Meses antes... — Te juro que lo veo y no lo creo. — Esa fue mi reacción cuando la vi. — Si sacamos su color de cabello, y sus ojos raros, la recuperaríamos al instante. — Lo sé, cariño. Lo sé. La mujer le apartó un mechón de cabello a la joven acostada en una camilla de hospital. Sus piernas estaban sujetas con blindas de cuero marrón, al igual que sus brazos. La mujer de cabello rubio y de ojos rojos la examinó detenidamente. Estaba pálida, y profundamente adormecida. No tenía vida en su rostro, ni siquiera su raro color manzana que recordaba. Tenía demasiada anestesia inyectada, como para dormir a un rinoceronte por horas. Pero cuando lograba despertar, demostraba su furia. Demostraba lo fuerte que podía ser. Tenían que apresurarse siempre para dormirla nuevamente, ya que si se l

