Mis nervios a flor de piel mantienen mi cuerpo bajo un temblor convulsivo que no permite pensar con claridad, Marcelo a mi lado me consuela mientras nuestras familias conversan un poco aparte dándonos algo de espacio en los que logro calmarme. Observó a mi novio tratando de decirle cualquier cosa, pero a pesar de que abro y cierro la boca ninguna palabra sale de ella. Sus fuertes brazos me rodean y me reconfortan, me dan la seguridad de que confía en mí y que nada de lo que acaba de ocurrir dañará lo que tenemos. —No tienes que contarme nada, ese malnacido es parte de tu pasado y no me interesa saber quién es, pero si vuelve no voy a detenerme —susurra en mi oído. —Gracias —musito al fin. Aunque no sé porque le agradezco realmente, solo sé que no quiero que Santiago arruine lo nuestro.

