| Mi chispa |

1678 Palabras
Capítulo 12 Nicolle Evie se ve cansada, la cargo con cuidado. Le limpio la carita y ella bosteza. Si, ya tiene sueño. Alexander se acerca a nosotras y por un momento creo que lo hace por mi. El pulso se me acelera y el se inclina para dejar un beso en la cabecita de Evie. Está tan cerca y a la vez tan lejos. Lo siento, siento esa barrera que quiere levantar entre nosotros y yo estoy dispuesta a derribarla. Levanta su mirada hacia mi, me pierdo por un momento en sus ojos, no soy yo la que debe ser débil y caer ante él, es él quien debe caer ante mi. —Adios Nicolle —susurra aún sin alejarse. Doy un paso hacia él. Evie queda entre nosotros. Evie es lo único que impide que me lance a besarlo y demostrar que me sigue deseando cuando corresponda a mi beso. —Fue un error —recalaca como su viera el anhelo en mis ojos—. Fui un idiota y… Retrocedo. —Ire a dormir a Evie. Hasta luego Alexander —no lo dejo hablar, no quiero escuchar eso de nuevo. Pero me temo que lo escucharé más veces de las que son necesarias. Me alejo hacia la habitación de Evie. El corazón me late con prisa, hay algo nuevo ahí, que duele un poco. Él hace que duela, pero yo haré que viva. Eres mi chispa Alex, lo siento. Lo siento dentro de mi. Me gustas, te deseo y te demostraré que podemos sentir mucho más que eso. … Cambio a Evie de ropa, le doy su biberón y se queda dormida. Duerme tan tranquila ajena a las complicaciones del mundo y al retumbar de mi corazón cuando pienso en su abuelo. Se que es un hombre mayor, se qué quizás no debería verlo de la forma en que lo hago. Y la verdad no pienso en ninguna de esas cosas cuando lo veo a los ojos, cuando veo su cuello y los primeros botones abiertos de su camisa. Es tan atractivo que no me importa nada más. Evie duerme gran parte de la tarde, yo me dedico a ayudar un poco a Rose con las tareas de casa. Ella me dice que no me preocupe, que sabe que cuidar de Evie ya es suficiente trabajo, pero no me puedo quedar quieta mientras ella duerme. Cómo Rose dijo llegó temprano, primero fue con Evie, la abrazo y la beso como si llevara una vida sin verla. Luego se metió a la cocina para preparar la cena. Me cuenta un poco sobre su día. Cuando ella llegó a Londres yo la trataba cordial, pero ella dijo que dejara de hacerlo. Al principio me sentí incómoda, luego todo cambió, es una mujer muy buena, amable. Habla conmigo como si lo hiciera con una amiga. —¿Estás segura de que no te quedas a cenar? —pregubto una vez más. Negué. Aunque lo hacía con buena intención no quería molestar en sus momentos familiares. —Bueno, lo intente. Mi padre vendrá a cenar, así que quiero hacer uno de sus platillos favoritos —dijo con una sonrisa. —Se ve que adoras mucho a tu padre —comente. —Creo que eso ya lo has notado. Toda la vida hemos sido el y yo. Ahora yo tengo mi familia, pero jamás podría olvidar todo lo que él ha hecho por mi. Habla con adoración de su padre y a mi también me hace adorarlo. —¿Se irá pronto? —pregunto tratando de sonar curiosa y no interesada. —Si, dijo que se iría la próxima semana o que quizás esté un poco más. Me gustaría tenerlo más tiempo cerca —responde mientras remueve algo en la sartén. Asiento, fingiendo indiferencia. —Seguro le encanta que lo mimes así —digo con una pequeña sonrisa. Rose ríe. —Oh, sí. Aunque jamás lo admitiría, siempre he sido yo la mimada. Mi padre puede ser muy serio, muy reservado… pero cuando algo le gusta, lo notas. Solo tienes que saber mirar. Mi corazón da un pequeño vuelco. Saber mirar. Bajo la vista hacia el paño que estoy doblando, intentando que mi expresión no me traicione. —¿Es… muy estricto? —pregunto, como quien no quiere la cosa. —Con el mundo, sí. Conmigo no tanto —responde sin dudar—. Siempre ha sido mi lugar seguro. Lugar seguro. Las palabras me rozan con una mezcla extraña de ternura y culpa. Porque yo no puedo ver al hombre que ella describe sin recordar cómo me miró. Sin recordar lo que pasó esa noche. Sin recordar cómo su voz baja cambia cuando estamos demasiado cerca. —Cuando descubrí que estaba embarazada, mi papá estuvo apoyándome, nunca me juzgó. Se que no todos los padres son así, pero temí haberlo decepcionado, quizá lo hice un poco en ese momento. Pero estuvo a mi lado —añade. Ignoro la sensación que se instala en mi pecho. Es un gran padre. ¿Será un buen hombre? Quiero decir… de que está bueno, está bueno, pero… ¿Que sucedió con la madre de Rose? Solo se que se separaron. He escuchado algo y a Rose no le gusta hablar de eso. Rose prueba la salsa y sonríe satisfecha. —Le encantará —dice orgullosa—. Siempre dice que nadie cocina como yo, aunque siento que no cocino tan bien como él. La imagino a ella de niña, buscando aprobación. A él, probablemente observándola con ese gesto contenido que intenta ocultar lo que siente. Y algo en mi pecho se aprieta. —Debe estar muy orgulloso de ti —murmuro. —Seguro que sí… —responde más suave, casi vulnerable—. Todo lo que soy… es en parte por él. Todo lo que ella es. Y yo… Yo deseo al hombre que la formó, que la protege, que ocupa el lugar más importante en su vida. Trago saliva. ¿Qué pensará ella si se entera que me gusta su padre, si supiera que me acosté con él?. —¿Alguna vez… él, quiero decir… has tenido que lidiar con algún interés amoroso de tu padre? Ella me mira pensativa y niega. —No, desde que recuerdo solo fuimos el y yo. Posiblemente ha tenido una que otra aventura. Aunque me hubiese gustado que tuviera alguien que lo acompañara, para que no esté tan solo —responde con una sonrisa. Mi corazón golpea fuerte contra mi pecho y tengo miedo de que pueda escucharlo. —Aunque supongo que él nunca quiso… —se queda en silencio. La miró con interés, esperando que prosiga. —Creo que así es mejor para él. Quizás nunca podría confiar del todo en alguien —susurró esto último pero pude escucharlo perfectamente. —Bueno… seguro disfrutará mucho la cena —digo, dando un paso atrás, si me quedo un poco más querré investigar un poco más la vida de su padre—. Debo irme. Rose me mira con calidez. Es un encanto, entiendo porque la señora Evie la adora. —Sabes que eres bienvenida aquí, ¿verdad? Asiento. Si ella supiera. Si supiera lo que ocurre cuando pienso en su padre. Si supiera cómo mi pulso se acelera al escuchar la voz de él. —Lo sé —respondo con sinceridad—. Gracias, Rose. —Hasta mañana, Nicolle. —Hasta mañana. Me despido de ella y de la pequeña Evie. Al abrir la puerta, me encuentro de frente con Alexander. Su perfume es lo primero que invade mis sentidos. Debería ser ilegal que le vendan fragancias así. Huele a algo oscuro, profundo… peligrosamente tentador. Sonrío sin poder evitarlo y dejo que mi mirada lo recorra con descaro, desde la firmeza de sus hombros hasta la seguridad con la que ocupa cada centímetro a su alrededor. Dios… quítame este apetito. —Nicolle —dice a modo de saludo. —Alexander —digo clavando mi mirada en sus ojos. —¿Ya te marchas? —pregunta. —Si, lastimosamente no podrás verme más este día. Él ríe y niega. Observa detrás de mí. —Que disfrutes —murmuro y paso a su lado, rozando su brazo. Una corriente me recorre cuando lo hago. Creo que he empezado a soñar como si fuera una cría, pero todo esto es nuevo. Y me gusta tanto como me asusta. Alexander Toda la tarde no dejé de pensar en ella, incluso tuve que recurrir a una maldita ducha fría. Imaginaba que la vería de nuevo. Que cuando llegara a casa de mi hija ella estaría con Evie o que quizás estaría ayudando a mi hija a poner la mesa. Era lo que pensaba cuando al llegar a la propiedad recibí una llamada. —Hola ¿Qué tal va tu día? —pregunta la voz del otro lado. —Hola, muy bien. ¿Cómo estás? —me quedé de pie observando la casa de mi hija. —Bien. ¿Has hablado con ella ya? No es que quiera presionarte, pero… —Lo entiendo, no te preocupes —me paso la mano por el rostro. —Mi vuelo sale hasta el próximo fin de semana. Aún tienes muchos días. Tengo suficientes y aún así sé que no bastarán. Que hay algo que no planeé. —¿Estás seguro que quieres que vaya? —inquiere. —Si, te harán bien unos días de descanso —respondo—. Hablamos luego, estoy por cenar con ella. —Está bien. No te olvides de llamarme, cuídate. —No lo olvidaré, cuídate. Corta la llamada y camino hasta la entrada sin dejar la pantalla y justo cuando guardo el móvil es que me topo con Nicolle que va de salida. Su mirada me recorre y siento algo encenderse dentro de mi por su forma de mirarme. Ella solo me desea. Me repito. No puedo dejar que el deseo me gané. No puedo caer de nuevo con ella, por más que deseé tenerla de nuevo. Pero estoy seguro de que ella cambiará mis planes de una u otra forma.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR