| Lo que quiero |

1660 Palabras
Capítulo 9 Nicolle Los labios de Andrés se mueven con urgencia, su mano firme en mi cintura, su respiración mezclándose con la mía. La música vibra alrededor, las luces giran, el mundo sigue… pero dentro de mí algo está desconectado. Intento sentirlo. Intento perderme. Intento que su boca despierte lo que la de Alexander encendió aquella noche. Pero no es el mismo fuego. No es el mismo vértigo. No es esa electricidad que me desarma. Él nunca me ha hecho sentir eso y por eso Alex es tan diferente para mí. Sientes solo deseo, me repito una vez más. Andrés profundiza más el beso, creyendo que estoy dentro del momento. Y entonces entiendo algo brutal, no estoy besándolo a él. Estoy besando a Alexander a través de otro hombre. Qué cruel. Me separo apenas, lo suficiente para respirar. Andrés no lo nota de inmediato. Su frente roza la mía. —Nic… —susurra. Pero yo ya no estoy ahí. Mis ojos vuelven al segundo nivel. Alexander no aparta la mirada. Su mandíbula está tensa, sus dedos cerrados alrededor de la copa con demasiada fuerza. Una de las mujeres a su lado le habla, pero él no responde. Solo me mira. Y no hay nada más devastador que esa distancia. Pero hay algo más oscuro en esa mirada. Más contenido. Más peligroso. Celos. Mi pecho se aprieta. Me separo completamente de Andrés. —Lo siento —murmuro. Él me mira confundido. —¿Qué pasó? Nada. Y todo. —Necesito aire. Salgo de la pista sin mirar atrás, pero siento esa mirada siguiéndome hasta que desaparezco entre la gente. Y mientras camino hacia la salida, una verdad me quema por dentro. No quiero que me bese otro hombre. Quiero que él pierda el control. El aire frío de la noche me recibe, cierro los ojos. Mi pecho sube y baja con rapidez. Andrés vendrá en cualquier momento. No me dejara sola, lo sé. No entiendo por qué me besó, debo mantener mi distancia. Ni siquiera debería de haber seguido junto a él sabiendo que me quiere. Pero acepte esa amistad porque sé que aunque me quiera no se atrevería a ir más allá. Porque después de todo no se enfrentaría a su madre por mí. Al menos eso creo. Alexander He pasado parte de la semana en casa. He hablado con Rose por teléfono, me contó lo feliz que estaba después de su boda. No hizo muchas preguntas sobre el por qué me fui sin despedirme el día de su boda. Le dije que estaba cansado y que me perdonara por no haberme despedido. Se molestó un poco porque creyó que ese cansancio falso era debido a la noche que habíamos tenido, Ryan, mi yerno y yo. Quizás si estuve un poco cansado después de esa noche, pero en cuanto estuve con Nicolle todo mi cansancio se disipó y solo quise aún más energías para disfrutar de ella y de su cuerpo. Mentiría si dijera que no pienso en ella, lo hago siempre. Y eso me molesta porque no quiero pensar en ella, no debo hacerlo. Pero la imagino, besándome, su cuerpo junto al mío como aquella noche, desnudo, caliente, perfecto. Está noche decidí salir junto a Ryan, es un buen tipo. Me agrada, aunque parece que a mí hija no. Dice que es una mala influencia. Para mí es una buena compañía como amigo. Ryan me trae una copa y se sienta a mi lado. Dos chicas nos acompañan está noche, pero mi atención es atraída rápidamente por la mujer en la que no debo pensar. Ella está cerca de la pista de baile junto a un grupo de chicos, bebiendo. Reconozco a uno de ellos, es el que estaba en la boda a su lado. ¿Tendrán algo?. Niego. A mi que me importa si tienen algo, no debe de importarme. Debo cumplir mi promesa y dejar de pensar en ella de una vez por todas. Se está metiendo demasiado en mi cabeza. La veo bailar junto a ese hombre, muy pegada a él, su cuerpo roza el suyo. Mi cuerpo se tensa, ignoro lo que Ryan habla, ignoro el toque de la chica a mi lado. Aprieto el vaso en mi mano, siento que mis dientes crujen cuando los aprieto de más. La veo besar a otro hombre. Y me quedo inmóvil, veo la imagen con incredulidad. Ryan dice algo a mi lado, no escucho. Una de las mujeres me toca el brazo. No reacciono. Solo la veo a ella. Algo arde en mi pecho, algo que no había sentido antes y que no debería de estar sintiendo. La deseé, la tuve y ni siquiera debió pasar eso. Pero lo que provocó en mi fue más fuerte. Eso debería de haber sido todo. Pero temo que lo que siento no es simple deseo. Es algo mucho más primitivo. Mi mandíbula se tensa cuando ese imbécil la aprieta contra su cuerpo. Cuando la besa como si tuviera derecho. Y lo peor… Lo peor es que por un segundo pienso que ella le responde de verdad. El pensamiento me golpea en el estómago. No tengo ningún derecho a sentir esto. Ninguno. No debería de sentirlo. Yo… Yo fui quien dijo que fue un error. Yo soy el que ya ha elegido. Entonces, ¿por qué me arde el pecho? Cuando ella levanta la mirada y nuestros ojos se encuentran, todo el ruido desaparece. Ahí está, su labial corrido y no por mí culpa. Aprieto la copa hasta que casi cruje en mi mano. Desearía ir por ella. Pero no lo haré, porque si lo hago no me detendré. Y si no me detengo, no habrá vuelta atrás. No quiero ser un hombre que aún no sabe lo que quiere y yo ya he decidió que quiero, pero ella ha aparecido y me ha hecho dudar de su realmente eso es lo que quiero. Cuando la veo salir del lugar, cuando desaparece entre la multitud… Algo dentro de mí se rompe, no entiendo por qué. Y por primera vez desde esa noche, dejo de preguntarme si fue un error. Empiezo a preguntarme cuánto tiempo más podré fingir que aquella noche no pasó. Cuánto tiempo tardaré en romper mi promesa de nuevo y con la misma mujer. Cuando pasan unos minutos y no la veo entrar tengo el impulso de ir tras ella y saber si está afuera o se ha marchado. También tengo la duda del porqué salió de esa manera después de que ese hombre la besó. Creo que no son nada. Haciendo caso a mis impulsos me pongo de pie, le digo a Ryan que saldré un momento y dejo a la mujer sola. Camino hasta la salida y cuando veo su espalda descubierta, me detengo, la observo en silencio a la distancia. Su vestido le queda ajustado, perfecto para ella y sus curvas. Su cabello se mueve un poco con la brisa. Mi corazón se acelera cuando pienso en acercarme y antes de que pueda hacerlo el tipo ese pasa a mi lado y se acerca a ella. Aprieto mis manos en puños y no me queda más que volver dentro. No sé qué diablos he estado a punto de hacer. Nicolle Escucho pasos tras de mí y una mínima esperanza tonta se disipa cuando siento su aroma. —¿Estás bien? —pregunta Andrés a mi lado. —Si, solo quería un poco de aire. No deberías de haber salido. Ve a disfrutar la noche —le digo levantando mi mirada hacia él. —¿No vas a regresar?. Niego. —¿Qué ocurre? ¿No te gustó mi beso? Podemos repetirlo si quieres. Le doy un codazo juguetona. —No seas idiota Andrés, creo que no debí aceptar venir aquí contigo. —¿Por qué?. —Porque me parece que no entiendes que entre tu y yo no habrá nada. No quiero ser grosera, ya te he dicho que eres un gran chico, pero… —Lo se Nicolle. No sé a qué le temes tanto —replica. —No le temo a nada, eres diferente y yo también. A tu madre le daría un infarto si algún día le dijeras que te quieres casar conmigo —suelto una risa y él me acompaña—. Además no se trata solo de eso. —Te he repetido muchas veces que podemos intentarlo. —Ya lo hicimos unas vez. No quiero vivir mi vida con un suegra que me diga que es lo que aprueba o no aprueba de mi. No debes de besarme más Andrés. No quiero que te confundas. Suelta un suspiro y eleva su mirada al cielo. —Desearía que lo intentaras solo una vez más y que dejes de pensar en todo eso —murmura. —Eres un cabezota. Entiende lo que te digo. —Joder lo entiendo, pero está parte de mi no lo hace —dice alterado mientras se toca el pecho. —Siempre te he dejado claro que no funcionara, que no estaré contigo porque yo no siento lo mismo que tú —levanto la voz. Andres tiene su ceño fruncido. Resopla y se aleja de mí. —Hiciste que te quisiera, hiciste que… Joder, joder. —Si hice algo no lo hice con intención. Solo acepté conocerte. Y creo que es mejor que dejemos está conversación porque está muy alterado, tomaré un taxi —le digo. —Yo te llevo. —No, no quiero que lo hagas. No quiero que pienses que sigo haciendo que me quieras —escupo. —Nicolle —se acerca y toma mi mano. Me suelto de su agarre. —Hablaremos otro día. —Lo siento, por favor déjame llevarte —insiste. —No y no insistas que no aceptaré. Nos vemos otro día. Hasta luego Andrés. Me doy la vuelta y caminó hasta la calle. Busco un taxi, no veo ninguno, me abrazo a mi misma. Siento frío, siento muchas cosas. Necesito ir a casa.
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