| Es mi ex |

1222 Palabras
Capítulo 11 Alexander No sé me impulsó a venir a casa de mi hija, sabía que ella no estaría, sabía que no habría nadie más que mi nieta y su niñera, que es Nicolle. Lo sabía porque ya había hablado con Rose y me lo había dicho. Me invitó a cenar está noche y aún así yo decidí venir por la mañana. ¿Por qué decidí venir por la mañana? La mujer que se contonea de forma natural frente a mí es mi única respuesta por ahora. No hay otra, por más que quisiera negarlo. Nicolle va de un lado a otro acomodando las cosas en la mesa, por más que trato de evitarlo no puedo dejar de mirarla, no sé si lo hace para provocarme o simplemente es algo que debe de hacer, porque cuando se inclina para acomodar los cubiertos me es imposible apartar la mirada de su trasero. Joder. —Ven aquí preciosa —toma a Evie en brazos y la acomoda en su silla. La trata con tanto cariño y la pequeña Evie parece muy cómoda con ella. Le lava las manos y le pone un plato frente a ella, la comida parece estar a la temperatura correcta para que Evie pueda comerla. —Puedes acomodarte ya —me dice y se va hacia la cocina. He sido un idiota que solo se le ha quedado mirando todo el rato sin siquiera ser capaz de ofrecerle mi ayuda. Aunque a ella parece no importarle eso, podría asegurar que era eso lo que buscaba, atrapar mi atención. —Aquí está —susurra detrás de mi. Se inclina a mi lado para servirme la comida, su aroma es lo primero que me atrapa, me embriaga, su cercanía enciende ese deseo que no debería de sentir. No por ella. —Espero te guste —su aliento roza mi mejilla. Trago con dificultad. Dios, fue mala idea venir a esta casa. —Gracias —digo cuando encuentro mi voz. Ella sonríe y se sienta justo frente a mí. Debí imaginarlo cuando la silla de Evie estaba colocada justo frente a la mía. Nicolle se sienta con una naturalidad impecable, como si no tuviera conciencia del efecto que provoca. Como si no supiera que cada pequeño gesto suyo altera el equilibrio que intento sostener. Toma la cuchara y sopla suavemente la comida de Evie antes de llevarla a su boca. Paciente. Dulce. Concentrada. Me remuevo incómodo, no debería sentir esto que siento al verla así. Tomo el cubierto y pruebo la comida. Me quedo congelado durante unos segundos. Esto está delicioso. No había probado algo así en años. He comido cosas deliciosas, si, pero este estofado es lo mejor que he comido. Me aclaro la garganta de nuevo antes de hablar. —Te ha quedado delicioso —le digo. Ella clava su mirada en mí y sonríe. Una sonrisa preciosa que no me molestaría ver cada día de mi vida. —Gracias, me complace que te guste. —No creí que cocinaras tan bien —murmuro. —¿Disculpa? Yo sé hacer muchas cosas bien —sus palabras tienen un doble sentido y lo capto rápidamente. Se lleva una cucharada del estofado a la boca y se relame los labios. Me está provocando. Joder, ella lo hace con tanta intención. Se vuelve a llevar la cuchara a la boca y la relame. Siento como mis pantalones me quedan apretados de repente. Necesito bajar está maldita calentura. —¿Qué tal tu fin de semana? —pregunta sin dejar de mirarme. Y si recuerdo regresa, el recuerdo de ella besando a otro hombre. Entonces mi excitación baja. —Supongo que no tan bien como a ti —respondo sin pensar. —Supones mal —dice ella limpiando la boca de Evie. —Pues yo te vi demasiado bien. —Podría decir lo mismo de ti, estabas muy bien acompañado —replica. —Tú también lo estabas. —Claro, estaba con mis amigos —sonríe con inocencia. —Los amigos no se besan en la boca —digo apretando mis manos en puños sobre la besa. Ella sigue devorando su comida como si nada pasara y dentro de mí pasa todo. —Oh sobre eso… —Creí que no tenías novio —en cuánto digo las palabras me arrepiento. —¿Algún problema con eso? —no respondo—. Andrés no es mi novio es mi ex. Vaya qué alivio. No sé si eso es mejor o peor. Se estaba besando con su ex. Y a ti no te importa, tú tienes tus propios problemas. —De todas formas no me interesa —tomo mi cubierto y finjo indiferencia. Ella termina de darle de comer a Evie. Me terminé todo el delicioso platillo. He de decir que desearía un poco más, pero debo irme. De repente siento su pie rozar mi pierna y todo mi cuerpo se tensa. Ella sigue sonriendo a mi nieta, como si lo que hizo no lo hubiera hecho a propósito. —Creo que es hora de irme —me pongo de pie y tomo el plato para llevarlo al lavado. —Deja eso, yo lo lavaré. No tienes porque hacerlo —se pone de pie y se acerca a mi para quitarme el plato antes de que pueda lavarlo. —Déjame hacerlo —le pido. —No, yo lo haré —dijo desafiante. Sus dedos rozan los míos cuando toma el plato, se acerca un poco más de lo que es debido. —Debo irme —susurro. —Despídete de Evie… Asiento pero no me alejo, su mirada baja de mis ojos a mis labios y viceversa. Estoy tratando de contenerme. —¿Aún lo piensas? —pregunta. —¿Qué cosas?. —Lo que pasó esa noche aún lo piensas —responde acercándose un poco más. Ella se está adueñando de mi aire porque no me llega completo a los pulmones. —No —respondo más firme de lo que me siento—. Los errores se olvidan, por eso ya no pienso en esa noche —miento. Puedo ver cómo su mirada cambia por segundo, como sus hombros caen y se ve pequeña frente a mí. —Estás mintiendo, si no, no te afectará mi cercanía —sonríe traviesa, levanta una de sus manos para acariciar mi pecho y me alejo antes de que pueda hacerlo. —¿A qué estás jugando?. —¿Jugando? Ni siquiera ha empezado mi juego —murmura. Respiro con dificultad. Antes de que ella pueda acercarse de nuevo Evie balbucea. Nicolle se gira para comprobar que esté bien, pero Evie ya no quiere la silla. Ella se aleja de mí para ir con mi nieta. La sostiene en sus brazos con tanto amor, le besa la mejilla y yo me quedo embelesado viéndolas. Se ve hermosa con Evie en brazos. En ese momento recuerdo lo que debería ser mi mayor impedimento para acercarme a ella de la manera en la que nos acercamos esa noche. Esa bebé que ella carga es mi nieta. Nicolle debe tener más o menos la edad de mi hija y yo no puedo verla con deseo. Nicolle no puede gustarme, pero lo cierto es que lo hace. No soy para ella y pensar en eso me produce una punzada en el pecho. Que pronto será gigante…
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