Abro mis ojos y esta todo escuro, mi cuerpo duele como si me hubieran dado una paliza y mi cabeza también, eso ha de ser por lo que pusieron en mi nariz, intento mover mis manos, pero no puedo, al parecer estoy esposada y encima con cadenas sujetas a las esposas.
—No puede ser — susurro en un hilo de voz
En ese momento se abre una puerta y veo por la luz que proviene de esa, que alguien se está acercando, por lo que veo es un hombre, muy alto y musculoso. Al llegar a mi jala de una cadena que cuelga del techo y se enciende una luz que me encandila
—Hola princesa — me dijo
—Ho...hola — contesto con la voz temblorosa
—Oh ¿la señorita tiene modales? — se burló y me mostro una sonrisa ladina
—Claro, digno de una princesa — le dije, esta vez con la voz un poco más clara, no quería demostrarle el miedo que estaba sintiendo
—Aparte de modales ¿te haces la lista? — me dijo
Y no sé por qué carajos, pero me dio una bofetada, que me hizo arder la mejilla, luego me tomó del mentón con dos dedos y subió mi cabeza para que lo mirara y continuó
—Ahora me vas a decir ¿dónde está tu hermano? — su pregunta me dejo atónita, no sabía de qué carajos hablaba
—¿Que dices? Mi hermano está muerto maldito — dije intentando no llorar
—No te hagas la tonta bonita — me dice
—En primer lugar, no tienes derecho a llamarme bonita y en segundo, mi hermano está bajo tierra imbe… —
No me dejo terminar de hablar, ya que me dio otra bofetada y esta vino aún más fuerte.
—Muy bien niña, si sigues haciéndote la lista no duraras mucho — dijo — Veamos si cuando te mate seguirás haciéndote la lista — amenazó
Después de decir eso se marchó, dejándome en oscuridad de nuevo, en cuanto cerró la puerta mis lágrimas comenzaron a caer, no quería mostrarme débil delante de ese tipo. Cuando tenía unos 16 años mi hermano me dio clases de cómo debería actuar si era secuestrada, en ese momento me pareció estúpido, pero en este no, me dijo que, en caso de tener esposas, las manos tienen un truco para salirse de ellas sin necesitar la llave, y que otra manera era utilizar una horquilla de pelo.
Sin pensarlo dos veces empiezo a mover mis manos en círculos para sacarlas de las esposas, debo confesar que esto duele mucho, las esposas no están muy apretadas, así que después de unos cinco intentos lo logro, aprieto mis dientes cuando un gemido alto de dolor sale desde el fondo de mi garganta, mis muñecas sangran y mis lagrimas caen como cascadas de mi ojos, esto duele demasiado, las lastime un poco por el jalón que le di, siempre llevo horquillas en mi pelo, como no es tan largo y me pasa un poco los hombros, a veces suele ser molesto.
Tomo una horquilla y la estiró por completo, luego le doblo una parte, para poder formar un tipo de "llave", después de hacer eso, sigo con las esposas que tengo en los pies, luego de unos cuantos intentos logro abrirlas, eso fue más difícil de lo que creía. Me levanto y busco en la oscuridad la cadena de la luz, hasta que al fin la encuentro, después de encender la luz me pongo a revisar el lugar, sé que nadie sería tan estúpido de dejar un arma aquí, menos sabiendo que va a traer a alguien y lo tendrá secuestrado aquí, pero de todas formas no me rindo, abro una puerta de un mueble viejo que hay y encuentro una botella de vidrio dentro.
—Esto me va a servir — me susurro
Mis ojos recorrieron el lugar por completo, no había un lugar preciso donde podría llegar a esconderme, pero de todas formas encontré algo parecido a eso, al menos, podría llegar a mantenerme oculta, luego de caminar hasta la cadena que encendía y apagaba la luz, halar de ella y que se hiciera la oscuridad nuevamente, caminé con pasos cuidadosos hasta el lugar que había elegido y allí me senté en el suelo frío a esperar que alguien bajara.
—Que estúpida, ¿cómo es que vengo a parar en esta situación?, ¿me estarán buscando? ¿Kai me estas buscando? — digo y me largo a llorar de nuevo
En este mismo momento, me doy cuenta en la situación en la que me encuentro, casi seguro que estoy en algún lugar remoto, en algún lado de este país el cual no conozco, ¿y si me sacaron del país? ¡Ay, Dios! me muero si eso paso, ahora si no me encuentran más. Me sentí nerviosa eh intranquila, más si seguía llevando esa clase de pensamientos a mi mente, mis miedos aumentarían, eso no era algo bueno para mí.
La puerta se abre sacándome de mis pensamientos y haciéndome reaccionar, mis manos empiezan a temblar del miedo; La persona baja las escaleras, al parecer es un sótano en donde me tienen, por las luces de la puerta puedo notar que no es el mismo tipo de antes, eso quiere decir que son muchos, sigo en el mismo lugar, no me he movido, el mismo miedo hizo que me olvidara hasta de respirar.
—oh niña — exclamo en forma de burla — ¿Dónde te escondes? — soltó una risita
Espere a que se adelantará lo suficiente, en cuanto me dio la espalda me levante y corrí, cuando sintió mis pasos se dio la vuelta pero yo impacte el fondo de la botella en su frente, haciéndolo tambalearse y gruñir, no sé si de ira o de dolor, después de eso solo pensé en salir de allí, así que comencé a correr, cuando iba a mitad de escalera el maldito me jalo del pie, haciéndome caer, sentí un dolor desgarrador en mi pierna al impactar contra el escalón, justamente en mi rodilla, para ser exacta. Eso no me detuvo, con la otra pierna le di una patada en la frente de nuevo, pero el maldito ni se mutó, ¿qué es de fierro?, no podía levantarme del dolor en mi rodilla, él se acercó a mí y me tomó del pelo, levantándome de un jalón y me aventó contra la pared con toda la fuerza que traía encima al parecer, me hizo rodar escalera abajo, quedé tendida en el suelo por el impacto, luego me tomó del brazo y me arrastró hasta el lugar en donde estaban las cadenas, volvió a atarme pero esta vez sin esposas, envolvió las cadena en mis manos, poniéndolas hacia atrás y las sujeto con algo, no sé con qué.
Sentí como la sangre de mi frente corría por mi cara hasta llegar a mi pecho y mi vista se nublaba.
[…]
No sé muy bien cuantos días llevo aquí, pero según las veces que entraron a alimentarme, que debo confesar, no fueron muchas, llevó como tres días encerrada en este maldito sótano. No he probado bocado alguno, ni siquiera agua, prefiero morir antes que comer de su comida, muero de sed, no tengo fuerzas para nada, ya me he orinado encime y si lo sé es asqueroso, pero no podía aguantar ni un minuto más, así y todo, sin fuerzas como estoy, las lágrimas de todas maneras salen, como si se gobernarán, no quiero llorar, no quiero mostrarme débil porque es lo que ellos quieren y no se los voy a permitir.
Siento que la puerta se abre y unos pasos dirigirse hacia mí, es él, el mismo hombre que vi cuando desperté en este lugar.
—Hola princesa te veo de nuevo, por cierto, que mal te vez — habló
Hice caso omiso a sus palabras, no respondí y tampoco lo miré.
—Por lo visto se te fue lo altanera y lo lista — se burló
Me reí de lado y le respondí como si de verdad estuviese buscando mi muerte.
—Sigo siéndolo, por eso sé que no debo gastar saliva con un idiota como tu — dije despectiva
Sentí como su puño impactaba en medio de mi boca, y el sabor de la sangre que salía de mi labio, ya estoy harta de que me golpeen, así que levante la cabeza y escupí su cara, pase mi lengua por mis labios al ver la sangre en su cara, porque si, la saliva de mi boca había salido sucia con la sangre de mis labios.
Se limpio la cara con un pañuelo y me mostró una sonrisa de lado que no acompañaba a sus ojos, aquellos mostraban furia total, me tembló hasta el corazón en ese momento, hasta aquí llegué, me dije mentalmente.
—¡MALDITA PERRA! — gritó y me arrojó el agua que me traía junto con la comida
—Gracias de verdad lo necesitaba — sí, de verdad deseaba morir
En ese momento soné valiente, pero en realidad me temblaba todo el cuerpo. Aquellas palabras lo hicieron enfurecer aún más, su mano agarro mi pelo y me dio la nuca contra la pared, de verdad eso se sintió horrible, fue un dolor inmenso, mi vista comenzó a nublarse y mis oídos emitieron un pitido ensordecedor, pero no me desmaye, aunque siento muy liviano mi cuerpo.
Solté un suspiro cuando lo vi ponerse de pie nuevamente, no me estrese en levantar la cabeza para poder verlo, quizá y aquello empeoraba el mareo que tenía y quizás ahí si me desmayaría, sentí sus pasos alejarse, para ese entonces ya podía ver su figura completa siendo iluminada por la luz que ingresaba por la puerta, mordí mi labio con miedo cuando lo vi girarse, pero entonces el no regreso hacia mí, solo me hablo en un tono tan neutro, que me causo escalofríos.
—En 15 minutos volveré para que hables de una maldita ves, si no lo haces, date por muerta
Luego de eso, subió las escaleras y se fue cerrando la puerta tras él.
Estos días me han estado preguntando que donde está mi hermano, y lo único que ha salido de mi boca es pura verdad, él está muerto yo estuve en su velorio y entierro.
[…]
Ya han pasado como treinta minutos, y no ha bajado aun, se escucharon unos ruidos extraños y voces, no sé qué sucede ahí arriba, pero algo bueno no es, ya que los ruidos que escucho son estruendos, como si estuviesen dando algo contra los muros de donde sea que me encuentre.
De pronto escucho que la puerta se abre, no logro ver bien, estoy a punto de desmayo por el maldito golpe, lo único que oigo es una voz que pronuncia mi nombre, esa voz, mis lágrimas empiezan a caer solas, y una tranquilidad invade mi cuerpo, en este momento puedo morir tranquila.
—Bleir, pequeña ¿estas bien? Por favor dime que lo estas
—Kai
Su nombre fue lo único que pude soltar antes de caer en la inconciencia.