La noche se hace corta y poca cosa ante la inmensidad de todo lo que sus besos producen en mi interior, esta vez no es la lujuria, ni el placer, ni la locura quienes determinan nuestros movimientos, no, esta vez, es algo mucho más celestial, es la necesidad de anclar en un puerto seguro y construir a orillas del universo una vida de entera entrega. Me sumerjo en su compañía hasta las profundidades del infinito y me elevo hasta la máxima expresión de lo que significa estar con alguien que entiende mi mundo y jura en cada roce de piel borrar para siempre la tristeza de mi vida. Ambos gritamos creando una mezcla perfecta entre gemidos y respiración entrecortada cuando al fin alcanzamos el desenlace de la perfecta unión. Me quedo allí, parada en el limbo en medio de mis miedos y la oportunida

