—Lo siento, no pretendía asustarte —dijo Noah—. La puerta estaba abierta. Toqué, pero no respondiste, así que entré. ¿En qué estás tan concentrada? ¿Puedo verlo? —Me tomó un momento calmar mi corazón frenético mientras le entregaba el diario. Frunció el ceño, hojeando las páginas antes de sonreír con sarcasmo, probablemente por el gracioso dibujo que hizo Cora—. ¿Cora te lo dio? —preguntó. —Sí y eso... —agregué, señalando la pila de libros en mi cama. —Hmm —murmuró, devolviendo el diario, y de alguna manera no me gustó la mirada en sus ojos. Estaba planeando algo, sus ojos grises clavados en mí de una manera que no me gustaba del todo—. Bueno, espero que no te importe ser interrumpida un poco porque voy a mostrarte algo —añadió después de un momento—. Vamos, vamos. —¿Ahora? —pregunté.

