camisa blanca ceñida a su piel mostraba lo que el color n***o de la tela no había intentado: un hoyo en el hombro. Margo no pensó mucho, se acercó, con sus manos intentó descubrir el origen; este tenía una salida, supo que se trataba de un disparo, de una bala que había perforado su piel.
—Tiene salida —dijo, o quizá solo lo pensó para sí misma, tomó un poco de algodón, lo bañó en alcohol.
Gritó, apretó los labios, los puños, y un golpe sobre la madera silenció la habitación. Sobre el suelo perdió el conocimiento.
.
—¿Cómo te llamas?, susurró Margo.
—Yago, Yago Lancaster —sus ojos se abrieron y la luz del sol iluminó sus mejillas, mientras Margo cambiaba el pedazo de tela húmedo y caliente de su frente por uno limpio y frío.
NOTA DE AUTOR:
Una noche, un extraño y un secreto que lo cambiará todo...
¿Qué harías si encontraras a un hombre de casi dos metros, herido y peligroso, desangrándose en el callejón de tu casa?
Margo Vane solo quería una vida tranquila, pero el destino (o una traición sangrienta) puso a Yago Lancaster en su camino. Él es fuego, es peligro y pertenece a un mundo donde la lealtad se paga con la vida. Ella es su única oportunidad de sobrevivir, pero ¿quién la protegerá a ella de la intensidad de esos ojos grises?
Estoy muy emocionado de presentarles mi nueva novela: "Mafia: Un secreto inconfesable". Es una historia donde el peligro camina de la mano con la pasión, y donde cada rincón esconde una verdad que no todos están listos para escuchar.
¿Por qué leer esta historia?
Yago Lancaster no es el típico héroe; es un león herido buscando venganza.
Desde el primer roce, la química entre Margo y Yago te dejará sin aliento.
Secretos familiares, traiciones y una guerra de poder que te mantendrá al borde del asiento.
¡Tu apoyo es mi mayor motor!
Esta historia apenas comienza y me encantaría que me acompañaran en cada capítulo. Si te gusta lo que has leído:
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Bienvenidos al refugio de Margo... y al caos de Yago. ¿Se atreven a entrar?