Estábamos tumbados en la cama, él tenia la cabeza apoyada en mi regazo, y su respiración chocaba contra mi muslo. Acariciaba su mechones castaños, y su barba de tres días me hacia cosquilla en la piel. Teníamos la mirada perdida, y hasta pensé que él se había quedado dormido, pero continuaba despierto. Miré hacia el ropero, recordando que había algo allí abajo que me pedía a gritos la atención, pero estaba tan mareada, tan entristecida, que no fui capaz de levantarme para ir a ver y sacarme la duda. Cuida a tu madre y a Fred, nunca los dejes solos,me había dicho papá en una visita que le hice cuando se encontraba en prisión, y cuídate a ti misma, yo te protegeré desde aquí. Nunca olvides que te quiero ¿sí? Una lágrima cayó, evadiéndome con aquel recuerdo. Sus palabras ahora eran vacías

